Actualidad

El matrimonio gay

Gustavo Valle: donde intervienen los dogmas (y la gazmoñería) todo se hace extremo, todo se hipersensibiliza, todo cobra un color de discusión bizantina.

Por Gustavo Valle | 27 de mayo, 2010

No entiendo cuál es el problema contra el matrimonio homosexual. Yo, que soy un marido heterosexual reincidente, casado en segundas nupcias y padre de un hijo, creyente confeso del pacto laico que supone la convivencia y el ejercicio de ciertos de deberes y derechos de pareja y de familia, sencillamente no lo entiendo.

En muchos casos, el rechazo proviene de feroces colectivos religiosos que enarbolan banderas dogmáticas, cuyos discursos contienen más gazmoñería que argumentos. Y como ya sabemos, donde intervienen los dogmas (y la gazmoñería) todo se hace extremo, todo se hipersensibiliza, todo cobra un color de discusión bizantina.

En otros casos el rechazo proviene de ciertas ideologías anquilosadas, tanto de derecha como de izquierda. Se suelen citar las vergonzosas experiencias homofóbicas de las URSS, de la China comunista y de Cuba, así como también los gobiernos de ultraconservadores partidos de derecha, apoyados fuertemente por la iglesia católica. En ambos casos, y desde orillas opuestas, el rechazo ha sido el mismo.

Así, una izquierda rancia, una derecha senil y ciertos colectivos religiosos se ocupan de frenar este y otros avances en materia de derechos civiles y de libertades individuales. Incluso hay quienes, sin ser demasiado religiosos ni políticamente fanatizados, también se resisten a estos temas. Se trata de los “mesurados”, un universo poblacional más bien conservador que suelen ser demasiado circunspecto y casi siempre influyente. Y por último, existe otro colectivo que sorprende por su originalidad; lo integran quienes, siendo heterosexuales, no creen en la figura del matrimonio y se mofan de quienes luchan por obtener ese derecho.

Yo digo una cosa: si dos personas mayores de edad y del mismo sexo se aman (o creen o dicen que se aman) y desean soportarse, quizás ingenuamente, para el resto de sus vidas, no hay Dios Cristiano, Judío o Mahometano (y mucho menos institución pública alguna) que pueda impedirles efectuar esa unión por medio de un pacto legal. Un pacto que incluya los mismos deberes y derechos que amparan a los matrimonios heterosexuales.

Hay quienes alegan que este tipo de matrimonio destruye la institución familiar. Pero al decir esto no advierten que esa destrucción comenzó hace mucho tiempo atrás, mucho antes de que los gays y lesbianas salieran a las calles. Como mínimo, desde que Caín le dio aquella memorable pedrada a su pobre hermano, o desde que Edipo se arrancó los ojos por las razones que ya todos conocen. Eso sin contar con los récords de divorcios y los concubinatos voluntarios que desde hace tiempo integran nuestro catálogo cultural. De modo que la familia nació en medio de amenazas, grietas, sospechas y carencias. Y todo eso la persigue a diario pues, como toda institución, lucha por su propia sobrevivencia, y su fortaleza no será dada por quienes vigilan su pureza sino por la capacidad (y flexibilidad) que esta tenga para sortear obstáculos que le permitan, antes que destruirse, adaptarse.

Todo esto lo digo pues en Argentina acaba de ser aprobado en la Cámara de Diputados (125 votos a favor, 109 en contra) el proyecto de la llamada Ley de la Igualdad, que daría el visto bueno al matrimonio de parejas del mismo sexo con los mismos deberes y derechos del matrimonio heterosexual. Es la primera vez que un parlamento latinoamericano debate y aprueba un proyecto de ley de estas características, pese al rechazo de un importante número de sus diputados. Ahora la discusión se elevará a la Cámara del Senado, y veremos en junio cómo termina todo esto.

Por supuesto el tema más peliagudo es el relativo a las adopciones. En este punto existen divergencias de todo tipo. Yo, en lo particular, no veo ningún problema con las adopciones de hijos por parte de matrimonios homosexuales, siempre y cuando este proceso se haga dentro de un marco legal que proteja al niño. Es decir, la misma exigencia que uno le haría a un matrimonio heterosexual. Muchos se escandalizan y se llevan las manos a la cabeza al pensar qué tipo de daño social le estamos infligiendo a un niño criado en un hogar de estas características. Pues bien, yo me pregunto qué tipo de daño social, físico y psíquico, muchas veces irreversible, le estamos dando a un niño de la calle, abandonado por sus padres, por la sociedad y por las instituciones. Eso sin contar con los que viven en hogares heterosexuales violentos (millones, sin duda), o en esas escuelas del delito que son los orfanatorios Quienes se oponen a que esos niños sin hogares sean adoptados por matrimonios homosexuales deberían, antes que oponerse, adoptarlos ellos mismos. “Un niño necesita amor, no abstracciones”, dice Edurne Uriarte, citada por Mario Vargas Llosa en un artículo ya famoso*. No ver esto es tapar el sol con un dedo. La hipocresía suele aflorar en este punto. Por supuesto el tema es complejo y hay casos lamentables, como el de aquel niño norteamericano, hijo de matrimonio homosexual que, al no soportar la presión social, decidió suicidarse. En un caso como este se suele apuntar a los padres como responsables a la sombra, pero habría que apuntar a cierto sector de la sociedad que se toma la ley del Talión por mano propia y actúa. Nada más parecido a un linchamiento. Y los linchamientos, lamentablemente, todavía los justificamos.

En Argentina, como en muchos otros sitios, la ley de adopción no pregunta expresamente si el adoptante es heterosexual u homosexual, de modo que en la realidad existen infinidad de niños que habitan dentro de familias o ambientes homosexuales. Esta ley, pues, vendría a otorgar derechos y deberes a estas nuevas formas de agrupación familiar que hoy lucen, desde el punto de vista legal, en situación clandestina. Recomiendo leer la estremecedora carta de una lectora del diario La Nación, publicada hace poco en el mismo diario: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1261391. Allí se puede ver con claridad cómo la falta de una ley de estas características puede causar una tragedia familiar, con muerte y traumáticas separaciones incluidas.

Estoy hablando, pues, y esto es bueno aclararlo, del matrimonio visto como un acto republicano, jurídico, que pasa por tribunales y notarías y que son pactos por escrito que llevan sellos y firmas de empleados públicos. No hablo del matrimonio religioso, cuyas normas y leyes cada rito establece y cada seguidor es libre de obedecer. Lo que está en discusión es un asunto de la sociedad laica, algo que atañe a los derechos individuales y por lo tanto a la libertad jurídica de cada quien.

Gisela Kozak, intelectual comprometida con estas y otras causas, lo dijo claramente en un artículo publicado hace poco en el diario Tal Cual: “impedir el matrimonio o las uniones legales entre dos hombres o dos mujeres constituye una grosera discriminación”. Y concluye que “el matrimonio entre homosexuales y lesbianas es un derecho escamoteado”.

En Venezuela aún falta deslastrarnos de muchos prejuicios estériles que han ralentizado nuestra auténtica llegada a la modernidad. Entre los líderes que nos han tocado en suerte (cabezas duras, fanáticos, indolentes) y ciertos sectores de la sociedad anclados en conservadurismos inexplicables, todavía parece lejos el día –ojalá me equivoque– en que este tipo de discusiones se hagan sin provocar desmayos o infartos al miocardio.

Creo, por último, que no se trata de un asunto exclusivo de la militancia de gays y lesbianas. Lo lógico es que los heterosexuales también apoyemos esta o cualquier otra iniciativa que tenga como objeto la ampliación de la libertad y los derechos de las personas.

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* http://www.elpais.com/articulo/opinion/matrimonio/gay/elpporopi/20050626elpepiopi_7/Tes

** Foto: Producciones Y Milagros Agrupación Feminista

Gustavo Valle Autor de los libros "Materia de otro mundo" (2003), "Ciudad imaginaria" (2006), "La paradoja de Itaca" (2005), "Bajo tierra" (2009) y "El país del escritor" (2013). Ganó la III Bienal de Novela Adriano González León y el Premio de la Crítica.

Comentarios (31)

Ivan Useche
27 de mayo, 2010

Excelente artículo que expone una de las necesidades más apremiantes para una sociedad que se autodenomine democrática, puesto que se estaría vulnerando la universalidad del estamento jurídico y una flagrante afrenta contra la libertad y la propiedad. Numerosos casos -bastante lamentables- en que por no gozar de “estatus jurídico- parejas homosexuales no pueden suscribir acuerdos de herencias. Ojalá y este país se desintoxique de la polarización dogmática que nos agobia y avancemos en sintonía con las sociedades más civilizadas que han garantizado los derechos a todos los ciudadanos sin distinción de cualquier tipo.

Paperback Writer
27 de mayo, 2010

Expone usted puntos muy ciertos acerca de la “destrucción ” de la sociedad tradicional, sin embargo -a mi parecer- resulta mucho más destructivo dar impulso a otro tipo de conductas. Siendo objetivo, y reconociendo que no son todos, pero sí la gran mayoría..¿qué es lo que vemos reflejado, por ejemplo, en las grandes marchas por defender el llamado orgullo gay? La gran mayoría de las veces (y repito no todos, pero si la mayoría), hombres y mujeres semidesnudos que sólo buscan la manera de llamar la atención y exponer conductas que perturba el orden y el estado de las cosas. Creo que es algo que no se puede negar. Con esto no quiero decir que las personas no tengan el derecho de llevar sus vidas como lo deseen. Dios nos libre de cuando no podamos hacerlo. Pero sí estamos obligados, por mera decencia, a hacerlo sin agregar más descomposición a una sociedad que de por sí ya está llena de vicios, como la delincuencia y la drogadicción, por sólo nombrar algunos. Sin querer ser ofensivo, y aunque muchos se ofenderán, la homosexualidad es una conducta anormal. Aceptable en la sociedad, pero anormal. Y remito la definición del término para que se entienda: “Anormal: Que se halla fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes.” Estoy de acuerdo con el comentario anterior, cuando el señor expone que debemos ser como “las sociedades más civilizadas que han garantizado los derechos a todos los ciudadanos sin distinción de cualquier tipo”. Claro que sí! Pero ojo, con decencia. Que dos personas del mismo sexo quieran compartir responsabilidades legales, muy bien, ¿por qué no? Sin embargo no pienso lo mismo de la adopción. Claro que ese es otro tema de amplio debate. En fin, y en criollo…sea gay…ok…. pero sea decente!

Octavio
27 de mayo, 2010

Muy buen artículo: está escrito en un lenguaje claro y va al meollo del asunto sin dramatismos ni exageraciones. El tema de la igualdad ante la ley es un tema laico. El que tenga dioses, o se considere portavoz de alguno, que discuta si su religión permitiría o no unirse a dos personas del mismo sexo en nombre el amor, pero que no interfiera en la libertades ciudadanas de nadie.

Al señor o señora anónimo (a) “Paperback Writer” que firma el comentario anterior, le pediría que revise sus conceptos de normalidad y decencia. Probablemente necesite entenderlo y hacérselo entender a muchos de su misma creencia, que de ser la católica, ha de comenzar por su jefe, aquél señor de ropa blanca que protege en su seno verdaderos enfermos mentales. Para usar su mismo lenguaje del final de su artículo: sea católico…. ok… pero sea inteligente!

Paperback Writer
27 de mayo, 2010

Mis conceptos de moralidad y decencia están bien claros, y precisamente están definidos en el comentario anterior. Pareciera que el que no captó fue ud. Sr. Octavio… No entiendo de donde sale su “acusación” ante las creencias religiosas, que en ningún momento fue mencionada en mi texto…y no creo que la idea sea tratar de tapar los errores de un sector, con las metidas de pata de otros… Como al igual que usted no tengo mucha simpatía por el señor de ropa blanca, sólo le digo que: ..no hace falta creer en el Vaticano para ser católico…ok? …sea inteligente!

Reflexión
27 de mayo, 2010

El problema está en que sólo pensamos en aquellos estereotipos de personas homosexuales que nos ofrecen los medios de comunicación. La mayoría de las personas dice “no haber conocido nunca a un gay”. Piense usted que las estadísticas vigentes dicen que uno de cada diez hombres es homosexual. Uno de cada diez hombres, teóricamente, que ve pasar en la calle en un día de su vida es homosexual. ¿Acaso ve a un hombre con mallas y gracioso caminar–nefasto estereotipo–cada nueve personas que pasa? Me atrevería a afirmar que no. He conocido a muchos homosexuales, hombres y mujeres, y son tan diferentes unos de otros y tan diferentes del estereotipo que me hace preguntar de dónde sale tal patraña de “indecencia”. Probablemente alguien que conoce, quien no es conspicuamente homosexual, lo sea, y usted le trata inadvertidamente pues, en cuanto a conducta “normal”, no hay diferencia alguna entre él o ella y usted.

Las marchas de orgullo homosexual son tanto celebraciones como protestas, así que no es extraño presenciar atuendos de “provocación”. Lo gracioso es que con dificultad ve a las cámaras que les graban enfocar a aquellos que van en traje y corbata, porque tal cosa no es noticia, no es el interés.

Y en cuanto a lo “normal”, generalmente va aunado a lo “natural”. Y viendo que la homosexualidad está presente virtualmente en todas las especies animales conocidas, es lógico concluir que es perfectamente natural. Y que delfines, leones u ovejas no fueron “pervertidos” por un oscuro tercero, teoría que los sectores religiosos gustan de utilizar con frecuencia. Inusual, tal vez. Tanto como lo es el ser zurdo, aproximadamente 10% de la población mundial también. Pero ser zurdo no priva a una persona de derechos que le corresponden inmanentemente.

Sólo algo para tener en mente.

Rafael Díaz Casanova
28 de mayo, 2010

José Carlos Areán, Capellán del R.C. Celta – Vigo

Dos leonas no hacen pareja. Dos gatos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la zoología. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Por supuesto no es un invento de la Iglesia Católica. Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Después ellos se divertían con efebos, que para eso estaban, para el disfrute. La esposa era para tener hijos. La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: “matris” y “munio”. La primera significa “madre”, la segunda “defensa”. El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano. Cada palabra tiene su significado propio. Una compraventa gratuita no es una compraventa, sino una donación. Y una enfiteusis por cinco años no es una enfiteusis, sino un arriendo vulgar. Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate. De carcajada. Que le llamen “homomonio”, “chulimonio”, “seximonio”, lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama tarta de manzana a la que está hecha de peras. Lo curioso es que cuando dices cosas como estas, algunos te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y me llaman intolerante. No sé lo que harán los parlamentarios españoles a la hora de votar. Son políticos, no juristas. Votarán por razones políticas, no según Derecho. Las consecuencias son graves. Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿O a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho? La sociedad se quiebra. Huele a podrido. Como en Dinamarca. Cuando la profe le preguntó a Pablito cómo se llamaba su madre, el niño contestó: “Mi mamá se llama Ramón”

Mela
28 de mayo, 2010

“El estado de las cosas”, Dios nos libre del decente “estado de las cosas.”

michael
28 de mayo, 2010

Cada Oveja con su pareja, todo lo demas es Pornografia barata, pero escrita en seudos libros que tienen que pasar por Editoriales de prestigio, o que mas da opinar de estas, si es su negocio. Con todo mi respeto a quien se lo merezca sin ningun interes de sus opiniones por que Dios nos hizo a su Imagen, y salvo a muchas mujeres en su tiempo cuando Anduvo por ahi dando tumbos en el mundo como el Hijo de El!

Sydney Perdomo
28 de mayo, 2010

Estoy sumamente de acuerdo con usted; creo que la discriminación es un acto aborrecible muy típico dentro de nuestra sociedad que no se quiere dar cuenta que no esta completamente exenta de males, pienso que cada quien es dueño de su individualidad personal y que su condición sexual es asunto que no le atañe más que a la persona afectada. No porque sea heterosexual los demás deben obligatoriamente ser como yo. Respeto las decisiones de cada quien y el permitir que estos hagan de su pacto algo legal es sumamente normal entre dos personas que se dicen amar. Si yo no soy la que se va a liar, ¿Por qué tendría que preocuparme que otros se líen sea del sexo que sean? Debemos estar claro que si guardan el grado de decencia adecuada y no perturban a la sociedad que les rodea entonces no hay porque atosigarles en su elección. “Son seres humanos igual que cualquier otro; Así que démosle espacio y el respeto que cada quien les gustaría que le dieran”

¡Excelente artículo!

Saludos y mis respetos sinceros. :)

Daniel Duque
29 de mayo, 2010

En Francia, las primeras personas que leyeron Las flores del mal de Baudelaire las consideraron, a sus flores, «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres». Baudelaire respondió: “Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras: inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías, me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre, donde ella nunca había estado, y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba, ante las estatuas y cuadros inmortales, cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias”. Paperback Writer ¿qué es la moral o la decencia?, ¿no será amoral o indecente tener que pedir permiso para decidir qué hacer con nuestra propia vida? Gracias Gustavo por tu letras, y por el enlace al artículo de La Nación.

María Antonieta Arnal
29 de mayo, 2010

Estoy de acuerdo en que no se puede discriminar a nadie por ser homosexual, negro, blanco, indio, asiático, discapacitado, etc. Cada quien es libre de vivir y hacer lo que quiera. Pero si uno vive en sociedad, tiene que cumplir unas reglas. Las reglas no se pusieron para fastidiar a la gente, sino para que todos podamos vivir en armonía y ser felices. Desde el punto de vista de la Iglesia Católica, Dios creó a la hombre y a la mujer para que se complementaran, no creó seres intermedios. La familia, base de la sociedad, está formada por un padre (hombre), una madre (mujer) y los hijos, que proceden de la unión de ellos dos. Lo demás es antinatural aunque quieran hacerlo ver como algo natural y normal.

Octavio
29 de mayo, 2010

señor o señora o señorita Paperback Writer (27 de Mayo, 2010): cálmese; no es usted quien está siendo cuestionado en mis palabras. son las ideas a las que usted se ha plegado probablemente por tradición y falta de reflexión o de libertad para discernir. o por lo que sea. si fuera usted reflexivo (a) tendría horror a los conceptos claros. todo lo claro y recto es falso, es engañoso. la cultura es debate; y si usted cree que las ideas que defiende no son contestables, entonces no participe en foros. cálmese, repito. y la inteligencia pueda ser que lo visite.

Octavio
29 de mayo, 2010

Señora María Antonieta Arnal (29 de Mayo 2010). La iglesia católica es autoridad para usted, y para los católicos cristianos del mundo, que hay muchos, cierto. Pero la iglesia católica es una opción; su dios, sus mitos acerca de la creación son una opción. Al mismo rango y con el mismo valor como opción que lo es cualquiera de las muchas religiones. Acepte con firmeza la relatividad señora María. Acepte las opciones y creencias de otros. Acepte las elecciones de otros. Que al igual que la suya, basta que no le haga daño a la sociedad para que sea legítima. La homosexualidad es tan sana como la heterosexualidad bien llevada. hay casos de desviaciones en las dos, pero eso ya es algo que no depende de tales condiciones, sino de problemas de conducta. Como los problemas de conducta y mentales que tantos de los curas de la religión que usted abriga han demostrado tener desde siempre. Saludos respetuosos de un heterosexual laico y liberal.

María Antonieta Arnal
29 de mayo, 2010

Si aceptamos la relatividad, tendríamos que aceptar a todos las personas que abortan, matan, violan… Todos son seres humanos y también tienen derechos. ¿Por qué condenar a los asesinos, drogadictos, violadores…? Ellos también son libres y optaron por esa vida. El problema está en saber discernir lo bueno de lo malo. Por eso no podemos dejarnos llevar por el relativismo moral. El problema de todo esto es que se ha perdido la conciencia de pecado y en la medida que más gente haga lo mismo y lo promocionen en los medios de comunicación, se empieza a ver normal. También nos hemos alejado de Dios. La ética debe estar presente en todos los ámbitos de la vida. Y debemos promover la cultura de la vida y no la de la muerte. Me fui un poco al extremo, pero las normas son las normas y hay cosas que no se pueden cambiar. Y otra cosa, los laicos no son liberales ni conservadores… Los laicos son miembros de la Iglesia Católica y como tales deben cumplir unas normas que forman parte de una tradición que viene del mismo Jesucristo.

Martín Castillo Morales
29 de mayo, 2010

Después de leer a Paperback Writer, a Rafael Díaz Casanova y a María Antonieta Arnal ¿para que ir a misa hoy?

Un abrazote Gustavo, estoy de acuerdo contigo en cada palabra de este post, una vez más.

Cinzia
30 de mayo, 2010

Leí con mucha atención tu artículo. Sobre los comentarios no diré nada. Mi única inquietud en todo este tema es entender por qué es tan necesario entrar a formar parte de las instituciones. Por qué la necesidad de ser reconocidos y aceptados. Comprendo que hay cosas de índole legal y práctica que quizás impulsen hacia recorrer caminos conocidos como el matrimonio, pero no deja de llamarme la atención lo que pregunto, a veces siento que muchas batallas podrían ahorrarse con sólo no tratar de imponernos los unos sobre los otros. Un abrazo Gustavo.

Octavio
30 de mayo, 2010

Definitivamente señora María Antonieta, usted no ha comprendido mi mensaje. No hablo de violadores, ni de asesinos, ni de nada de eso que usted menciona y que no tiene nada que ver con el asunto moral. Esas son patologías, enfermedades, transtornos mentales, o como sea que se les llame en psiquiatría. No puede usted confundir una cosa con la otra. Estamos hablando de sexualidad, de amor y de libertades civiles. Si usted ve la vida a través de los dogmas de una determinada religión, eso es absolutamente valedero y legítimo. Pero recuerde usted que su religión está en el mismo rango de cualquier otra y de ninguna. Es decir, su iglesia, es una y no la única, ni tampoco la mejor o la peor. Su líder espiritual llámese como se llame y haya sido crucificado o no, es tan legítimo como cualquier otro de otras creencias. Eso por un lado. Y por otro, cuando digo laico, quiero decir, “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”. Laico como el Estado venezolano; donde no hay religión oficial. Es en esa acepción. Yo no profeso religión alguna, no creo en ningún dios en particular, ni en santos, ni en biblias, ni en alfombras voladoras. Creo en la libertad de pensamiento y en la justicia legal. Y por ello respeto a quienes no piensen como yo, a quienes si creen en dioses, a heterosexuales y homosexuales por igual. No confunda usted, repito, no hablemos de asesinos ni de pederastas, ni de ladrones, ni de nada de eso. Que estamos hablando de gente sana. Y los homosexuales lo son tanto como usted y yo. En principio.

Daniel Duque
30 de mayo, 2010

Cuando fui a mi primera marcha gay en Buenos Aires y vi semejantes “indecencias” propias de una actitud provocadora, me pregunté si esa marcha era necesaria. Se daba por la discriminación a la homosexualidad. Ahora bien: ¿Yo me había sentido discriminado? Claro que sí, sobre todo por mí mismo, había sido yo mi más verdugueante homofóbico, cruel represor por saberme distinto. Cuánto luché para que no se notara lo que salía de mis poros. Sin embargo, me pareció que el clamor de esa tarde tenía más de desenfreno que de compromiso. Al llegar allí, me chocó un poco tanto exhibicionismo, “con razón nos miran mal”; sin embargo, poco a poco, me fui contagiando. No me pareció tan errado mofarse de la no aceptación. Era como gritarles a la cara: ¿Piensan que somos unos maricones desvergonzados? Pues: ¡Tienen razón! ¿Acaso los heterosexuales conservadores han sentido alguna vergüenza al llamarnos anormales o al compararnos con mismísimos asesinos? Cuando fui a España, leí en “El País” una crítica del PP que decía que los gays no debían casarse porque eran de naturaleza promiscua. Pero si los heteros no fueran promiscuos ¿no existirían los puticlubs?, ¿o es que los del PP no van de búsqueda? En un famoso hotel de la Castellana, al lado de donde me hospedó la gente que me becó, se la pasaba la flor y nata de la derecha, y a mí que me encanta ver me di cuenta de que los travestís son los que más le gustan. Al salir de allí, típico, se bañaban en casa y organizan una manifestación a favor de la familia. Todos aplican el dicho: “haz lo que yo digo pero no hagas lo que yo hago”. Por favor, ¿vamos a relativizar? aunque sea intentemos hacerlo dentro de ciertos códigos o cánones justos para todas las partes. ¿O está bien que un grupo dictamine lo que es normal y lo que no lo es? La APA se tuvo que retractar en 1973 por haber sentenciado a la homosexualidad como una patología, pero por lo visto, las secuelas que dejaron por todos los años anteriores no se levantan así de fácil.

Luis Moreno Villamediana
30 de mayo, 2010

El viejo truco: si aceptamos la libertad de Fulano, debemos aceptar la libertad de Zutano. Llevo años escuchando distintas variaciones de esa ecuación: si dos homosexuales se casan, ¿por qué no habríamos de permitir que alguien se case con su perro, o con todo un equipo de béisbol? La verdad, no estaría mal. Propongo que iniciemos una campaña a favor del matrimonio de la Gente Noble con su banco de iglesia, su confesionario más cercano o su Biblia, toda mohosa a causa de las lágrimas derramadas ante el maravilloso espectáculo de la bondad y la tolerancia humanas (esa bondad y tolerancia según las cuales los homosexuales entran por definición en la categoría de los asesinos, drogadictos y violadores).

En cuanto a la institucionalización del matrimonio gay, vista como necesidad de ser reconocidos y aceptados: pues sí, hay asuntos de índole legal más allá del sencillito qué-dirán-mis-vecinos-si-no-nos-casamos, asuntos que tienen que ver con todos los derechos que la ley debe reconocerle a quien se puso a vivir con otro u otra por elección adulta y voluntaria. Si una pareja homosexual se quiere casar porque quiere tener un álbum de fotos de la boda, que lo hagan; si ese álbum y el documento que lo acompaña les sirve para hacer todo tipo de transacciones relativas a herencias, seguros médicos, adopción, etc., se entiende por dónde van los tiros.

Muy buen trabajo, Gustavo. Un abrazo.

Adriana Villanueva
30 de mayo, 2010

Excelente, Gustavo, comparto todo lo expuesto en tu artículo, no hay mucho más que agregar, las polémicas sobre este tema no suelen llegar a ningún lado, así que al igual que Cinzia, me las salto.

Omar 8elandría
30 de mayo, 2010

Buen día excelente artículo pienso que el libre albedrío existe precisamente para que cada quien elija lo que más le gusta o considere importante para si y luego que asuma responsablemente las posibles consecuencias de su elección si 2 hombres deciden unirse para hacer su vida juntos por qué no pueden tener los mismos amparos legales que los heterosexuales? Se dé parejas homosxexisles que llevan 15 y 20 años juntos en la mayor decencia con el mejor comportamiento que muchos matrimonios heterosexuales que aveces dan vergüenza. Una vez más excelente artículo!

Octavio
30 de mayo, 2010

Señora Villanueva (30 de mayo 2010): en un país como el que estamos, donde lo que sobra son decisiones arbitrarias y “sanguineas”, la polémica es la mejor herramienta que tenemos los ciudadanos para confrontar las visiones individuales de futuro. En un tema como éste, tan representativo e importante para la consagración parcial de los derechos civiles en los últimos años, claro que hay que darla, aunque sea con simple “comparto lo dicho”. No desprecie usted discutir. Saludos.

Ernesto
30 de mayo, 2010

Los derechos homosexuales no se pelean en el terreno de la moral sino en el de la politica, como lo hizo Harvey Milk (1930-1978). Vean la pelicula y se daran cuenta lo que es un gay peleando como un macho por sus derechos. Milk persuadia en una tarima, argumentaba con inteligencia por TV, negociaba con audacia en los circulos de poder, trabajaba como un burro por su causa superando a muchos maricones heterosexuales. Poco importan las marchas gay si no surgen lideres gay. En definitiva, gay o no gay, el que crea tener derechos que defender o conquistar, que reflexione primero por que no surgen suficientes lideres que personifiquen eficazmente su causa.

Fox Rex
30 de mayo, 2010

Gustavo fue todo lo elocuente que el tema precisa, sintièndome interpretado a cabalidad asumo la postura de Cinzia y Adriana en el sentido de que “màs claro no canta un gallo”, pero en la intimidad de mi caràcter se me revuelven las tripas por aportar argumentos en los tèrminos de Octavio o Daniel Duque y, la verdad, no tengo ganas!!!

Milena Wetto
30 de mayo, 2010

Totalmente de acuerdo con todo lo que dices. Como tú, habemos muchos que unimos voces y voluntades por la no discriminación de ningún tipo. Me resultó curioso que la ley aprobada recientemente en Argentina sólo se llame “Ley de Igualdad”. Eso podría abarcar tantas y tantas cosas en las cuales hoy en día seguimos siendo tan desiguales!! Excelente artículo. Felicitaciones!

Juan A V
30 de mayo, 2010

Excelente el articulo, me parecio sin desperdicio. Solo un comentario para contestar a Paperback Writer, que piensa que la homosexualidad no es una conducta normal. Quien se atreve a poner una raya o barrera a normalidad, debiera comenzar analizando sus propias conductas, en su propia intimidad antes de atreverse a discriminar a otros por razones, que no dejan de ser mas que costumbres de a probacion o desaprobacion culturales. Quien esta libre de pecado…….. no se atrebe a juzgar a un semejante, siempre es mas facil criticar que tratar de comprender.

Cecilia Pla
31 de mayo, 2010

alguien hágale llegar este artículo al loco aquel que daba clases de derecho en la Santa María y espetaba contra la homosexualidad en plena aula y fue grabado y evidenciado por la web, y a según, tuvo que renunciar de sus predicas dogmáticas y su salario, ji ji. Y a los intolerantes de este forito les digo, muchachos, el tiesto está aproximadamente a 2 kilómetros de distancia de donde se encuentran, están meándose los pies.

gustavo valle
31 de mayo, 2010

Amigos y lectores, muchísimas gracias a todos por sus comentarios. Como es evidente, estoy más de acuerdo con unos que con otros, pero creo que la idea es comenzar a conversar estos temas que de hecho ya han sido discutidos o están siendo discutidos en casi todos los países occidentales. Saludos y gracias por participar!

Daniel Duque
3 de junio, 2010

Gracias nuevamente Gustavo y a todos los que leyeron y comentaron (obvio incluyendo a Prodavinci) por considerar el tema como importante. Poco a poco (creo – espero) la gente va a aprendiendo que no se puede discriminar a las mujeres por ser mujeres, a los negros por ser negros, a los gays por ser gays, a los bisexuales por serlo, y así. Me despido también dejándoles este artículo que ojalá puedan leer. Para mí es un poema en prosa: http://escribarte.blogspot.com/2009/09/amor-gay-por-arturo-perez-reverte.html

Mis 2 Mamás
3 de junio, 2010

Cuál es la diferencia de “moralidad”-“normalidad” entre el Calnaval de Rio y una Marcha de Orgullo Gay. A los que defienden la idea de que el contrato matrimonial entre 2 pesonals del mismo sexo, atenta contra la familia; deberían iniciar una campaña contra el divorcio. Para culminar: Una Profesora de Ingeniería está cenando con su ex marido, un Oficial de Préstamo, y le pide finalmente ceder ante sus súplicas que se corte la barba rala que le creció durante las vacaciones. Están en su restaurante favorito, un lugar informal donde ambos se sienten cómodo con pantalones de algodón y mezcla poliéster para sus camisas de golf. Ella, como siempre, lleva oro y las perlas colgante que él dio el día que su sentencia de divorcio fue final. Se están riendo del menú, porque saben que siempre termina con un plato gigante de las costillas, y camarones de aperitivos. Cuestionario: ¿Cuántas prohibiciones bíblicas están violando? Bueno, se supone que las esposas son “sumisas” a sus maridos (I Pedro 3:1). Y todas las mujeres tienen prohibido enseñar o tener una profesión de hombres (I Timoteo 2:12). También tienen prohibido llevar oro, perlas (I Timoteo 2:9) o ropa que “pertenece a un hombre” (Deuteronomio 22:5). Los mariscos y el cerdo son definitivamente prohibidos (Levítico 11:7, 10), sí como son la usura (Deuteronomio 23:19), máquinas de afeitar (Levítico 19:27) y la ropa de más de una tela (Levítico 19:19). Y puesto que la Biblia raramente reconoce el divorcio, están cometiendo adulterio, que conlleva la pena de muerte por lapidación (Deuteronomio 22:22). Así que ¿por qué ellos dos entonces la están pasando tan bien? Probablemente porque no se le ocurriría hoy en día preocuparse acerca de reglas que parecen absurdas, anacrónicas o poco realista. Sin embargo, esta misma pareja de hoy en día podría ser una de los tantos millones de personas que no dudan en apoyarse en la Biblia para justificar sus propias actitudes anti-gay.

Martín Castillo Morales
15 de julio, 2010

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