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La noche de las luciérnagas

Crónicas del carnaval de Carúpano

Por Rodrigo Blanco Calderón | 4 de Marzo, 2010

Uno de los eventos que más llama la atención del Carnaval de Carúpano es La noche de las luciérnagas. Parodia del Miss Venezuela, parodia de lo masculino y de lo femenino, este espectáculo se transforma, para quien tenga la disposición de observar sin juzgar, en un descubrimiento: la mutación de los sexos por pura fuerza de la voluntad.

Me recomendaron que fuera a la peluquería de Asdrúbal, pues allí me podían facilitar información sobre el evento. El local era breve y violeta. Un reducido pasillo, más bien oscuro, con cuatro sillas ocupadas por clientes. Un hombre moreno, fornido y de cejas delineadas hace de recepcionista. Converso con él y me recomienda que hablé con “La chiqui”, pues ella participó en La noche de las luciérnagas de 2009. La llama, ella se acerca y nos sentamos en el mueble de espera para conversar.

Es morena, tiene el cabello en forma de crinejas que entrelazan el rubio y el negro y unos lentes de contacto azules que no logran disimular el castaño natural de sus ojos. Es femenina y es masculina y en el seno de esa simultaneidad es otra cosa más que no logro determinar. Si midiera tres metros de estatura, podría haber participado como extra en la película Avatar.

-¿Cómo te llamas? –le pregunto.

-Esmeralda.

-¿Sólo Esmeralda?

-Esmeralda Bracowitz.

-¿Puedes escribirlo tú? –le digo para no equivocarme. Le ofrezco el bolígrafo y la libreta. Tiene las manos entrelazadas y sin inmutarse dice:

-Bracowitz, como suena.

-¿Así, con “w”?

-Ajá –contesta, sin siquiera mirar la libreta.

En efecto, participó en La noche del año anterior. Fue coronada como la Reina de Internet, gracias a los votos de los internautas. Ahora le toca entregar la banda a su sucesora y me ofrece acceso a los camerinos. Anoto el número de su celular y quedo en llamarla el domingo, día de la elección, a las 8 de la noche.

Aprovecho para preguntarle por la historia del evento, desde cuándo se celebra. No sabe y consulta con Asdrúbal, un hombre de unos cincuenta años con el cabello oxigenado. Asdrúbal contesta, mirando hacia el techo y posando la mano que sostiene la tijera en sus caderas, que quizás La noche tenga “unos 15 ó 20 años” de antigüedad. Esmeralda agrega que la elección es de carácter internacional. Le pregunto por la procedencia de las candidatas.

-Margarita, Puerto La Cruz, Caracas y así.

La conversación, que ya finaliza, se interrumpe. Una señora acompañada de su hija en uniforme escolar se acerca a Esmeralda para despedirse afectuosamente de ella. Ya en la calle, me pregunto cómo serán los niveles de tolerancia, fuera de temporada, con la homosexualidad gesticulante y el travestismo libre que se observa al menos durante aquellos días.

En el desfile de fantasías, que presenciamos el lunes de carnaval, una escolta de policías resguarda el paso de las luciérnagas mejor provistas. Una de ellas, con un bikini simbólico y unos senos que amenazan desbordar el top de lentejuelas, se convierte en un verdadero suceso. El tráfico del carnaval se detiene: todos, hombres y mujeres, gordos cerveceros y madres de familia, quieren una fotografía con la diva. Los oficiales permanecen alrededor atentos a cualquier entusiasmo que se salga del límite.

Al caer la tarde, después del desfile de los colegios, hacen su recorrido las mejores carrozas. A lo lejos, entre el espejismo caluroso que produce la cantidad de gente y el cielo cada vez más oscuro, un destello rosado titila y avanza hacia donde me encuentro. Al tener la carroza en mi propia acera, concluyo, junto a todos los que me rodean, que se trata de la ganadora. Es simple en su concepto (un hombre disfrazado de reina de belleza) y majestuoso en su realización (plumas, lentejuelas, telas, piedras y numerosos adornos, todo en un rosado brillante). Esa carroza, por la pura fuerza de su magia, prolonga la tarde.

-Esta es la última vez que Asdrúbal va a participar –me comenta una señora.

-¿Quién?

-Asdrúbal –me dice, señalando a la reina que corona la carroza. Aguzo la mirada y entonces reconozco al dueño de la peluquería.

-El año pasado se gastó 32 millones. No me imagino cuánto habrá invertido en ésta. Se retira, pero va a asesorar en la confección de otras carrozas –dice la señora, con un conocimiento de causa que refleja el respeto que le inspira.

-Los maricos pasan todo el año ahorrando nada más para el carnaval –dice otra mujer, mientras vemos el cortejo de luciérnagas que completan la comitiva del peluquero.

Minutos después, aparece Esmeralda transformada en discípula del diablo. Un traje negro, de cuero sintético, unos largos tacones y unos cachitos luminosos, conforman su atuendo. Alguien frente a mí le pide que pose para una foto y Esmeralda lo hace con gusto y profesionalidad. Nuestras miradas se cruzan y una sombra de duda, me parece, le hace recordar mi rostro.

Según lo acordado aquel día, la llamé a las 8 de la noche del domingo 14 de febrero. Esmeralda nunca respondió el teléfono y no tuve acceso a los camerinos ni pude entrevistar al organizador del evento. Una vez que estoy a las puertas del Centro Italo, y ante la desaparición de Esmeralda, no me queda otra opción que pagar los cien bolívares de la entrada y buscar una mesa.

El espacio es increíblemente amplio y al aire libre. Numerosas mesas con manteles color pastel y sillas de plástico hacen pensar en una boda bucólica a gran escala, o en una fiesta de cumpleaños que organiza un capo de provincias para su hija de 15 años. La tarima, o el escenario, luce un graffiti de fondo que se presta para una enumeración borgeana: el skyline de la ciudad de Seattle, un hombre lobo con los labios pintados de rojo, la estatua de la libertad, la silueta de Michael Jackson (delineada con un juego de sombras tipo Johnny Walker) y una mujer negra en pleno éxtasis ¿carnavalesco?

Tan exótico (en este contexto) como la puesta en escena es el público que este evento convoca. Grupos familiares enteros y “funcionales” (papá, mamá, hijos y abuelita) se apresuran a obtener alguna mesa cercana a la pasarela por donde desfilarán las candidatas. Los veo ubicarse, contentos, mientras siguen con sus cuerpos el ritmo de un calipso cuyo coro dice: “bacanal, bacanal music, carnival party”. Una mezcla de convencionalismo y derrape que hace de Carúpano una interrogante viva.

Willy Mckey, Virginia Riquelme y yo nos ubicamos en una mesa del lado derecho del escenario. Clareth, junto a parte de su familia, es nuestra vecina en el espectáculo. Allí conozco a Francisco Angrisano, hijo de Humberto Angrisano, el primer presidente de la Junta del Carnaval Internacional de Carúpano. Le pregunto por la antigüedad y el origen de La noche de las luciérnagas y de nuevo quedo en la incertidumbre. El padre de Clareth recuerda una edición del certamen, hace varios años, que terminó en una guerra campal de sillas voladoras por el robo descarado de la corona a su legítima ganadora.

Las cosas empiezan mal y precisamente porque tardan demasiado en empezar. A las 11 de la noche, dos horas después de la hora pautada para el comienzo, arranca el espectáculo. La voz interna pide disculpas por el retraso: un tráfico infernal impedía la llegada de las candidatas y de buena parte del jurado.

La animación es compartida por una ex Reina de las Luciérnagas y por Doña Gumersinda, una comediante de la televisión que se caracteriza por un humor agresivo-senil-agresivo. Suena de fondo la canción del Miss Venezuela y salen las candidatas a escena, realizando una coreografía un tanto espontánea. Son sólo nueve que representan a los estados Carabobo, Delta Amacuro, Falcón, Guárico, Miranda, Nueva Esparta, Sucre, Trujillo y Zulia. Una Capitanía Homosexual de Venezuela que coloca a Carúpano en un lugar privilegiado en cuanto al respeto (o incluso la celebración) por la diversidad de género.

El primer desfile, en traje de verano, arroja las primeras tendencias. Miss Trujillo capta de inmediato la atención por su metro noventa y dos de estatura y Miss Guárico tiene unas piernas fuertes y delineadas que también la colocan como favorita. Miss Sucre, por su parte, derrocha simpatía y cuenta además con la ventaja de jugar en casa. Miss Zulia, por motivos desconocidos que al final se volverán sumamente sospechosos, no aparece.

Se produce la primera pausa musical y es entonces cuando entramos en “La dimensión desconocida”. Un grupo de reguetoneros famélicos y de bailarines con bufandas trata, sin éxito, de animar la velada de un público que les hace pagar con su silencio la desorganización y la espera. Uno de los intérpretes padece de que lo que se conoce como “media lengua” y su invocación al gentilicio que lo escucha se transforma en un chiste involuntario: “¡Adiba, gente de Cadúpano!”.

Luego, viene el desfile en traje de baño y la elección de la mejor figura. Willy y yo insistimos en que Miss Guárico merece el premio, pero el público queda fascinado ante la espigada estampa de Miss Trujillo y esta recibe finalmente la distinción. La música se va adaptando al perfil de cada segmento. Una canción de soca, cuyo coro reza “Chuuuupa la mazorca”, expresa a los cuatro vientos la contorción que subyace a todo el entramado del travestismo.

Nueva pausa musical. Le toca el turno a Eiker, un muchacho musculoso, de pelo secado, que se frota la entrepierna a modo de presentación. Eiker lleva una franela blanca, pegada al cuerpo, unos bluyines tan ajustados que parecen de tempera, y unas botas negras estilo Astroboy. De entrada uno pensaría que se trata de un stripper con vocación de cantante. O, en todo caso, un gay corpulento como cualquier otro. Sin embargo, cuando se dirige al público, pienso que cabe la posibilidad de que Eiker sea heterosexual. De que Eiker se vea a sí mismo, o, lo que sería más complejo aún, que la gente asuma a un personaje así como una nueva forma de la masculinidad. Tiempo después de su presentación, vemos a Eiker sentarse en una mesa próxima a la nuestra. Lo recibe una de las tantas familias tradicionales que llenan el recinto (muy probablemente, su propia familia) y lo felicitan. Entonces me digo que hay cosas de Carúpano que simplemente jamás llegaré a entender.

La música hace al mundo. Me imagino un pequeño radio transmitiendo un delgado hilo musical, único remanente de una civilización devastada y punto de partida de otra, irrigada por la armonía y el ritmo. Pienso en esto al ver el desfile en traje de gala. Suena la “Balada para Adelina” de Richard Clayderman, veo a las candidatas caminar con mirada soñadora y me conmuevo. Miss Trujillo, con un vestido rojo, vuelve a acaparar las preferencias. Como una atracción paralela al evento, se destaca el recorrido entre las mesas del público de la Reina de las Luciérnagas 2009. Su belleza y su andar comedidos confirman que la presente edición del concurso deja mucho qué desear en todos los aspectos. Entre las muchas cosas extrañas vistas esa noche, recuerdo a dos jóvenes enmascarados de El Santo y Blue Demon fotografiándose con la Reina.

La noche de las Luciérnagas terminó a las 4 de la mañana. La organización se reservó una tortura final antes de la revelación del veredicto. Una cantante negra, bastante rolliza, parecida al personaje Ursula de La sirenita, cerró la ronda de dobles. Antes, en otras pausas musicales, habíamos tenido el infortunio de ver las presentaciones de Héctor Lavoe y Oscar de León. Los imitadores parecían conocer profundamente la teoría brechtiana del distanciamiento, pues con cada canción y cada gesto nos recordaban que no eran Héctor Lavoe ni Oscar de León. A “Ursula” le correspondió imitar a artistas tan disímiles como Celia Cruz, Gloria Trevi y Ana Gabriel. El paso entre una y otra venía mediado por unas palabras de presentación de la propia Úrsula, quien parecía caer en trance cual pitonisa, para luego entonar “La vida es un carnaval”, “Pelo suelto” o “Ay amor”, respectivamente. La clave del random lo brindaba, además, las letras y el fondo musical de las canciones, pues Úrsula interpretaba todos los temas con una misma, idéntica, insoportable voz. Pensé en los cien bolívares de la entrada. Pensé que el mal gusto, de hecho, puede llegar a saber mal y me consolé con la idea de que estaba asistiendo al inicio de una nueva etapa geológica: el postkitsch.

Cuando el público comenzaba ralear, se consumó la conocida escena de la premiación final. Miss Sucre obtuvo la distinción de Miss Simpatía y con ello alcanzó el escaño de segunda finalista. Willy, Virginia y yo manejábamos la opción de Miss Miranda como primera finalista, pues resultaba obvio que la ganadora sería Miss Trujillo. Sin embargo, como en un país a escala, también en La noche de las Luciérnagas, la corrupción enturbió las aguas de la transparencia. Miss Trujillo fue designada primera finalista y fue entonces cuando el público comenzó silbar y a protestar. “Reina, Reina, Reina”, coreaba la gente, como una manera de adelantarse a lo que consideraban un robo flagrante.

La corona fue a parar a la cabeza de Miss Zulia, una candidata grotesca que sólo se había destacado por su sospechosa ausencia en el primer desfile (quizás en ese momento se estaba concretando el acuerdo) y por obtener previamente la condecoración estipulada en los concursos de belleza para la fea del grupo: Miss Amistad.

Estábamos indignados. Honestamente indignados. El público comenzó a abuchear más fuerte y decidimos marcharnos antes de que las luciérnagas se apagaran y las cosas se pusieran color hormiga. Recordé la anécdota contada por el padre de Clareth y me dejó de sorprender. Con gusto yo hubiera lanzado mi respectiva silla ante la injusticia cometida contra Miss Trujillo: una injusticia tan grande como la propia reina usurpada.

Ver primera entrega: Carúpano: la vida es un carnaval

Ver segunda entrega: Carúpano: inmigraciones, permanencias y olvidos

Rodrigo Blanco Calderón 

Comentarios (9)

Enza García Arreaza
4 de Marzo, 2010

“Pensé que el mal gusto, de hecho, puede llegar a saber mal y me consolé con la idea de que estaba asistiendo al inicio de una nueva etapa geológica: el postkitsch.” Rodrigo, esto es extraordinario. No sabía que mi Oriente era tan mítico, por Dios y La Virgen.¡Gracias!

Willy McKey
4 de Marzo, 2010

La saga sigue iluminadora, grata, magra. Sin embargo, utilizaré este medio para volver a repudiar, visiblemente, el triunfo de Miss Zulia: patética alucinación petrolera. Ni siquiera la omisión de Miss Guárico en el cuadro final me indignó tanto como la deplorable manera de querer tapar un metro noventa y dos con un dedo. Eso sí: uno ve a los enmascarados y siente que la noche de las luciérnagas nunca estuvo tan segura. Y el que esté libre de máscaras, que lance la primera silla.

Beatriz Opitz
5 de Marzo, 2010

Otra misión cumplida por el dúo dinámico!

Michelle Roche
6 de Marzo, 2010

Wow. No me esperaba que esto existiera… en Carúpano. Pensar que los desfiles de belleza, degradantes en otros contextos, sean territorios de tolerancia para la sexo-diversidad. No deja de sorprenderme la cultura nacional.

Francisco Angrisano
8 de Marzo, 2010

Tenia muchas expectativas con este evento. En otras epocas, los comentarios sobre “La Noche de las Luciernagas” traspasaban las fronteras. Hoy en dia, no me atreveria hacer mencion a el, siquiera recomendarlo. Una de las pocas cosas, por no decir la unica, que no me gusto de estos Carnavales. Tenia un poco mas de 10 años, que no asistia a un Carnaval de Carupano. El ultimo fue en homenaje “en vida” a mi padre. Tratando de pasar inadvertido, sentandome junto a mi familia en vaias esquinas para poder apreciar los desfiles, comentaba la gente casi de manera automatica y sin ser requeridos, que añoraban los Carnavales de Humberto. Debo reconocer que estas expresiones voluntarias sembraron este pasado febrero 2010, mucha mas admiracion de la que tenia hacia mi padre. Honor a quien se lo merece; estos ultimos, a mi manera de ver, estuvieron muy buenos. Excelentes artistas, carrozas y comparsas. Lastima que la politica estuviese presente de manera importante en el. Sol espero poder conseguir un mejor sitio para alojarme el proximo año, para volver, junto a mi madre, esposa e hijos, a disfrutar de unos momentos inolvidables tanto para ellos como para mi.

alexander
17 de Marzo, 2010

waoo!! yo esperaba mucho de mas de ese evento ya que siempre me comentavan que era uno de lo mejor de los carnavales de carupano y lo que puedo puedo opinar que lo unico, que me gusto de ese evento fue la animacion de la ex Reina de las Luciérnagas y Doña Gumersinda, y claro la precentacion de Eyker Ocallagha que tipo tan bello que musculos y mejor aun que voz tiene el hombre me encanto el homenaje que le hiso a Monica Naranjo muy apropiado para la noche no compredo el roconocimiento al de la eCEnografia que era fatal!!

cielo
11 de Mayo, 2010

hola en realidad tube la oportunidad de asistir a este evento en el 2009, y me parecio acorde sin embargo luego de leer las criticas de este año 2010 . al parecer se ha manifestado la baja calidad del mismo… a mi parecer para ser un evento tan nombrado y para mantenerce en el tiempo sus organizadores deben ponerle atencion al mismo o moriran en el intento …..

Ly_Carta
29 de Octubre, 2010

La forma de relatar es tan fresca, que por momentos olvidaba que no era un cuento sino una historia real. Excelente.

mayre
11 de Enero, 2011

hola buen dia me gustaria saber cm hago o q debio hacer para poder ser parte de las candidatas a la luciernaga este año

miguel palo palo
23 de Mayo, 2012

durante muchos años el grupo los palopalo de valencia estuvimos en dicho evento el cual es considerado como uno de los mejores a nivel gay en venezuela lamentablemente ahora se ha desviado el guion del evento y hay otras pautas las cuales han decepcionado al publico y es lamentable xq hay q estar montado en ese escenario para sentir lo impresionante q es ojala los organizadores vuelvan a tomar la batuta de dicho evento

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