Artes

“Gloria al bravo pueblo”, poema bicentenario

¿Puede el Himno Nacional venezolano leerse como un poema del siglo XIX? Y si es posible, ¿están bien logrados sus versos e imágenes? Apuntes de lectura para abordar los versos más populares de Vicente Salias.

Por Willy McKey | 10 de Marzo, 2010

“por aquí pasó Beny Moré / más huracanado que el gloria al bravo pueblo / nuestra pobre canción de 1811″.

Víctor Valera Mora

1. Veinte décadas, catorce versos. Si algo he aprendido de los profesores que me han enseñado poesía venezolana del siglo XIX es que ese período hay que tomárselo con un poco de humor: es el distanciamiento perfecto para evitar los caminos de brea y las alfombras de flores. Incluso, es posible que los versos decimonónicos más sustanciosos estén precisamente en el recinto de lo jocoso —las sátiras; los pasquines; los epigramas— antes que en lo que el canon ha incorporado a la tradición.

La fama literaria en vida de Vicente Salias, autor de los versos de nuestra canción patria y bachiller en Medicina, se debía más a su poema satírico titulado “La Medicomaquía” que al sincopado “Viva el bravo pueblo”, título original de su poema de 1810 y que, más de setenta años después, fue declarado Himno Nacional gracias al afrancesado gusto de Antonio Guzmán Blanco. Eso dice mucho de las distancias lectoras que existen entre nuestros años de independencia y la máquina de vapor.

¿Pero puede leerse el Himno Nacional como un poema del XIX? Es delicado, considerando que es apenas un dístico convertido en estribillo y tres cuartetos que —a punta de ritornelos y mucha paciencia de las maestras— se han convertido en tres estrofas. Además, es curioso que Salias escribiera este texto en versos dodecasílabos, una medida anacrónica y prácticamente en desuso para su tiempo. ¿Ánimos de revestir su canción con una patina de tiempo mayor? Quizás, pero si algo es cierto es que el verso de doce sílabas tiene una categoría/defecto clara en cualquier manual de retórica: es monótono.

Catorce versos monótonos cantados durante 200 años. El soundtrack de la República.

2. La ley respetando (y el derecho de autor). En su Biografía de José Félix Ribas (1865), Juan Vicente González se refiere a Vicente Salias como “un griego, amigo de la belleza, lleno de chiste y de sal ática”. El cronista Arístides Rojas, por su parte, recuerda el texto de González añadiendo que Salias descollaba “por su carácter, inteligencia, ilustración”. El asunto es que Vicente Salias goza del aprecio de los historiadores como personaje interesantísimo, pero nunca como poeta… aun cuando nadie puede negar que los versos más escuchados por los venezolanos vienen de su pluma.

Nuestra humilde cancioncita patria (Cabrujas dixit) se conoció durante mucho tiempo con el mote de “La marsellesa venezolana” y, desde entonces, hay distintas versiones en torno al origen de esos versos. Una de tantas asegura que la música le corresponde a Lino Gallardo y que la letra es de Andrés Bello. Es el mismo González quien afirma que la canción escrita por Bello (con un éxito menor evidente) se titulaba “Caraqueños, otra época empieza”, a la vez que le adjudica a Salias la “improvisación” de una pieza más popular llamada “Viva el bravo pueblo”. En síntesis: cuando cualquier locutor en off dice “Letra de Vicente Salias…” lo hace basado en la institucionalización histórica de los comentarios de los cronistas.

Algo más: hay que acotar que los versos de Salias han sido reacomodados varias veces. Según los registros oficiales, Eduardo Calcaño estuvo encargado de modificar algunos detalles en 1881 y Salvador Narciso Llamozas lo retocó treinta años después, seguramente con una idea musical más clara. La versión actual corresponde a una revisión hecha por Juan Bautista Plaza cuando se desempeñaba como director de la Escuela Preparatoria de Música, en 1947. Traicionando al poema, es ésa última la que atenderemos (mientras dure).

3. Lectura lírica (o “a la tercera va la vencida”). Si retiráramos a la letra del Himno Nacional las repeticiones que permiten su musicalidad, nos quedarían apenas un dístico y tres cuartetos bastante pobres en rima e imaginario poético. Pero vayamos al verso, que es lo que nos convoca.

Aunque “La Marsellesa” y su estribillo violento inspiró varias canciones patrias, la América Española prefirió glorificarse. El himno argentino (“Sean eternos los laureles/ que supimos conseguir”), el colombiano (“¡Oh gloria inmarcesible!/ ¡Oh júbilo inmortal!”) y el peruano (“Somos libres, seámoslo siempre/ y antes niegue sus luces el sol,/ que faltemos al voto solemne/ que la patria al Eterno elevó”) son muestras de nuestra preferencia laudatoria. Eso sí: nuestro “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó/ la Ley respetando, la virtud y honor” está más cerca de esa idea que Jorge Romero León usa para definir cierta poesía venezolana del siglo XIX: textos que “elogiaron paradójica y excesivamente las formas más positivas de la vida: la luz, la esperanza, el porvenir, el progreso, la paz, la armonía, la verdad”.

El primero de los cuartetos reza “¡Abajo Cadenas! gritaba el señor / y el pobre en su choza Libertad pidió. / A este santo nombre tembló de pavor /el vil egoísmo, que otra vez triunfó”. La rima que hermana los versos no es brillante, pero sí lo es la capacidad poética para unir a los ricos y a los pobres en un mismo clamor en apenas los dos líneas. Esta eficacia, sin embargo, decae en los dos versos finales, truncando el ejercicio político del canto: ¿hay necesidad de conjurar en un himno el triunfo repetido del egoísmo… aunque sea un triunfo pasado y tembloroso?

El poco músculo que hay en las imágenes de Salias las coloca más cerca de una instrucción militar que de un poema épico. Es fácil verlo en la segunda estrofa: la mezcla de tiempos verbales (pasar del presente subjuntivo “Gritemos” y “Muera” al indicativo “es”, para después diluirse en un “infundió” tan pretérito perfecto como soso) complejiza toda lectura poética posible, pero no para enriquecerla sino para desleír la intención de la voz poética en una nada rimbombante. Sustracción pura, cero: mientras el primer verso gira instrucciones, el segundo es un lugar común (con cierto dejo panfletario) que abre espacio para dos versos finales que, en lugar de rematar alguna —¡cualquiera!— de las imágenes previas, apenas logran completar la rima con un esfuerzo farragoso. Quizás por eso es la estrofa que todos olvidamos, ¿no es cierto?

Ahora bien, el tercer cuarteto operó políticamente de un modo distinto… o al menos efectivo. Es contundente en imágenes y, aunque tibio, más sólido en la rima que los otros cuartetos. Incluso, hay registros de que esta estrofa era la más aborrecida por Vicente Basadre, el último intendente que tuvo Venezuela (y el primer funcionario destituido por la revolución americana). Incluso, se sabe que a España llegó el informe de cantos alegóricos que invitaban al resto de las colonias a unirse como una sola Nación, poniendo a los caraqueños como ejemplo. Si es verdadera su data de 1810, es normal que los versos de Salias parecieran más proféticos que testimoniales… y eso angustiaría a cualquier funcionario de la Corona. ¿Qué pensarían de él al otro lado del Atlántico?

Otro dato: quienes apoyan la teoría de Andrés Bello como autor de estos versos tienen en la tercera estrofa la mayoría de sus argumentos. Por otro lado, varios de estos versos han sido redimidos por entusiasmados críticos que se refieren a Salias como un profeta, una voz capaz de ver más allá de 1810 y prever al ejército patriota libertando a diestra y siniestra cuanta colonia pisaran sus caballos. Si me permiten ser subjetivo, me parece simple entusiasmo nacionalista… y ésa es una pasión capaz de justificar cualquier cosa.

4. Coda. Asunto pop (o el doctor Salias). No es aventurado añadir que gran parte de la popularidad que ganaron los versos improvisados por Vicente Salias fue gracias a que J. J. Landaeta logró acomodarla en esa síncopa del arrullo tradicional. Los versos calzaron a la perfección en un arrorró de nanas y nodrizas que el compositor enriqueció con cuerdas y vientos. Así dicen que se musicalizó esa suerte de canción del verano decimonónico. Y de que pegó, pegó…

Pero la síntesis no es alentadora: la improvisación de unos monótonos dodecasílabos, hechos por un médico famoso por su humor y puestos en clave musical de arrullo, con alguna flaqueza poética y cuestionables pulsiones proféticas. Eso fue lo que Antonio Guzmán Blanco, setenta y un años después de compuesto, declaró Himno Nacional. Ése es el arrorró que hoy oímos, por decreto, cada seis horas en todos los medios audiovisuales. Es como si sus versos estuvieran pensados desde 1810 para iniciar los desfiles militares, los días de clase, los actos protocolares… en síntesis: para adormecernos.

Estando así, confieso que me resulta útil volver a la idea de que el Vicente Salias poeta no era conocido precisamente por su fetiche con el dodecasílabo ni por la autoría de la canción patria, sino por ese extinto poema satírico llamado “La Medicomaquía”. Si alguien lo conoce, agradecería que me dejara leerlo: quiero reconciliarme con la “sal ática” del poeta Salias… por lo menos antes de que el Himno Nacional sucumba a más cambios… de esos que ya han afectado a las otras divisas nacionales, según las lenguas menores.

Mayores señas

Una recomendación: “La Comisión (Himnovaciones)”, de Les Luthiers. Son cuatro partes; acá la primera: http://bit.ly/e01wU

Juan V. González. “Biografía de José Félix Ribas”. Edición facsimilar de la Revista Literaria. Caracas: Tipografía Vargas, 1956.

Arístides Rojas. Crónica de Caracas. Caracas: Fundarte, 1994 (2da. edición).

Jorge Romero León. La sociedad de los poemas muertos. Ciudad Universitaria: Fondo Editorial de Humanidades y Educación (UCV), 2002.

Síguenos en Twitter. Síguenos en Facebook
Comparte este artículo

Comentarios (22)

Patricia López M.
10 de Marzo, 2010

Gran trabajo de reconstrucción poética e histórica.

La Judía
10 de Marzo, 2010

Siempre me han gustado los escritos “abre-bocas”, esos textos construidos entretejiendo los argumentos hasta llegar a ese “¡Coño!” que soltamos suavemente al terminar de leer y que nos llevan a repasar las estrofas, investigar, comentar…
Éste, mi estimado Cristiano, es uno de esos. Saludo la iniciativa y la aventura que ha emprendido al analizar texto y contexto de nuestro himno.
Estaré al pendiente de la discusión que se genere, que debería generarse. Sean bienvenidos los aportes. Estaré al pendiente.

Maigli Velásquez B.
11 de Marzo, 2010

“En síntesis: cuando cualquier locutor en off dice “Letra de Vicente Salias…” lo hace basado en la institucionalización histórica de los comentarios de los cronistas.” Como tantas otras cosas… ¿No?

Una visión interesante, que me sorprendió profundamente quizás por lo inesperado que le resultó a mi ingenuidad nacionalista cada planteamiento. Cuando estudiaba bachillerato me tocó hacer un “análisis” de significado de la letra del himno (por negarme a hacer uno sobre la simbología del escudo) y creo que conservaba la mirada cristalina que sobre el himno tuve a los 15 años. Una movida de piso, pues. Ahora ¡a pensar! Me gustaría saber si teníamos otras opciones al momento de institucionalizarlo y, de ser así, me encantaría saber cuáles eran. Bendita curiosidad.

A pesar de todo, el cariño es el mismo y aunque sigamos confundiendo (e invirtiendo) los últimos versos de la segunda y tercera estrofa en cuanto partido de beisbol o acto “solemne” lo entonamos, “seguimos arrullando a los niños con el himno nacional” en vez de verlo como una nana en vez de canción patria.

Un gusto.

Carlos
11 de Marzo, 2010

El himno nacional siempre me ha parecido muy pobre, en eso coincidimos y en particular ese mensaje, que además es estrofa repetida en el canto, en que el egoísmo es el triunfante quizás alimenta la indefensión como sociedad.
Quizás es mejor oírlo sin la letra, pero nada se puede hacer pues en definitiva, con los cambios que haya sufrido, es el canto oficial del país.
En una nueva constitución se le podrá dar un toquecito a esa frase tan desafortunada?

Willy McKey
11 de Marzo, 2010

Patricia, agradecido por tu lectura… pero sobre todo por descubrir que nos queda mucho por hilvanar en nuestra idea de una Historia de la Literatura en Venezuela (ojo: “en Venezuela” y no “Venezolana”).

Judía, la idea es que también nos revisemos identitariamente: 200 años es nada antropológicamente, pero hay que ir escrutando las cosas con distancia y juicio crítico: agradezco mucho tu interés y compañía en este texto.

Maigli, es interesante oír en boca de niños y adultos cosas como “la virtud de honor” o “y si el nepotismo” o “Unida solazos” o simplemente preguntarle a un estudiante que es “Empíreo”. Nos encariñamos con el Himno Nacional casi que por obligación, por decreto. Sin embargo, estar orgullosos de nuestro país o de nuestro gentilicio no tiene nada que ver con cuestionar la calidad literaria de la canción patria (hay muchos que cantan el Himno como si en eso se les fuera la vida… pero vaya desvíos que tienen luego en contra de la Patria). Opciones, hubo muchas… entre ellas “Caraqueños, otra época comienza” que es la que más información tiene desperdigada en la web. Pero dudo que consigamos argumentos en la decisión de Guzmán Blanco: él no era de explicar mucho sus antojos.

Carlos: ¡vaya idea la que estás proponiendo! Me resulta interesante, pero a la vez tiemblo. Justo donde dice “Mayores señas”, al final del texto, hay un link que lleva a una rutina inteligentísima de Les Luthiers, el grupo argentino de humor, llamada “La Comisión (Himnovaciones)”. Si tienes tiempo, mira las cuatro partes y dime si no crees que correríamos un riesgo tremendo al ponernos a modificar el Himno a estas alturas.

Gracias a todos.

Carmen Romero
12 de Marzo, 2010

Muy interesante su análisis señor McKey, me ha aclarado muchas cosas y, además, despertado una gran curiosidad en mi cabeza. Soy de Maracaibo, y desde siempre he oído decir a las personas de acá o que han vivido acá unos cuantos años, que el himno del estado Zulia es mucho más bello e imponente que el Himno Nacional. Yo en lo particular nunca he entendido el por qué de esta aseveración, porque tampoco he logrado entender nunca el himno de este estado, que a mi parecer está lleno de esa rimbombancia vacía que funge perfectamente de cortina de humo a un vacío de creatividad, o a una falta de “ganas de hacer poesía”. Algún día, espero que sea pronto, me gustaría leer un análisis del himno de mi estado como el que ha hecho usted con el “Gloria al bravo pueblo”, aclararía mucho el panorama no sólo para mí, sino para una gran cantidad de personas que tienen inquietudes con respecto a él también. Aquí le dejo un link a la letra, por si no ha tenido la oportunidad de leerla u oírla: http://es.wikipedia.org/wiki/Himno_del_Estado_Zulia#Letra
Mi más cordial y respetuoso saludo.

Maigli Velásquez B.
12 de Marzo, 2010

Willy, ciertamente le tomamos cariño por decreto, por costumbre, porque nos enseñan a quererlo sólo porque “así debe ser”. También estoy de acuerdo contigo en que escuchar en boca de niños(y no sólo de ellos) esos versos “hace ruido”, sobre todo porque estoy completamente segura de que no tienen idea del peso y significado de esas palabras. Al menos tuve la suerte de que de chama me obligaron a revisarlo y a buscar en el diccionario el significado de “empíreo”. Para mí lo más desalentador no es que sus versos sean poéticamente pobres o monótonos sino darme cuenta de que ¿a quién le importa? si para el común de los venezolanos el himno está escrito en otro idioma y cada quien tiene su propia versión. Sí, escuchamos por ejemplo: “la virtud de honor” o “y si el nepotismo” o “Unida solazos” y una vez una compañera de clases me preguntó qué significaba “golanzó”. Jajaja… No entendía hasta que me lo cantó: ella decía “Gloria al bravo pueblo que’lyu – golanzó” ¡Y esto fue en serio!

Pero, bueno… Te escribía porque en clase de Literatura Venezolana estamos tratando el asunto de la parodia y la sátira y le comenté a la profesora Florence Montero sobre tu artículo. Me proporcionó algunas fuentes para revisar e incluso me habló de algunas estrofas que ya no están. En fin, nos pareció interesante revisarlo en clases pues hemos tratado algunos temas y autores que mencionas y la visión que ofreces me pareció que podía complementarnos ¿Hay algún inconveniente? Por favor, avísame.

Gracias!!!

Gabriel Payares
12 de Marzo, 2010

Oye: “que’lyu – golanzó”. Puro Lovecraft criollo. Buen artículo, Mckey.

Willy McKey
12 de Marzo, 2010

Carmen: ya varias personas, vía Twitter, me habían adelantado detalles del himno zuliano. No tiene desperdicio… seguramente resulta interesante ahondar en él, aunque sus rimas e imágenes están mucho mejor logradas. Ni hablar de la rima, que es más sólida que las de Salias. A ver si surge algún entusiasmo por re-leer nuestros símbolos: por ejemplo, la desaparición del rayo del Catatumbo (esperemos que temporal) hace que el escudo zuliano luzca nostálgico.
Maigli: grandes anécdotas. Encantado de que Florence, quien me dio clases durante el pregrado, eche un ojo a mi breve texto. Encantado y, como la ves a menudo, salúdala.
Gabriel: la asociación con Lovecraft es aguda e inteligente… l oque cuenta Maigli hace que uno casi diga “Ojalá dijera eso”. Gracias por la lectura.

miguel angel
14 de Marzo, 2010

El de Willy es el punto de una generación, y en ella entran otras, ilustrado y con la distancia de la sobria ironía, el trabajo vale por un tiempo que emociona: el juicio intelectual alejado de nacionalismos estériles, que ya es decir bastante. Cuestionar los símbolos es una tarea para la que todos no están aptos, conocerlos y documentarse pareciera una condición necesaria, pero no es suficiente, es preciso el juicio, el texto lo tiene visible entre manos. miguel angel campos.

Adriana Romero Puche
14 de Marzo, 2010

¿Hasta qué punto, si existe, el venezolano común se pregunta por el detrás de cámaras de nuestros símbolos? Que yo recuerde en mi coelgio sólo cantábamos como loros y pintábamos (sin ponerle mucha creatividad) los símbolos patrios. Ni siquiera nos cuestionamos,o nos enseñaron a preguntarnos, por los discursos que consolidan nuestro identidad, si es que es válida la noción.
No sé. Pregunto. ¿Seguiremos repitiendo como loros?
Me gustan estas reflexiones, pero creo que no se deben quedar en la web. Ahora tampoco sé cuán efectivos puedan ser los foros o debates.
Creo que ahora sé poco de lo poquito que ya sabía.
Gran reflexión, Willy. Me pusiste a pensar en mi pasado y en lo que vendrá.

Nolan Rada
15 de Marzo, 2010

Sí, se confirma cualquier pronóstico y se esfuma cualquier duda con relación a tu capacidad y fácil manera de enseñar. No creo que, en esta oportunidad, lo hayas hecho a conciencia; lo que, al menos para mí, potencia aún más tu(s) talento(s)-y si exagero no me importa-. Lo anterior es debido a que extrayendo distintas frases de tu texto, uno, ignorante, logra interpretar distintas herramientas con las cuales abarcar poesía y, por qué no, distintos textos.

Me explico: “…pero sí lo es la capacidad poética para unir a los ricos y a los pobres en un mismo clamor en apenas los dos líneas.” Esto, lo interpreto así: no te quedes únicamente con el significado explicito de algo; dale la vuelta y procura entender o ¡entiende! lo implícito.

Otro ejemplo: “Es contundente en imágenes…”. Al menos yo, quizá por la misma ignorancia o porque no me fijo, al leer poesía me dejo llevar más por la rima. Sin tomar en cuenta como mediante una analogía, una metáfora…, te logran dibujar algo en tu cerebro que, por simple que sea, al ser de una forma distinta resulta fascinante.
Con relación al Himno…: creo que por los comentarios anteriores el asunto no ha cambiado con relación a lo que he vivido: el Himno se te ofrece como algo que ¡debes! conocer, cantar y hasta amar. Y, sabemos todos, que las cosas forzadas pocas veces resultan en un arraigo hacia ellas. Ahí la primera falla y el punto de partida a distintos temas como lo descompuesta y malograda que está la sociedad. Recuerdo, con especial cariño, que por culpa de un amante de la Literatura, ahora leo cosas que nunca pensé que compraría. Y eso fue debido a que procuraron llevarme la Literatura (de Venezuela) como un arte, como una pasión y no como una obligación. Lástima que dicha persona tenga tan malos gustos deportivos. Gracias por la clase, maestro.

Manuel GK
16 de Marzo, 2010

Viejo, lo leí y me mató, eso es todo, más nada. Aleluya a los genios que despierta toda crisis.

Willy McKey
16 de Marzo, 2010

Manuel, muchas gracias por ese abrazo escrito.
Nolan, sigo tu blog deportivo y es un orgullo tenerte acá, leyendo estos apuntes.
Adriana: es el peligro de los símbolos que terminan deviniendo deberes… todo es discurso, cierto, ¿pero y la representación? Cuando creemos que una bandera, un himno, un embajador… cualquier “significante” es capaz de “significar” por nosotros y en cambote es cuando surge la duda. Quizás lo más curioso es que mi texto puede interpretarse como un cuestionamiento al Himno como símbolo, cuando en realidad sólo cuestiono su calidad literaria (y la eficacia política de algunas de sus imágenes), pero como divisa… como divisa tengo la triste sospecha de que, en efecto, nos representa; o al menos representa a la Venezuela heredera de los excesos decimonónicos (los hay buenos y los hay malos: desde la retreta hasta Guzmán Blanco).
Profesor Campos: izo toda mi admiración hacia usted, por sus textos y su conocimiento del hecho literario. Leo, asombrado, su comentario y me permito celebrarlo con una algarabía que no pondré por escrito.
Gracias a todos por leernos.

Jenny
18 de Abril, 2010

Excelente artìculo lo felicito

Pedro Velasco
24 de Junio, 2010

Supongo que el Himno Nacional es – sólo- un “símbolo” patrio, como son la bandera y el escudo ( emblemas, alegorías, insignias…)Sus textos o representaciones son lo de menos y salen sobrando, a estas alturas de la civilización y la modernidad, cuando la condición de ser ciudadanos de una Patria, es suficiente para sentirnos vinculados a ella, por el afecto, el sentimiento, la familiaridad y hasta el orgullo de ser sus “nacionales”. Buscarle la “quinta pata” al gato, tratando de “interpretar”, entender o criticar, la calidad literaria del texto de la “canción nacional” o su “paternidad”; me parece una soberana pérdida de tiempo o un “gasto” innecesario de la erudicciòn de los “eruditos” en historia o en literatura; ya que lo que dice su letra – bien o no tan bien dicho, según la preceptiva literaria o la poética – no tiene otra relevancia que la que podría conferirle el mensaje político, conservador o revolucionario, que pudiese expresar – con sus palabras, inteligentes o ripiosas – escritas en su momento de nacer…La letras de los himnos patrios se hacen “démodé” y se convierten en un simple recuerdo histórico – bueno, regular o malo-, cuando el “modo de producción” de la economía nacional, hace que cambie el carácter, el sentimiento y la conducta de los pueblos; por las “viles” o “conmovedoras” razones de la abundancia o el hambre…o por la aparición de algún “mesías” o “avatar” que intente cambiar la “tesitura” de la voz popular, por la del “canto del cisne” ! Si, en los tiempos que “nos corren”, se trata de entonar una melodía que exalte el espíritu nacional y nos identifique con la Patria, con una identidad más hermosa, menos controvertible y más honesta; sería más indicado cantar el “Alma Llanera” o “Barlovento”, que nuestro “anecdótico” e “incitador”: “Gloria al bravo pueblo…”, que todo el mundo canta mal y que ha sido mil veces “utilizado” y “manoseado” y “arreglado” por la “ilustrada” o “irreverente” hipocresía de los “tirios” y “troyanos” que han conmovido nuestra historia patria…A pesar de que, al decir de nuestra inolvidable compositora musical Connie Mendez: “arrullamos a los niños, con el himno nacional” ! Es mi modesta y sincera opinión de médico guayanés del común, por muchas generaciones venezolano… y sensible y cuerdamente ciudadano !!! * SALUD ! *

Willy McKey
24 de Junio, 2010

Pues, ya ve doctor Pedro: no debe ser tanta pérdida de tiempo si le permite a usted expresar su identidad de esa manera. Gracias por la lectura y un abrazo.

Pedro Velasco
26 de Junio, 2010

Distinguido Señor Willy McKey: Cuando escribí lo de la “pérdida de tiempo”, me refería al: “tratar de interpretar, entender o criticar la calidad literaria de la canción nacional o su paternidad “…que no es -precisamente- para eso que se “componen” los HIMNOS o CANCIONES nacionales !… Cuya “misión” fundamental, parece ser, -desde los tiempos de las trompetas de la Grecia “antica”- la de hacer presente e identificar el “gentilicio” de la patria y sus conciudadanos, o exaltar el ánimo de los “patriotas”, dentro o fuera del territorio nacional…La letra o el texto de tales “símbolos patrios” (himnos y canciones), es producto de una “circunstancia”, que pudo haber tenido su importancia en su tiempo; pero que cambia -con sus aciertos y errores – como cambia toda circunstancia temporal, en el “ánimus” de la gente…Quizás la partitura musical sobreviva a las épocas, libre de críticas y “manupulaciones”, siempre y cuando su composición (o partitura) haya obedecido a un patrón melódico, capaz de estimular “ad perpetuam”, la emocionalidad y la honesta afectividad que, por la patria, tengan sus nacionales… En suma, debo decirle que: no expreso mi “identidad”, con lo que he dicho o propuesto, sino tan sólo mi “opinión” !!! Y GRACIAS ! Señor McKey, por la gentileza y brevedad de su respuesta. Espero “leerlo” nuevamente, con su mayor extensión y mi mejor interés ! Reciba usted mi sincero aprecio con un SALUDO muy cordial !!!

Cecilia Pla
26 de Junio, 2010

ay pedro, bájale dos

Pedro Velasco
27 de Junio, 2010

Algún dolor, Doña Cecilia ? Dispense usted, pero lo digo por el “ay” pedro…Por lo demás, muy poco dice o nada entiendo ! De nuevo digo: con mis respetos, DISPENSE usted !!!

Iñaki Alaya
4 de Julio, 2010

Buen artículo!! Sobretodo la idea central y las secundarias!, gracias. Me despido al fragor de las calenturientas apostillas del ultimo foristas. A la señorita Cecilia, que debiera de aportar más al debate y al ñor Velasco de veraniego nerviosismo, que sus fuentes encuentren cauce. Disculpe el autor del articulo tanta diatriba

Pedro Velasco
7 de Julio, 2010

Con la anuencia de nuestro estimado articulista, Sr. McKey, cuyo escrito -al comienzo- es lo que nos motiva; deseo preguntarle al Sr.Ayala ( en mi condición de médico especialista de muy vieja data )y sin intenciones de establecer, con él, un diálogo infecundo: a que llama “veraniego nerviosismo”, adjudicado al “señor Velasco” (a quien no conoce)… que, cuando menos, se podría considerar una ordinaria falta de consideración…Y a cuales “fuentes” se refiere, cuando escribe, con un dejo de “levítica” ironía: “…que sus fuentes encuentren cauce”… Me gusta el Castellano, bello idioma – con el cual nací y me precio de serle fiel – sin ambages ni criptografías, que hacen difícil el entender de algunas frases ! Estamos en el respetuoso debate, sobre el polémico e interesante artículo del Sr. McKey; sin desconsiderarle con ” las calenturientas apostillas del `
último forista” (tal cual opina el Sr.Ayala), y sin introducir en el “foro” de los distinguidos comentaristas, NADA que se parezca a una DIATRIBA ! Para terminar, con mis respetos, pido a UD. el favor, de leer y hacerse entender- en el futuro- un poco mejor, Sr. Ayala ! Pásela bien !!!

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.