Artes

Arte geométrico en los barrios

Jesús Fuenmayor a propósito del mural de Jaime Gili para el Diamante de las semillitas en Petare, Caracas.

Por Jesús Fuenmayor | 9 de Abril, 2010
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Proyecto de Mural de Jaime Gili para El Diamante de las semillitas. Petare, Caracas, 2009

De entrada, el mural de Jaime Gili en el acceso al barrio José Félix Ribas de Petare (Caracas)[1] plantea dos preguntas cruciales. La primera se relaciona con la posibilidad de resucitar la tradición del arte geométrico urbano, central en nuestro desarrollo moderno del siglo XX. La segunda pregunta, plantea si esto es posible en un contexto tan aparentemente ajeno a las condiciones en la que se instauró esa tradición en Venezuela, es decir, se instala en las incertidumbres generadas por el compromiso social del arte.

Quizás sea imposible responder una sin la otra, pero vale la pena, así sea en un recorrido muy breve, pensar en las razones por las que el modernismo abstracto geométrico de escala cívica no tuvo una continuidad. El tema está no sólo en el centro si no en la raíz y origen del modernismo caribe, con su mayor logro en la Ciudad Universitaria de Caracas, pero además atravesado por los grandes debates de nuestras artes, desde el fundacional entre los dos Otero (Miguel y Alejandro, entre figuración y abstracción), pasando por los enfrentamientos entre Guillent Pérez y Traba, y en los que han participado un sinnúmero de nuestros más ilustres intelectuales como Alfredo Boulton, Carlos Raúl Villanueva, Ángel Rama, Roberto Guevara, Jesús Soto y un largo etcétera. Para quiénes atacaban (y hay quienes todavía lo hacen con los mismos argumentos) al arte geométrico de escala cívica, el problema de fondo era que representaba el proyecto de modernización a tabula rasa promovido desde el Estado a partir de los años 40 y que término por asimilar al cinetismo como arte oficial. Acusaban con ello a ese progreso modernista de estar divorciado con las realidades de un país, condenándolo por su simpatía superficial por las novedades. Los que promovían las intervenciones urbanas modernistas lo hacían buscando metas tan elevadas e intangibles como la salida del arte del museo a la calle pero también fundamentándose en los nuevos valores sociales en los que el arte tenía un rol protagónico por su capacidad para traducir a un lenguaje propio de su tiempo los proyectos de modernización. En ninguno de los bandos se pensó que ese futuro construido por el modernismo sería en algún momento nuestro pasado.

Por el otro lado, en cuanto a la segunda pregunta que el  mural de Petare de Gili plantea, quiero apelar a la historia del intelectual comprometido latinoamericano. Podría parecer natural que en su magnífico ensayo La Ciudad Letrada

Ángel Rama no mencioné en absoluto el rol de las artes visuales en la formación del compromiso del ser moderno con las causas sociales y políticas. Después de todo, el hombre de letras, le prestaba al caudillo analfabeta un servicio de mucha utilidad, un bien de primera necesidad. Quizás porque Rama se limitó a estudiar la formación de la ciudad hasta el surgimiento de las revoluciones latinoamericanas de principios del siglo XX, no tuvo por qué avanzar hacia ese momento histórico en el que la evolución de la ciudad y su ordenamiento se invierten y se vuelven analfabetas: cuando lo visual pasa a dominar el lenguaje de lo urbano (y de las masas). No conozco ningún estudio en particular sobre este fenómeno de desplazamiento de las letras hacia lo visual que explique la centralidad alcanzada por las artes en el espacio urbano en Venezuela, pero hay síntomas muy esclarecedores que vale la pena mencionar. ¿Por qué este gobierno reactivó el protagonismo perdido temporalmente a causa de acciones vandálicas de las obras cinéticas y en cambio la estatua de Colón en el Golfo Triste sigue esperando reubicación? ¿Por qué el modernismo no perturba al ojo revolucionario y la estatuaria decimonónica sí? Analfabetismo visual, dirán los que entienden el trasfondo ideológico del cinetismo, pero también porque no se ha cerrado el ciclo de alfabetización.

El proyecto de Gili para Petare es el inicio de un programa de intervenciones que tiene como uno de sus objetivos hacer sentir la ciudad a través del arte. Desde esta perspectiva, su obra participa de nuestra historia y le da un sentido renovado a aquel futuro que es ahora nuestro pasado, irónicamente, en donde los mejores artistas venezolanos de las generaciones más recientes han encontrado un territorio más propenso para la experimentación, agotadas las formas clásicas de las vanguardias modernas. Gili lo ha hecho además a partir de la constatación del falso agotamiento de los lenguajes modernistas, revividos por las manifestaciones populares más notables de nuestras urbes, en las decoraciones para carritos por puesto, siendo el suyo un abstraccionismo geométrico de calle, que curiosamente engarza con la ausencia de ortogonales de los barrios y con el un mundo en diagonal del gran Bárbaro Rivas.

En cuanto al compromiso del intelectual, lo primero que hay que decir es que aunque el fantasma del analfabeta sigue rondado sobre las artes visuales, aún hoy en la era de las ciudades convertidas en signos, las respuestas que da Gili son muy elocuentes. Los comentarios que siguen a continuación los hizo especialmente para Prodavinci recientemente vía email.

Jesús Fuenmayor (JF): En el proceso de desarrollo de tu proyecto los diferentes agentes involucrados (Alcaldía Sucre, Comunidad, etc.) tuvieron una participación importante en cómo debería ser intervenido el lugar. ¿De que manera se reflejan las opiniones y criterios de estos agentes en el resultado final de la obra?

Jaime Gili (JG): Normalmente soy yo el que busco las opiniones de los entes implicados en una obra de este tipo para trabajar desde antes de tener las ideas claras. En esta ocasión estaba afuera y trabajé al principio sin conocer bien el espacio y sólo imaginando a la comunidad que lo habita con las descripciones del espacio que me dieron el curador y algunas personas de la alcaldía y el arquitecto. Cuando llegué a verlo en persona cambió toda la idea que tenía del espacio, y conocer a la gente me dio más confianza. En todo caso debo decir que ha habido mucha comunicación aunque la obra ha sido bastante hermética por mi parte en su planeamiento y ejecución, pero que esto es porque estaba seguro: Confío que la obra es bastante abierta y tendrá un lugar cierto en el futuro como parte de la comunidad.  Pasó un punto en que ya nada podía afectar a la idea, y la idea tenía algo de impositiva en el hecho de que las placas parecen haber caído sin orden en el terreno, y por lo tanto, como hay algo de azar, es más difícil explicarlo a la gente. (…) La obra es lo suficientemente abierta y en cierta manera inofensiva como para ser percibida sólo de manera positiva en el colectivo. (…) hablé (…) con los dirigentes comunales y con los niños que usan el parque. Se trabajó de lo general a lo particular. Viví como los niños usan el parque, y como los mayores lo ven como un bien porque simplemente saben dónde están los niños. Mi obra se adapta al parque pero lo agranda llevándolo a la plaza, a las casas. (…) Quizá tardará un tiempo en vérsele el sentido a la obra pero el cambio positivo ya lo deben estar sintiendo.

(JF): El urbanista catalán Jordi Borja dijo en una conferencia en Caracas a principios de la década, que en el caso de proyectos para la rehabilitación física de barrios no había que olvidar que además de la infraestructura urbana estos asentamientos espontáneos están habitados por personas con las mismas necesidades de cualquier ciudadano y que, si la señora no puede poner las flores en la ventana de la casa, de nada sirve tener toda esa infraestructura. ¿cuál sientes tu que es el efecto que tiene tu obra para esta comunidad? ¿qué beneficios le trae?

(JG): Totalmente de acuerdo con Borja, y debo decir que desde el principio quise que una cosa quedara clara: Si existieran los medios me agradaría acercarme a la arquitectura funcional e intentar mejorar las condiciones tangibles de vida de la gente, lo haría con gusto, pero aquí estaba claro que no me podía poner a intentar arreglar infraestructura, ni soy arquitecto, así que ni siquiera quise pensar en frisados de casas, porque era como una hipocresía típica del pasado el arreglar sólo la fachada de lo que se vé y no lo que hay detrás que es la gente y su realidad. Huí de eso o intenté huir de eso. Es imposible arreglar todas las casas que quisiera arreglar: todas. Si hubiera el dinero para hacerlo entonces se tendría que haber planteado desde antes una obra totalmente diferente. Desde el principio sabía que los medios eran limitados.

El espacio en cuestión es comunicación física entre todos los costados del cerro, entre la salida del metro, la plaza y las casas en las dos escaleras, todo alrededor de un parque infantil. La pieza quiere unir todo esto en un hito. Ese concepto incluye que un detalle artístico o histórico, o ambos, genere cierto orgullo en quien vive cerca, y llame a pensar y admirar al que vive lejos y lo ve.

(JF): En Venezuela y especialmente en Caracas teníamos una amplia tradición modernista de grandes de obras de arte incorporadas al espacio público, que tuvo su climax en la Ciudad Universitaria de Caracas. Esa tradición se ha visto mermada con el deterioro económico del país y con las actuales políticas de Estado que reducen la participación del arte urbano a la preservación del patrimonio (sobre todo en los casos más visibles) o a un muralismo propagandístico de muy dudosas cualidades artísticas. ¿Crees que es posible reanudar esta tradicional incorporación del arte a los espacios públicos en el contexto de hoy? ¿cómo definirías ese contexto? ¿cuáles las diferencias con la tradición modernista

(JG): Es posible pero hay que irle dando un giro que hable más del contexto general. El de los años cincuenta habla de opulencia, por donde lo veas es abundancia y optimismo.  Hoy podemos trabajar con optimismo pero hacerlo con menos medios, adaptándonos a lo que hay. Arte público no es sinónimo de ningún extremo, no tiene porque estar ligado ni a un muralismo propagandístico barato ni tiene porque estar ligado a unos costos exorbitantes. Se puede trabajar en el medio si se tiene la intención de entender el momento y trabajar con lo que hay.

Mural de Jaime Gili para El Diamante de las semillitas, en proceso de culminación, Petare, Caracas, 2010

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* http://www.jaimegili.org/jfr.html

** Entrevista a Jaime Gili por Oliver Kielmayer Tomado de ArtPulse, Marzo-Mayo, 2010 (http://artpulsemagazine.com/constructivist-jungle-interview-with-jaime-gili/#more-7574)

Jesús Fuenmayor 

Comentarios (2)

ANILU
11 de Abril, 2010

Felicitaciones , proyectos como este, tenemos que apoyar todos, de una manera u otra y asi no quejarnos tanto de lo que no tenemos o lo que queremos………

carolina
19 de Julio, 2010

ME GUSTA. PERO SERÍA BUENO GENERAR PROPUESTAS QUE VAYAN MAS ALLÁ DE LA MERA TRANSFORMACIÓN ESTÉTICA E INTERVENCIÓN DE ESTOS LUGARES IMPLICANDO A SUS HABITANTES EN LOS PROCESOS.

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