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Artes

Siglo XXI

Añoro aquellos tiempos de la perinola, las metras. De los juguetes que eran sólo una cosa, sin dualidades ontológicas.

Por Lucas García París | 9 de Abril, 2010
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1.

No veo nada, dice mi señora.

¿Terminaste, papá?

Vamos por Los Naranjos. Mi esposa maneja. Mi hijo va atrás mientras intento convertir su transformer de nuevo en camión.

No me salen las ruedas…

Ay, papá…

Estoy quedando como un bolsa frente a mi hijo. Añoro aquellos tiempos de la perinola, las metras. De los juguetes que eran sólo una cosa, sin dualidades ontológicas.

Lucas, me están ardiendo los ojos, esto es increíble…

Ay, papá…

Me estoy desesperando. De uno de los brazos sale un misil. Pienso: ¿no te quieres transformar, Optimus Prime? Deja que te tire por la ventana para que te transformes en basura…

Que impresión, Lucas…

Claudico. Me quedo mirando el horizonte. Y entonces me pega. Una bruma ambigua, ominosa. Ni de lluvia ni de niebla. Los edificios disolviéndose a medida que se alejan en el horizonte. El Ávila no existe.

Todo está bañado por una especie de luz que es un cruce entre Rubens y Blade Runner.

Ay, papá…

2.

Llegamos tarde al cine, decidimos esperar la siguiente función. Me entra aquella angustia de mall.

¿Y si nos vamos a un parque?, imploro.

Mi hijo quiere ver su película del dragón en 3D. Mi esposa me recuerda que afuera el cielo es como el de Chernobyl.

Por mi mente empieza a sucederse una lista de referencias nefastas: Dawn of the dead donde los zombies caníbales se apoderan del mundo y los supervivientes se atrincheran en un centro comercial. Wall-e donde la humanidad contamina la tierra hasta volverla inhabitable y nuestros descendientes son enormes bebés consumistas que viven en una nave espacial mezcla de spa y Sambil.

No voy a llegar, digo.

Afuera va estar peor.

Tú sabes como me ponen los centros comerciales. Las mujeres operadas que parece que vienen de otro planeta, los chamos de ahora con los pantalones mostrando la alcancía, el bululú.

Eso es lo que hay, Lucas.

Papá, el transformer…

Optimus Prime es un travestí mecánico: Mitad robot mitad camión. Me siento a darle otra vez.

Ponlo como camión, pide mi hijo

Por qué no compré un camión, pienso.

El muñeco del infierno se niega a transformarse por completo. Ahora es una cabina con piernas.

Ay, papá…

3.

Salimos del cine con esa sensación que dan las películas en 3D de estar viviendo en el futuro. El futuro los Supersónicos, el futuro Una odisea en el espacio. Para cuando haces la cola monstruosa para pagar el estacionamiento y sales a la calle, el futuro es otra vaina. Es Mad Max, es Charlton Heston averiguando de que esta hecho el soilent verde.

Afuera huele a quemado, hace calor y la autopista no tiene luces por el racionamiento. La fila de carros ilumina la noche como un gusano espectral, infinito.

El siglo 21, mami, le digo entre asombro y susto a mi señora.

Prende el aire, mi amor.

Mi hijo me muestra el transformer. Un camión perfecto.

Mi muchacho sonríe. La próxima generación. El guerrero del camino, el verdadero niño estelar.

¡Que bien, hijo!, exclamo fascinado.

La sonrisa se le borra, mira al camión con aburrimiento.

Ponlo como robot, dice.

Lucas García París 

Comentarios (10)

Jorge Supelano
9 de Abril, 2010

Otro interesante escrito de García Paris, siempre refrescante. Lo mas tragicómico del relato es lo del cielo como Chernobyl. Que desastre

Héctor Torres
9 de Abril, 2010

Esa es la única función de esos juguetes, excitarles el eterno deseo insatisfecho. He vivido exactamente esa secuencia.

Gabriel Payares
9 de Abril, 2010

Héctor, yo crecí jugando con un Optimus Prime similar. Con mis transformers no te metas, jaja.

Cecilia Pla
9 de Abril, 2010

Lucas concejal!

Eleazar Luis
9 de Abril, 2010

Si, me ha pasado también. Los niños de hoy tendrán una capacidad mayor de “transformarse” en el futuro, para bien o para mal.

Alonso García
9 de Abril, 2010

Lucas, creo que esta vez sí acertaste del todo. Antes quedaba un poco inconforme con los finales. Medio flojones.

Saludos

Jose Ovaldía
9 de Abril, 2010

excelente, brillante, increíble, mejor texto ever

krina
10 de Abril, 2010

Lucas,lo que haces es buenísimo. Reitero mi condición de fan!

Aníbal Girondo
11 de Abril, 2010

Me siento muy afortunado de vivir en una época en que las letras del patio tienen nombres tan extraordinarios como el de Lucas García. Sus textos son como maravillosas piezas de relojería suiza que siempre dan la hora precisa. En este caso Lucas nos enseña los detalles más ocultos de nuestras vidas con un talento sin par. Cada línea es perfecta y ayuda al entendimiento de lo que se relata. ¡Adelante, Lucas, la literatura es tuya! ¡Excelentes tus escritos! ¡Siempre das en el blanco, como Messi!

P. Cuellar Alvarado
20 de Abril, 2010

cuándo vamos a poder leer “Yanky come home”?? el artículo que generó ronchas publicado en EL Nacional por allá por 1995???

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