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Desarrollo

Sobre el futuro democrático de América Latina

Por Prodavinci | 26 de Noviembre, 2009
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Encuentro Venezuela en Boston

JarquínPor Edmundo Jarquín*

Introducción

1. Se me ha invitado a que reflexione sobre el futuro de la democracia en América Latina. Lo haré a partir del examen de algunas grandes macrotendencias del desarrollo económico, social y político de las últimas tres décadas, es decir, a partir de la ola democratizadora que se inició a finales de los años 70 y se consolidó en las dos décadas siguientes.

2. Mi tesis fundamental es que en el análisis de la situación política de América Latina, y sus perspectivas, con frecuencia se omite el hecho más relevante que subyace debajo de la insatisfacción política, y las tensiones de cambio, que afloran en diversos puntos del subcontinente: mientras el mundo crecía aceleradamente, y la globalización acercaba a muchos la distancia entre las posibilidades y la realidad, América Latina durante un cuarto de siglo -¡veinticinco años, una generación, entre 1980 y 2004 !- prácticamente no creció, o no creció del todo, en circunstancias que se extendía el proceso de democratización política, de ejercicio de derechos civiles y políticos, y, a la vez, se daba un amplio proceso de democratización cultural (acceso a educación y medios de comunicación).

3. A continuación intentaré caracterizar esas tres grandes tendencias del desarrollo de América Latina, y extraer algunas consecuencias en términos de las tensiones y conflictos que se observan en varias partes del continente.

II. Democratización política y cultural, sin democratización económica

4. Ha sido ampliamente documentado el proceso de democratización que se inició a finales de los años 70, según los estudios con los cambios electorales en Ecuador y República Dominicana, siguiendo en los ochenta con los casos de Argentina, Uruguay, Brasil, Perú y Chile, el fin de los conflictos políticos-militares centroamericanos a fines de los ochenta e inicios de los noventa, hasta concluir con las elecciones mexicanas del año 2000 en que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) perdió el poder después de siete décadas.

5. Ese proceso de democratización y de expansión de los derechos civiles y políticos se ha dado, en general, en medio de grandes debilidades institucionales. Poca atención se puso, al inicio, al hecho que en muy pocos casos se podía hablar con propiedad de procesos de “recuperación de la democracia” (Chile y Uruguay), porque las interrupciones autoritarias habían ocurrido sobre el trasfondo de una larga tradición institucional de Estado de Derecho; en otros casos, la democratización fue simplemente retomar un proceso varias veces interrumpido de “construcción democrática”, en un contexto de menos solidez o arraigamiento de la institucionalidad del Estado de Derecho; y, en algunos casos, dónde nunca había habido democracia, recién se trataría de iniciar el proceso de “construcción democrática”. Un caso ejemplar, de esto último, sería mi país, Nicaragua.

6. Es el caso, salvo excepciones, que en un escenario extremadamente heterogéneo desde el punto de vista histórico, cultural e institucional, la democratización ha coexistido con situaciones bastante frecuentes de crisis de representación, impunidad en términos de corrupción y criminalidad, y de incapacidad de las políticas públicas, por limitaciones de recursos, en unos casos, de eficiencia en otros, o de ambos, para agregar, procesar y responder a las demandas de los ciudadanos. Bastarían estas disfuncionalidades o incongruencias para entender buena parte de las frustraciones políticas que se han venido acumulando en varios países.

7. El proceso de democratización política se ha retroalimentado con un gigantesco proceso que llamaría de “democratización cultural”, en términos del acceso a la educación y a los medios de comunicación modernos. En ese período prácticamente se universalizó el acceso a la radio y la televisión, y muy importantes sectores se incorporaron al acceso a las más modernas tecnologías de información y comunicación (celulares, DVD, Internet, etc).

8. Ambos procesos, la democratización política y cultural, se ha dado en paralelo a uno de los procesos más amplios de la historia en términos de expansión de los derechos sociales y económicos a nivel mundial, del cual no se ha sustraído ninguno de los países de la región (derechos de género, etnia, medioambiente, entre otros), en algunos de los cuales han emergido movimientos sociales de nuevo cuño.

9. Sin embargo, ese vasto proceso de democratización se ha dado en un contexto de poquísimo crecimiento económico, y consecuentemente de persistencia de los enormes problemas de pobreza y desigualdad. En el cuadro que está al final de este documento se observa que con la excepción de Chile, que en el período 1980-2004 más que duplicó el ingreso per cápita, en el resto de los países prácticamente no creció. Durante ese cuarto de siglo, y para la región en su conjunto, el crecimiento promedio del ingreso per cápita fue un raquítico 16%, prácticamente nada. En ese mismo período, países que partían de niveles de ingreso per cápita muy superiores, como Estados Unidos, España y el Reino Unido, el crecimiento fue del 62%, 75% y 65% respectivamente. Para no mencionar los casos asiáticos de China (567%), India (144%), Corea (288%), Tailandia (204%) y Malasia (123%).

10. En el período en cuestión, ciertamente, se combinan dos momentos diferentes. El de la “década perdida” de los 80, en que el PIB per cápita decreció, y los siguientes años en que creció. Pero ocurre que entre 1990 y 2004 -antes que empezara el reciente quinquenio de mayor crecimiento- y dado que el PIB había caído fuertemente en la década anterior, la expansión del 24% es ciertamente modesta para un período de 15 años.

11. ¿Cuáles han sido las consecuencias de esa expansión de la así llamada “ciudadanía política”, sin una correspondiente expansión “de la ciudadanía económica”? En la sección siguiente examinamos algunas de las principales consecuencias, no todas desde luego, pero sí aquellas que tienen que ver con el tema asignado en la agenda de la Conferencia.

III. Anomia y ruptura de los consensos

12. La primera consecuencia, es el radical ensanchamiento de la “brecha de expectativas” de amplios contingentes de población, que teniendo acceso a los medios de socialización y de creación de expectativas (radio, tv, Internet, etc), toman conciencia de la distancia entre su realidad y sus aspiraciones. En un contexto de mucha pobreza y desigualdad, esa brecha de expectativas se desahoga en la emigración, la insatisfacción, y situaciones de anomia, de ausencia de ley, o de carencia de normas sociales o su degradación.

13. Lo anterior, en el contexto de las debilidades institucionales que indicamos anteriormente, deriva en la siguiente consecuencia: insatisfacción con la democracia, o, al menos, con instituciones claves de la misma como los partidos políticos, el parlamente, el sistema judicial.

14. La tercera consecuencia, y sobre el poderío financiero asociado al mismo, es el crecimiento de la inseguridad ciudadana y el crimen organizado que se ha convertido en una de las principales amenazas a la seguridad y la democracia.

15. La cuarta consecuencia, y que resulta más pertinente para los fines de este documento, es la ruptura del consenso que pareció establecerse con el fin de la guerra fría: economía de mercado, democracia liberal y globalización.

16. Hoy la región presenta un cuadro bastante más heterogéneo, desde el punto de vista estructural y político, que el sugerido por la simplificación derecha-izquierda, autoritarismo-democracia, populismo-ortodoxia (por cierto, y aunque anclado en los rasgos estructurales del populismo en términos del liderazgo carismático, el menosprecio institucional, las relaciones clientelares, no se ven ahora las repeticiones del populismo económico de los años sesenta, setenta y ochenta en términos de la reglas macroeconómicas).**

17. De hecho, hay gobiernos democráticos de izquierda y derecha; de arranques populistas -en los términos descritos- de izquierda y derecha, y de rasgos autoritarios tanto de derecha como de izquierda. Hay gobiernos de izquierda firmemente institucionalizadores, desde el punto de vista democrático liberal y de la economía de mercado, como los casos de Brasil, Chile y Uruguay, así como también los hay de derecha, como podría ser el caso de México.

IV. El futuro democrático: dos visiones contrapuestas

18. La gran heterogeneidad que hemos referido no impide ver que el futuro democrático de la región se definirá entre dos visiones ideológicas contrapuestas, que tienen cierta parentela pero no son iguales a las que antes definían izquierda y derecha.

19. A un lado estarán quienes tienen desconfianza del mercado, y piensan que la mano invisible del mercado debe ser balanceada por la mano visible del Estado, a través de políticas públicas que compensen las insuficiencias y distorsiones del mercado. Estos pueden ser de derecha o izquierda, como lo demuestra el gran pacto que prevaleció en Europa y Estados Unidos durante casi todo el siglo XX; al otro lado estarán, típicamente dirigentes como Chávez y Ortega, quienes tienen hostilidad con el mercado. A un lado estarán quienes, desde la izquierda o derecha clásicas, desconfían de la globalización e impulsan políticas para amortiguar sus riesgos y potenciar sus oportunidades, impulsando políticas activas de apertura e inserción internacional, a la vez que protegen intereses nacionales. Al otro lado estarán quienes tienen hostilidad con la globalización y el mundo desarrollado, y tratarán de desarrollar políticas y alianzas geopolíticas derivadas de esa hostilidad. A un lado estarán los dirigentes conscientes de las imperfecciones de la democracia liberal, y que tratarán de impulsar su fortalecimiento y afinamiento institucional, incluyendo la búsqueda de formas complementarias de democracia participativa. Al otro lado estarán quienes tienen hostilidad con la democracia liberal, y a título de democracia participativa, impulsan proyectos autoritarios y de menosprecio del Estado de Derecho.

20. En definitiva, hacia delante, el curso democrático de la región estará enmarcado en la confrontación entre el paradigma de la democracia liberal basada en la economía de mercado y la globalización, por un lado, y el venido en llamar “socialismo del siglo XXI”, de imposible definición, pero claramente anclado en la hostilidad a la economía mercado, a la democracia liberal, al Estado de Derecho y a la globalización.

21. La viabilidad de la primera opción dependerá que, dónde gobierne, encuentre el camino del crecimiento y la inclusión, como ha sido el caso de Chile y pareciera serlo cada vez más Brasil (ambos países de gran ferocidad en la competencia política electoral, pero de gran consenso en las agendas de desarrollo). La segunda opción, que se originó en las especificidades de Venezuela, que no cabe discutir aquí, ha descansado hasta ahora en la potencia política expansiva de la renta petrolera venezolana, sobre el trasfondo de la exclusión socioeconómica y el fracaso del crecimiento económico que hemos descrito, pero en ninguna parte está demostrando la capacidad de generar un desarrollo dinámico, sostenido, incluyente, más allá de la construcción de redes clientelares de difícil sostenibilidad.

V. La especificidad de Nicaragua

22. Deseo concluir con unos breves comentarios sobre mi país al que frecuentemente se le asocia con Venezuela, Ecuador y Bolivia.

23. Hay razones para esa semejanza, en especial entre Ortega y Chávez, y no solamente porque todos ellos forman parte de ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas). En mayor o menor medida los dirigentes de esos países comparten la misma retórica en relación a la democracia liberal, el mercado y la globalización. Y en los casos de Chávez y Ortega, hay un mayor talante autoritario y de desprecio por el Estado de Derecho, así como la búsqueda de alianzas más estrechas con Irán y Rusia.

24. Pero el caso de Ortega y Nicaragua presenta rasgos sustancialmente diferentes.*** La primera diferencia es que en Nicaragua no hay una situación “refundacional”, y el triunfo de Ortega no ha sido producto de un colapso del sistema de partidos políticos, o del Estado mismo, ni tampoco ha sido expresión de un movimiento social emergente, ni de una grave crisis socioeconómica.****

25. La segunda diferencia, y más importante, es que Ortega, a diferencia de los presidentes de Bolivia, Ecuador y Venezuela,***** no es mayoría política, ni en la población ni en el parlamento.

26. Como veremos después, el nudo interpretativo crítico de la situación de Nicaragua, de la evolución durante los casi tres años de gobierno de Ortega, y de las perspectivas del proceso nicaragüense, radican precisamente en la gran contradicción de impulsar una agenda “refundacional” y “rupturista”, desde una posición de minoría política. Minoría grande, pero minoría.

27. Daniel Ortega ganó las elecciones del 2006 con igual o menor votación relativa (38%), que aquella que obtuvo cuando perdió las elecciones en 1990 (41%), 1996 (38%) y 2001 (42%). Daniel Ortega ganó porque se rompió, por primera vez, el bloque antisandinista (Alianza Liberal Nicaragüense, ALN, 28.3%, y Partido Liberal Constitucionalista, PLC, 27.1%%), y porque la ruptura del bloque sandinista fue menor de la esperada (Movimiento Renovador Sandinista, MRS, 6.3% en votación presidencial, 8.4% % en legislativa). Así, el voto contrario al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Ortega fue del 59% en 1990, 62% en 1996, 57% en 2001, y 62% en 2006.

28. En ese, por así llamarlo “accidente político” de la división del Partido Liberal, dónde se había agrupado la casi totalidad del antisandinismo histórico, radica la explicación política del triunfo de Ortega. Lo primero a poner en duda, entonces, es la versión periodística internacional según la cual Nicaragua ha girado hacia la izquierda, si es que Ortega, más allá de los elementos del discurso que hemos indicado, pueda ser considerado de izquierda.

29. El triunfo de Ortega también fue facilitado por las reformas constitucionales que él negoció con el ex Presiente Alemán. Esa negociación, o “pacto” como peyorativamente se le conoce en Nicaragua, fue posible porque Ortega y Alemán comparten el mismo espacio cultural y valorativo (autoritario, tradicional, corrupto, populista). Esas reformas establecieron un sistema de balotaje suavizado: se gana en primera vuelta con el 40% de los votos, o bien con el 35% si se tiene una ventaja superior al 5% sobre el que llega en segundo lugar. Este último fue el caso del triunfo de Ortega.

30. Esas reformas establecieron, además, la distribución por partes iguales de las magistraturas en la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y la Contraloría General de la República. Con el tiempo, Ortega logró asumir el control casi absoluto de esos organismos.

31. El intento de “refundar”, dónde no hay una situación “refundacional”, está, entonces, en la raíz de la crisis que se está gestando en Nicaragua. El segundo gran antecedente de la crisis, es que Ortega desde un inicio dio pasos en la dirección de establecer un régimen autoritario. Y lo está intentando a partir de una matriz mental estalinista, ahora con ingredientes de esoterismo, que potencian su mesianismo a niveles de delirio.

32. El caso de Nicaragua oscila entre un régimen de Autoritarismo Institucional y un régimen de Dictadura Institucional: el uso de las instituciones para reprimir, chantajear, excluir, amedrentar. En Nicaragua, nuevamente, hay miedo.

33. En Nicaragua ha habido una política oficial de rehenes: se abre causa penal a dirigentes de la oposición para tenerles de rehenes.

34. En Nicaragua se ha empezado a perseguir, utilizando la justicia penal o los poderes administrativos, a las organizaciones de la sociedad civil.

35. En Nicaragua se utiliza la justicia penal o los poderes administrativos para perseguir a periodistas. Y se ha presionado a diversos medios de comunicación, especialmente canales de televisión, para cancelar programas de opinión independientes u opositores.

36. En Nicaragua se utiliza la política fiscal para presionar a empresas y organizaciones de la sociedad civil.

37. En Nicaragua se canceló arbitraria e ilegalmente la personalidad jurídica de varios partidos políticos, cerrando los espacios democráticos de participación política.

38. En Nicaragua, a través de los así llamados Consejos del Poder Ciudadano (CPC), se está suplantando a las instituciones de la democracia representativa, como son los gobiernos locales electos por los ciudadanos.

39. Y en Nicaragua se están utilizando las fuerzas de choque paramilitares para reprimir a los opositores en las calles.

VI. El fraude electoral

40. Todos esos antecedentes desembocaron en la opinión cada vez más extendida que el conflicto fundamental en Nicaragua no es entre derecha e izquierda, sino entre democracia y dictadura.

41. Lo anterior condujo a un hecho significativo: desde la izquierda democrática, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), que no tenía candidatos en las elecciones pues fue excluido del proceso electoral, llamó a votar contra los candidatos de Ortega.

42. La decisión del MRS tuvo al menos dos consecuencias significativas:

a. Contribuyó a que se gestara de hecho una gran unidad democrática contra Ortega.

b. Contribuyó de manera muy importante a que las elecciones se politizaran.

43. En la medida que las elecciones municipales se politizaron, y trascendieron la importancia local, y se vieron como una gran oportunidad para defender la democracia, la abstención electoral fue significativamente menor que en otras elecciones municipales.

44. Si la abstención hubiese sido tan alta como en las elecciones municipales del 2004, probablemente el Frente Sandinista, que tiene una militancia muy disciplinada, no hubiese tenido que hacer fraude, o al menos un fraude tan grande. Ante la votación masiva, Ortega tuvo que recurrir a un fraude mayor al que había previsto, de tal forma que además de enorme, el fraude fue desordenado, con lo cual, un año después, el Consejo Electoral ha sido incapaz de presentar resultados definitivos en base a las actas de los centros de votación.

VII. Hacia delante

45. Viendo hacia adelante, quisiera compartir algunas conclusiones. En primer lugar, el fraude no es un hecho consumado, pues no lo aceptan los ciudadanos, no lo aceptan la Conferencia Episcopal, no lo aceptan los órganos gremiales empresariales y otros poderes fácticos, y tampoco lo acepta la comunidad internacional. Como dijo la revista The Economist, “El fraude electoral es en gran parte una cosa del pasado en la región”. Desde que se inició la llamada “tercera ola democratizadora” a finales de los años 70, los grandes intentos de fraude electoral (Noriega en 1989, Balaguer y Cedras en 1994, y Fujimori en 2000), han fracasado. En la región pueden haber habido trampas y deficiencias electorales, pero no fraude masivo y descarado. “El precedente horroroso” (The Economist) que Ortega estaría intentando establecer, tiene muchas resistencias.

46. En segundo lugar, el eje de la polarización política que durante tres décadas fue sandinismo-antisandinismo, se ha desplazado a orteguismo-antiorteguismo, como simbolización personal de la contradicción autoritarismo-democracia. Si este eje de polarización se mantiene, en Nicaragua se habrá producido un cambio político de gran importancia histórica.

47. En tercer lugar, y aunque por la fuerza de sus organizaciones paramilitares, Ortega ha recuperado el monopolio de la calle, el hecho real es que ese monopolio está en disputa.

48. En cuarto lugar, y a diferencia de otros países, como Cuba, se ha demostrado que los condicionamientos de la cooperación internacional en Nicaragua tienen grandes “apalancamientos” internos: en los empresarios de todos los tamaños, las Iglesias, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación, los partidos políticos. Frente a la presión internacional por el fraude, Ortega ha empezado a hacer algunas tímidas concesiones (suspensión de algunas acciones legales persecutorias contra ONG, por ejemplo), pero no en cuanto a las elecciones municipales. Y de cara a las elecciones generales del 2011, espera que la comunidad internacional quede satisfecha con algunas promesas.

49. En quinto lugar, si no hay una recomposición total del Consejo Electoral, Nicaragua no endrá un futuro electoral confiable para las elecciones del 2011. En ese contexto, sin futuro electoral, los riesgos de mayor conflicto y violencia son muy grandes.

50. En sexto lugar, la viabilidad del proyecto autoritario de Ortega descansa fundamentalmente en la ayuda financiera del Presidente Chávez, que le ha permitido fidelizar a su base política a través de una extendida red clientelar y, a la vez, le ha dado márgenes de autonomía en relación a las otras fuentes de cooperación, bilaterales y multilaterales, en un país que depende críticamente de la cooperación internacional. La ayuda de Chávez, según un reporte oficial del Banco Central de Nicaragua, en el 2008 totalizó $481 millones de dólares, equivalentes a casi un tercio del presupuesto nacional y a casi el 8% del Producto Interno Bruto (PIB). En la medida que esa ayuda se maneja extrapresupuestariamente, fuera de todo control, y a través de un enjambre de empresas vinculadas a la familia y círculo gobernante, la ayuda venezolana no solamente es un puntal del autoritarismo, sino también de una creciente corrupción y deterioro de la precaria institucionalidad democrática.

VIII. Reflexión final

51. Nicaragua salió de la revolución que derrotó a la dictadura de Somoza, y de la guerra civil de los años 80, con tres grandes progresos históricos:

52. Por primera vez, en toda la historia, con un sistema electoral confiable.

53. Por primera vez, en toda la historia, con plena libertad de expresión.

54. Por primer vez, en toda la historia, con monopolio estatal, legal, de las armas. Se “desprivatizó” el poder de las armas, se “desprivatizó” el monopolio de la violencia. Antes solamente habíamos tenido fuerzas armadas privadas, partidarias o familiares (ejército sandinista, guardia somocista, ejército liberal, ejército conservador).

55. En todos esos grandes progresos históricos hacia la modernidad política, hay serios retrocesos con el gobierno de Ortega. El sistema electoral ha perdido toda credibilidad y confiabilidad. Con el actual Consejo Electoral no pueden haber elecciones democráticas. El deterioro en esa institución es absoluto. Los medios de comunicación están siendo acosados de diversas formas: hay periodistas con causas penales abiertas; amenazas de retiros o cancelaciones de licencias para radios y televisoras; intervenciones administrativas; uso de la publicidad estatal para premiar y castigar. Y la policía ha sido sometida frecuentemente a conflictos de intereses, pues las fuerzas de choque paramilitares del orteguismo han ejercido la violencia en la calle, y se han arrogado facultades de la policía como detener el tránsito de personas y vehículos en calles y carreteras, y requisar vehículos. Y muy recientemente, tres altas Comisionadas de la Policía Nacional, una de ellas en uniforme, violando la Constitución y las leyes, participaron activamente en un acto político del partido de Ortega, en el cual se lanzó su campaña reeleccionista.

56. Una vez más, en Nicaragua están en juego valores e intereses esenciales para el futuro democrático de la región. De ahí que Fernando Carrera, Director del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), haya escrito: “Es posible que para algunos los resultados de unas elecciones municipales en Nicaragua les parezca muy poca cosa. Pero en este caso estamos frente a un proceso cuyo impacto de largo plazo puede bien superar la dimensión específica de los gobiernos locales…. Guardar silencio y no actuar es una irresponsabilidad histórica frente al futuro democrático de Centro América. Porque en este momento hay que comprender que todos los centroamericanos somos Nicaragua.”

Dibujo

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* Abogado y economista nicaragüense. Ex candidato presidencial del Movimiento Renovador Sandinista (MRS). Este documento sirvió de base a la presentación que hizo en la Conferencia “Cambios, Desafíos y Crisis de Nuestro Tiempo”, realizada en el Executive Leadership Center de Boston University, del 8 al 10 de octubre de 2009.

** Se atribuye a Hirschman decir que el gran pecado de los populismos económicos fue creer que la economía era absolutamente elástica frente a las demandas de la política, y de ahí vinieron los grandes desbordes macroeconómicos de déficit, inflación, deuda, etc. En la lógica de este análisis, pareciera que el gran pecado de las políticas así llamadas neoliberales o del “Consenso de Washington”, fue creer que la política era absolutamente elástica frente a las demandas de la economía.

*** A partir de aquí el texto está basado en otro del autor: “Nicaragua, la crisis postelectoral” presentado en febrero de 2009 en el Woodrow Wilson International Center for Scholars.

**** Pese al reordenamiento macroeconómico alcanzado después de la derrota del sandinismo en 1990, y la recuperación del crecimiento económico después del colapso de los años 80 en medio de la confrontación y la guerra civil, el caso de Nicaragua forma parte del más amplio fenómeno de muchos países de la región, de insatisfacción con el desempeño socioeconómico en materia de empleo y reducción de la pobreza. Y la gran mayoría de los votantes por Ortega proceden de esa corriente de insatisfacción y, también, de nostalgia por la gran ampliación de derechos sociales que sin duda hubo durante la revolución sandinista de los años 80. Pero la Nicaragua de la primera década del siglo XXI está en mucho mejores condiciones económicas que a finales de los años 80, hasta antes del deterioro que se reinició con el segundo gobierno de Ortega.

***** Aunque recientemente hay señales de deterioro de la posición electoral del Presidente Chávez.

Prodavinci 

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