Artes

Blanca Strepponi: El sueño de un poema que se ve.

Por Prodavinci | 28 de Noviembre, 2009
Foto: Lisbeth Salas

Foto: Lisbeth Salas

Hoy es el cumple años de la poeta Blanca Strepponi. Aprovechando la festiva ocasión, publicamos una entrevista que le realizara Rafael Arráiz Lucca en 1989.

Por Rafael Arráiz Lucca

La Casa de la Cultura de Maracay no se parece a ninguna otra institución nacional: cumple con lo que ofrece. Cosa rara, Miguel Márquez, Elena Vera y Francisco Pérez Perdomo le otorgaron el premio del año 1987 al libro Poemas visibles de Blanca Strepponi. Y hoy podemos conversar con la escritora en estas páginas, por la curiosa razón de que sus poemas ya llegaron a las librerías.

Apenas llegué a Venezuela asistí al taller de narrativa del Celarg que dirigía Oswaldo Trejo. Luego pasé a Calicanto y esta experiencia, en lo personal, fue muy importante para mí porque allí conocí a quienes hoy son mis amigos. Lo fundamental de ambos talleres fue la experiencia, pero no creo que vuelva a formar parte de ningún grupo o taller. No creo que éste sea un tiempo de grupos ni de manifiestos, éste es tiempo de indivi¬dualidades.

El poemario se divide en tres: una primera parte titulada “La habitación propia”, en este espacio cerrado el amor es el centro. La autora reflexiona sobre las dificultades del amor. Lo hace con la ironía y el humor de cierta poesía contemporánea. Sus observaciones son inteligentes y persiguen una parodia del discurso amoroso poético convencional. Con el poema que le da título a la sección, Strepponi alcanza su mejor momento. La indagación personal llega al fondo a partir de la soledad de su cuarto y, sin duda, la universalidad del texto viene de sus referencias particulares: una mujer en Caracas, sola, en la década de los ochenta.

Siempre me causa irritación la tendencia a etiquetar la escritura de una mujer: se la llama feminista, intimista o se buscan antecedentes de la poesía femenina. Todo esto es muy fácil. Me irrita un poco esta cuestión; incluso tú me comparaste una vez con Luz Machado y, en verdad, yo nunca me he ocupado de sus temas, aunque no tengo nada en contra de la cotidianidad de los sartenes y las ollas. Simplemente, no he abordado esos temas.

La segunda parte del poemario es la más luminosa. Está signada por la intención de dejar que las imágenes digan lo que tienen que decir. La autora atisba el instante con asombro y, como quien toma un foto, traduce la visión del mundo al espacio del poema. Estos textos pretenden que el referente que los motiva quede casi intacto. Son respetuosos, interviene en su facturación nada más y nada menos que la inteligencia escogiendo la estampa, el instante, la escena.

Cuando concluí el libro caí en un estado de depresión y angustia. Después me recuperé y escribí una obra de teatro, y ahora estoy escribiendo otra obra de teatro. Actualmente siento una pasión por la dramaturgia. He descubierto un universo espléndido en el que tengo mucho que aprender. También acaricio la idea de otro libro de poemas.

Blanca Strepponi es de las pocas escritoras que creen en la posibilidad de pensar un libro antes de escribirlo. ¿Cuál será la idea de este libro?

Quiero escribir (hacer) retratos de personas durmiendo. Van a ser como descripciones, casi retratos.

Nació en Buenos Aires y desde hace más de diez años vive en Caracas. Antes de hacer poesía, recopiló relatos en Adela tiene el pelo rojo y cree en los espíritus, Celarg, 1982 y diseñó Zona Franca y Hojas de Calicanto. Ahora, como dramaturga, mantiene inédita una obra: Birmanos. De su talento poético puede esperarse más, sobre todo de la puerta que abrió con la sección de su poemario que le da título al libro Poemas visibles. La zona deshabitada del poema claro, fotográfico, sutil en sus sugerencias. La zona que Wallace Stevens pobló hermosamente. La zona donde sé reúnen aquellos autores atentos a la visualidad, a la plasticidad de las imágenes. Una zona donde, sin desatender la música del poema, la visión que éste convoca es privilegiada.

1989


Prodavinci 

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