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Kung Fu Panda y el helicóptero

Crónica del séptimo juego de la final Caracas -Magallanes

Por Salvador Fleján | 30 de Enero, 2010

Llegué a la Taberna del Navegante pasadas las seis de la tarde. La Taberna del Navegante no es un chiste: existe y está perdida por un callejón del municipio Chacao. Es un minúsculo bar, con dos televisores pésimamente ubicados y la fanaticada magallanera más rabiosa que yo haya visto en mis eléctricos años. Mi acompañante había llegado media hora antes y me había reservado un “ring side” en el centro de la barra. Desde allí fue que vi el helicóptero.

El béisbol es un juego esencialmente épico y trágico. Un solo pelotero puede darle la gloria a su equipo, pero también puede hundirlo. De esa materia épica-trágica estuvo llena esta recién finalizada serie final entre los irreconciliables rivales. Incluso esta dialéctica se complica aún más cuando el “villano” de ayer puede erigirse en el paladín de hoy, cosa que pasó con demasiada frecuencia en la serie.

Magallanes tuvo dosis excesivas de ambos elementos: cerradores de lujo que bajan del pedestal a punta de arteros batazos y al siguiente día parecen máquinas alienígenas productoras de strikes. Románticos jugadores que amenazan con retirarse para determinada fecha y a la semana siguiente retornan como novios arrepentidos. Homéricos prospectos que bajan cual Mesías del cielo.

A esta última categoría pertenece Pablo Sandoval, o como quiere la épica, “Kung Fu Panda”. El súper prospecto de los Gigantes de San Francisco había dejado una temporada de ensueño tras de sí antes de marcharse a “cumplir compromisos” con su club del norte. Pero como buen héroe de epopeya había dejado una promesa en puerta: “Volveré. No sé ni cómo, ni cuándo, pero volveré”, dijo, atusándose el peinado mohicano que puso de moda esta temporada frente a las cámaras.

Y épicamente volvió para el séptimo y último de la serie.

Y lo hizo, en ¡helicóptero¡ Ni Bruce Willis, mi pana.

Por si eso no fuera suficiente, circulaban rumores y hasta fotos en Internet del grandeliga Carlos Guillén bañándose en el clubhouse del Magallanes. Otros rumores hablaban de más retornos inesperados de peloteros fugados en noviembre.

Demasiada épica para un solo partido y también para mi gusto.

El pitcher que montó Magallanes en el morrito, Jim Brower, parecía el hermano gemelo del serpentinero melena Jason Standridge, sólo que sin la recta de humo de éste. Brower lució como suele decirse en los ambientes gallísticos: “plumúo”, es decir, lento, cobarde y correlón. Sobre todo después de que Gregor Blanco se la desapareciera del parque apenas el umpire “Moñoño” cantara playball.

Lo que sucedió a continuación me produce una mezcla de flojera y reconcomio narrarles. Una más vendría por intermedio de un roletazo de Jesús Guzmán que encontró que con error de Andrés Blanco en la jugada permitió que se colara el 4×0. Ya antes Carlos Maldonado, José Celestino López y Raúl Padrón se habían combinado para producir dos dolorosas rayitas.

Con semejante pizarra, me dieron ganas de subirme al helicóptero de Kung Fu Panda y bajarme en Bangladesh.

Al Magallanes le sobraron oportunidades épicas pero todas terminaron en tragedia, o lo que es peor, en comedia. En el segundo inning descontarían las dos carreritas de la “honrilla”, pero hasta ahí llegaron. Más que un helicóptero, el equipo necesitaba una grúa.

Los Melenas concretarían su venganza con una en la octava y otra en el noveno, estas dos últimas por intermedio de Carlos Maldonado, figura indiscutible de la serie. Resultado final 7×2 y el campeonato de la temporada 2009-2010, ante un rival que ya lo había hecho morder el polvo en dos finales anteriores.

Mucha suerte en Margarita y tengan cuidado con los helicópteros.

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Lea la crónica del sexto juego

Salvador Fleján 

Comentarios (7)

Nelly Tsokonas
30 de Enero, 2010

Otro aspecto del juego, otra visión, Excelente crónica, por un narrador de lujo. ¡Qué gusto! @abezeta

Willy McKey
30 de Enero, 2010

Salvador, querido (como diría Linares): un texto en voz baja, que me gusta leer en usted, querido amigo, aunque se distancie tanto de la medida en decibeles de nuestras sornas en torno a la serie particular en cuanto restaurante chino se pudo. Fue la épica de Aquiles, hermano, y usted ha hecho poesía con esa honesta pereza para recordar. La hybris, el triunfo convertido en soberbia. Creo que los magallaneros deben reclamarle algo a su almirante, Carlos García. ¿Qué cosa reclamar? Quizás eso, ὕϐρις… una soberbia casi caraquista y que el Caracas BBC no se dio el gusto de libar por respeto al rival. Sin embargo, el hecho de que a los magallaneros honestos como usted se les mezclara la alegría con el disgusto con el exceso del helicóptero me tranquiliza: al menos en la tribuna estamos más cerca de Héctor. La toma de Hudgens por fin sonriendo fue un final feliz: como si hubiésemos desmontado el Panda de Troya. Pero eso no es botín de guerra: aún te debo el almuerzo apostado por la serie particular. Se lo pago con gusto… ¡LEONES, CAMPEONES! ¡CARACAS PA TO EL MUNDO!

gisela kozak
31 de Enero, 2010

muy buen texto Salvador.

Carlos
31 de Enero, 2010

Si Señor Muy Bueno. Es de destacar el Circo Montado por Los Magallaneros con par de payasos Pablo y el Bonifacio venido a menos como todo el equipo. Con muchos otros elementos circenses: El Helicoptero, la oscuridad roja, 2da vez ganando el caracas y 3 outs para cerrar, ¿casualidad?, El anuncio en cadena nacional de las arepas, la pava consiguiente, El triunfalismo anticipado. La cara del Kid. La Tangana cuando empezaron a perder. Es decir todo un Circo moderno Beisbolero del siglo XXI. A la final el equipo que supo jugar beisbol sin dejarse amilanar fue el triunfador. LEONES CAMPEONES por 17 veces. Mucho Corazon de Leon!!

dianakali
31 de Enero, 2010

…ja ja que verdad tan verdadera.los magallaneros nos tenian contra el piso con sus burlas.ni se diga con el bonifacio q no corre vuela,ademas. todo le salia bien hasta los faul,al final los humildes que solo decian,que gane el mejor, ganaron con orgullo y sin tanto bla bla.super leones….

Nestor Mendoza
1 de Febrero, 2010

Siempre es agradable disfrutar de buena prosa, y si esta trata sobre deportes, resulta excelente. Aunque el barco se haya undido, sigo con mi equipo Magallanes.

Saludos!

Adriana Romero Puche
2 de Febrero, 2010

Coye, Salvador, excelente crónica. Sorprendente final para mi equipo, pero como bien dices: el beisból es épica y tragedia, y comedia. Nada… Será pal próximo campeonato

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