Artes

Matthias Göritz

Semanario

Por Alejandro Oliveros | 22 de marzo, 2010

Nada impresiona más en las librerías de París, donde, a decir verdad, pocas cosas son impresionantes, que la pobreza de las secciones de poesía francesa. Todavía se exalta como vanguardista la generación de vates como Bonnefoy o Du Bouchet, quienes ya deben andar por los ochenta. No ocurre así en Milán, Londres, Berlín, Barcelona y, aunque no estoy seguro, Madrid. No quisiera decirlo, porque no viene al caso, pero creo que lo mismo ocurre con las secciones de narrativa y ensayística. Todavía B.H. Levy pasa por transgresor y Modiano por vanguardista. Lacan sigue siendo una novedad y Boudrillard o Ricoeur expresan los “temps modernes”.  En toda Europa, menos en Francia, la poesía joven sigue  siendo estimulante, que es lo menos que se le puede pedir.  En una antología de poesía alemana publicada en inglés hace unos cuatro años por Michael Hofmann, encuentro este texto, escrito por un poeta que no llegaba a los cuarenta cuando lo escribió. He intentado su traducción a partir del original alemán, con la ayuda de la versión, no especialmente literal, del mismo Hofmann.

PARA VOLODYA EN MOSCU

por Matthias Göritz

Voy hasta la ventana
y contemplo un bello atardecer

¿Qué hace la gente en el cielo?
Cuando mueras dejarás el mundo

¿Comen helado en el cielo
cuando encuentran los colores?

Los colores son un espacio soñado
me encuentro en el vientre de mi madre

Allí Dios hace pizzas
cuando yo salga me traerán la cuenta

Mi madre grita
yo grito

Prefiero no imaginarme el infierno
estoy seguro de su existencia

A diferencia de tantas cosas
nada es color blanco

Mi madre desciende de los monos
y no soporto las bananas

Todo eso es muy ruidoso
y el purgatorio es una tintorería

Todo lo que existe debe morir
y cuando lleguemos al cielo

va a estar lloviendo

Göritz   nació en 1969 en Hamburgo y ha vivido en Moscú, París, Chicago y Iowa. Sus versos, por lo absurdo, y no sé si deba entenderse como un elogio, parecen escritos por un personaje del catalán Eduardo Mendoza. Pero algo no se puede negar, el  de Göritz es  un poema de comienzos del XXI, sin la meliflua banalidad de mucho de lo que se escribió, al menos entre nosotros, y en Francia,  a finales del XX.

Alejandro Oliveros 

Comentarios (3)

Marta Hernandez
3 de abril, 2010

lo primero que me impacto fueron sus imagenes; emanan un no se que fresco que resulta de una libertad exitante.

Antonio
3 de abril, 2010

Bonitos versos. Cierto lo de las imagenes, aunque lo de “libertad exitante” de Martha, me parece como exagerado, pero, vale.

Abel Zar
3 de abril, 2010

No me parece gran cosa. Aparte de cierto tremendismo y algo de lo panfletario de Jacques Prèvert, que sí que era un gran poeta, se salvan dos o tres metáforas. Lo demás es malabar en medio de cierta escritura más bien fragmentaria y espasmódica. ¿Anda así la poesía joven francesa? Ah, Marta, no veo la tal “libertad exitante” (habrás querido decir “excitante”), y, Antonio, vale,¿qué es “bonito” para ti en poesía?

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