Artes

Hilo de sangre azul

Una novela sobre la ambición, la ausencia de valores y la desproporción social

Por Oscar Marcano | 19 de Marzo, 2010

Hace diez años Patricia Lara estremecía a Colombia con Las mujeres de la guerra, un trabajo sin par en América Latina, en el que desafiaba los oprobiosos dispositivos de las FARC, los Elenos, las Autodefensas, el extinto M19, y hasta el mismo ejército, en procura de los más desgarradores testimonios femeninos que daban cuenta de ese dolor, dolor con nombre y apellido hubiese dicho Camus, producto de la conflagración irracional que azotaba a su país.

La venta de 40.000 ejemplares de un solo tirón no significó nada en comparación con el efecto multiplicador del mensaje democrático y humanitario de tolerancia, solidaridad y paz que sembró esta obra en un país atribulado por las secuelas de la violencia política donde, por un lado, los límites de la engañifa del marxismo y su falso velo, la “moral revolucionaria”, se reblandecían para fundirse con las armas en el jugoso negocio del narcotráfico, y por el otro, el afán de una élite chata y onanista, embotellada intransigentemente en el lucro y el poder, empedraba de pobreza y exclusión el destino de las grandes mayorías.

Es la común historia de nuestros países maniatados entre el chingo y el sin nariz, ante la cual por fin, comienza a registrarse el nacimiento de un empresariado joven y emprendedor que, sin inhibirse hacer negocios y competir, se compromete, con hígado y bolsillo, en la construcción real de ciudadanía y en el diseño de un horizonte colectivo para sus connacionales.

A la descomposición de la vieja élite, cosmopolita y prolija fuera pero arbitraria  y parroquial, dentro, Patricia dedica Hilo de sangre azul (Norma, 2010), su más reciente novela, una de esas obras que si se abren ya no pueden cerrarse hasta llegar al fin. Sencillamente no puede uno despegarse del absorbente relato de Sara Yunus, voluntariosa periodista del diario más importante del país, la cual, un día, al llegar a su residencia, avista un hilo de sangre saliendo del apartamento de Pedro Ospina, exitoso financista que maneja el dinero de los más influyentes personajes de la alta sociedad neogranadina.

Aunque de la escena del crimen se infiere un suicidio y en las primeras de cambio la policía así lo concluye por cuanto era público el agobio de Ospina al no poder sufragar los intereses crecientes a sus inversionistas, Sara tiene indicios de que pudo haber sido asesinado por uno de ellos.

Ospina es un climber, un sujeto que no pestañea para liarse hasta el maridaje con la hija del ricachón, con lo cual la novela anticipa un cuadro en el ámbito del melodrama. Pero más allá, Ospina representa uno de esos personajes, muy frecuentes en nuestros días, que establecen estructuras financieras que ofrecen rendimientos astronómicos y terminan convertidas en pirámides cazabobos, captando nuevos y numerosos clientes para, con sus aportes, poder cancelar los onerosos intereses ofrecidos a los anteriores.

Con el apoyo inicial de su periódico, Sara decide investigar qué ocurrió con Ospina, lo que la llevará a descubrir los más sórdidos secretos de sus vecinos, políticos, empresarios y capos del crimen, que van desde el adulterio, las rencillas familiares, la doble moral y la evasión de impuestos, hasta el narcotráfico y la corrupción de la justicia por la vía del tráfico de influencias y el infaltable aporte de los abogados carroñeros.

La novela incursiona en el género policial clásico al plantear el enigma de un crimen, dando diferentes pistas para que el detective –en este caso, la periodista- intente resolverlo mediante deducciones que paralelamente se van planteando al lector. No obstante, la presencia de la extorsión y la violencia en Hilo de sangre, lo hacen a uno pensar en una propuesta híbrida entre el género policial clásico y la novela negra. En el primero, el personaje principal, de rango social alto, resuelve el caso mediante un exquisito análisis. En la segunda, el personaje se sumerge hasta confundirse en la atmósfera viciada del elenco, desdibujándose todo tipo de frontera en un círculo de  miedo, violencia, ilegalidad, corrupción e inseguridad.

Es notable, conociendo uno a la autora y su pasión por el periodismo, que la llevó a dirigir y ser propietaria de la revista Cambio 16 en Colombia hasta que se la vendiera a Gabriel García Márquez, que en Sara Yunus, hay mucho de ella y de su lucha, así como de su deseo de hacer públicas las tantas anomalías de la sociedad de la que proviene. Patricia Lara es una novelista probada, no cabe duda. Pero en ella no ha muerto ni morirá la periodista ansiosa que ausculta y monitorea el poder. No en balde decía Saul Bellow que en algún rincón de toda obra literaria podía hallarse un autorretrato.

Pero puestos a ver, no sólo en los desvelos de Sara Yunus está Patricia. Hay ingredientes de ella esparcidos en la humanidad de cada personaje femenino de la novela, desde el más huraño hasta el más despampanante, pues es un hecho que para la autora, tanto en ésta como en cada una de sus obras, el personaje femenino tiene un peso determinante.

Es notable el tono confesional de la novela. En ocasiones tenemos la percepción de que estamos con ella en Bogotá, en uno de los cafés del Centro Andino, refiriéndonos el último escándalo de la parapolítica, o el misterio de los conjueces en el sórdido tema de la gracias a Dios proscrita reelección uribista.

Hilo de sangre azul es una novela harto entretenida, que bebe del realismo mágico, no tanto por su alineación al elemento fantástico, como por la cadencia de su narrativa y la profusión de hechos insólitos que van apareciendo inesperadamente, como el de la anciana que se torna detective y se hace de un amante, convirtiéndose en una sugestiva y añosa adúltera, que además se comunica con Nardo, un curioso ser de luz que envía a través de ella tan ambiguos como acertados mensajes a la Yunus.

No falta el humor, la gracia, la locura, todo narrado en ese tono coloquial y cotidiano de quien comparte un trago o una cena, sin abandonar la tensión creciente de la historia central, por la que el lector, tras bastidores, sigue formulándose hipótesis acerca de quién mató al trepador de Pedro Ospina.

Se reconoce en esta prosa una clara traza de la picaresca española, que nace de la desconfianza ante la justicia y el agobio que genera a los desamparados su régimen administrativo. La novela no sólo da cuenta de fullerías y miriñaques de los dueños de Colombia. Da fe de la escalofriante arbitrariedad que, como consecuencia de lo anterior, mueve nuestros aparatos de justicia, manejados abusivamente por los hilos del poder. Y esta asfixia, este cuadro de ruina institucional, es el vapor amargo que vamos tragando en paralelo, a lo largo de una novela que termina siendo un símil de la ambición, la ausencia de valores y la desproporción social.

Oscar Marcano  es un escritor venezolano. Fue galardonado con el Premio Jorge Luis Borges, otorgado en Argentina. Puedes leer más textos de Oscar aquí y seguirlo en twitter en @oscarmarcano

Comentarios (3)

Anibal Girondo
19 de Marzo, 2010

Guao, una joya de comentario bibliográfico! Para Venezuela es un lujo contar con escritores como Oscar Marcano, alguien que está haciendo una narrativa extraordinaria sin dejar de lado la atención a escritores más jóvenes en Domingo de ficción y las reseñas de autores de relevancia. Como siempre Oscar la pegó!!! Excelente!!! Gracias.

julieta salas de carbonell
19 de Marzo, 2010

fuimos a la presentacion en El Buscón y compré la novela,la leí de un tirón, la trama te agarra y el final es INSOLITO. Patricia Lara no defrauda.

Sydney Perdomo
3 de Noviembre, 2010

¡Fascinante! NO la he leido la obra, y ya casi me sumergí, excelente manera de narrar caballero :D

Saludos y mis respetos sinceros. :)

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