Soy un analfabeto del beisbol. Me falta esa cadena ribonucleica, esa proteína básica.
Nueve años. Cada vez que papá arranca con las descripciones de las jugadas y lo de out field / curva / infield / recta / slugger / triple play, su voz empieza a sonar con ese efecto de trompeta con sordina de los adultos anónimos de las comiquitas de Snoppy: wawa wawa wawa wawa wawa wawa wawawaaaaaaaaaaa.
Es como escuchar a Carl Von Clausewitz y Delio Amado León al mismo tiempo.
Otro recuerdo: Papá saltando eufórico en el sofá de la sala al final de un partido no hit no run.
No hubo batazos, observo.
Nooooo, exclama extático mi padre.
No hubo carreras
Ajaaaa…
¿Y entonces para que carajos estuvimos viendo esto?, pienso.
Eso sí, no digo nada. Mi sentido de supervivencia es inversamente proporcional a mi capacidad para entender los placeres que el juego suscita en mi viejo.
Somos tres hermanos varones.
Todos tenemos el mismo recuerdo, alrededor de los cuatro o cinco años. Le pegamos a una pelota de plástico con un bate de juguete. Mi padre nos observa alucinado:
-¡Más fuerte! Tienes que llegar a las mayores para que yo no trabaje más nunca.
Esa frase ha pagado las camionetas de más de un psicoanalista.
Doce años. Vamos a ver a un primo en un partido de ligas menores en algún lugar de Baruta. Otra táctica paternal para inculcarme el amor por el juego. Los padres de los jugadores en la grada: amas de casa, ejecutivos, intelectuales renombrados, todos comportándose como los romanos en el coliseo cuando entran las fieras…
¡PÉGALE, JAVIER EDUARDO, PÉGALE POR DIOS!
¡A VER QUIEN PARA ESE PALO, CUERDA DE PERDEDORES!
¡AGÁRRALA, POR TU MADRE, AGÁRRALA, ESTEBANCITO!
Ninguno de esos muchachos llega al Yankee Studium. Los más resentidos capitanean equipos de softball en el trabajo. Puedes reconocerlos cuando pierden un partido y comentan las incidencias de la derrota en el cuarto del café. Son Napoleón en Elba, Hitler deambulando en el bunker final de Berlín con un vasito plástico en la mano.
Mi desconocimiento raya en lo suicida.
¿Caracas y Magallanes? Tardé años en descubrir que eran los “eternos rivales”. Papá es Magallanero. Cuando habla de los Leones parece un Hutu refiriéndose a los Tutsis.
No hay nada mas bajo en este mundo que un tipo de los Leones, hijo mío, murmura con una sonrisa ambigua, entre placentera y sociopática. Debajo de eso, fácil, sólo la pedofilia.
Papá, tu tienes amigos que son del Caracas.
Seres inferiores, llenos de fallos.
¿Y tú no tienes fallos?
Tener amigos del Caracas.
Ahora sé que el Karma existe. Buda estaba en algo. Mi hijo tiene cuatro años recién cumplidos. Lo llevo un domingo a visitar al abuelo.
Nomás al entrar veo la mirada característica de mi viejo, como evaluando un prospecto.
Dime, Gabrielito, ¿te gusta el beisbol?, saluda, hablando como el dinosaurio Barney.
Ti.
¿Y de que equipo eres tú?
Ay, es lo único que pienso.
León, alelo.
Los ojos se le salen de las órbitas. Una lividez extrema lo posee.
Se hace el loco con el nieto, lo manda al jardín a jugar con Galarraga, el bóxer. Me arrincona contra la pared.
¿Pero tú estas loco, hijo?, me increpa. ¿Quién es del Caracas que me lo infectó? ¿La maestra, un compañerito ateo, los abuelos por parte de mamá?
Papá, le gustan los leones, atino a decir. Tú sabes, por la película animada, vale. Akuna matata.
¿Akuna matata?
Eleva la vista al cielo, los puños cerrados y las venas explotando en su cuello.
¡Maldito seas, Walt Disney! masculla.
En el jardín mi hijo juega con la pelota de plástico y el bate. Tira una de jonrón.


Artes 

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8 de Febrero, 2010
Excelente! soy del Caracas, y me he reido con esto muchisimo. Lucas Garcia, bien!
8 de Febrero, 2010
Lo que queda claro es que los fanatismos son un veneno,sean del signo que sea y tu lo expusiste de una manera jocosa y divertida. Que buerno!!!
8 de Febrero, 2010
GRACIAS POR ESTA,LUCAS!!! Por fin alguien comparte mi total desinteres en esos asuntos y lo legitimiza con buena narrativa y humor. Excelente texto.
8 de Febrero, 2010
Lucas, todo un hit este texto. Pero estás a tiempo de salvar a ese niño.
Que sigan llegando estas anotaciones por acá…
8 de Febrero, 2010
GRACIAS!!!!!! Por fin un poco de solidaridad!
8 de Febrero, 2010
Excelente, Lucas.
8 de Febrero, 2010
Pensé que yo era el único alérgico al béisbol. A lo comentado tengo que añadir la desgracia de vivir cerca del Universitario y sufrir el colapso del tráfico y lo energúmenos que se vuelven los fanáticos, especialmente en un caracas-magallanes; mi carro lleva las marcas de ello.
8 de Febrero, 2010
Guao. Excelente. Me pude imaginar perfectamente al Sr. con las venas explotadas de furia. Soy de los Leones, por cierto.
8 de Febrero, 2010
me he reído muchísimo!!! está muy bien escrito, y es esa tajada de los venezolanos que nos soportan al resto. tu hijo tiene razón, los leones son lindos…en mi época, ninguna de mis amigas o yo, jamás hubiéramos salido con alguien del magallanes jajajajaja. akuna matata, pues.
8 de Febrero, 2010
Grande, Lucas… ¡Grande!
8 de Febrero, 2010
Excelente. Me siento absolutamente identificada, pues soy otra analfabeta del béisbol. Sin embargo, por años he disfrutado de la rivalidad entre caraquistas y magallaneros. Saludos.
8 de Febrero, 2010
Excelenteeeeeeeeeee!!!!!!!!!!! Lo amé! Me reí a caracajadas sola como una loca frente a la compu todo el tiempo que duré leyéndolo… Me da risa porque muestra cómo nos vemos los fanáticos empedernidos del beisbol ante los ojos de los no iniciados… Je je!
9 de Febrero, 2010
Amo el béisbol,sin fanatismo. De hecho, no soy fan de ningún equipo d la pelota local. Pero puedo entender que los no-iniciados no entiendan que un juego perfecto es casi el nirvana!!para un aficionado. Sin duda, este es un artículo hümorístico muy bueno. Muy fino humor y crítica sutil del fanatismo
9 de Febrero, 2010
Esto es simplemente una joya, Lucas. Que cosa más divertida. Mis condolencias a tu padre por ese karma…
9 de Febrero, 2010
jjajajajajaaj excelente! que orgullosa me siento Dios!
9 de Febrero, 2010
Este texto es memorable. Muy bueno en verdad señor Lucas.
9 de Febrero, 2010
¡Genial! ¡Gracias!