Por Prodavinci | 25 de noviembre, 2009

giolaPor Guadalupe Burelli

Las personas de mi generación deben recordar muy bien a Gioia Lombardini porque durante nuestros años de infancia, desde un espacio para niños en la televisión, nos acompañaba en las tardes, bellísima y rubia hada madrina. Luego, gran sorpresa, pasó a las telenovelas y ya adolescentes tuvimos que asimilar su extrema transformación de buena en mala, la tercera del triángulo. Por muchísimo tiempo no la volvimos a ver en la pantalla hasta que en estos días ha vuelto para representar papeles de mujer madura, de mamá.

La primera vez que la vi fuera de “la caja de vidrio” fue cuando me acerqué a conversar con ella en su casa acompañada de Enrique Lares, un amigo que es de las personas más conocedoras y entusiastas del mundo de la televisión y el espectáculo que conozco. Sigue siendo muy bella y, no hay que dudarlo, posee el carisma que siempre sospechamos. Nos recibió con una calidez y sencillez tales que nos hizo pensar que, en su caso, la fama no ha dejado malas consecuencias y es, más bien, una prueba superada.

¿En qué circunstancias y a qué edad viene a Venezuela?

Las circunstancias no sé, pero te puedo explicar lo que recuerdo. Yo tenía 12 años cuando llegué a Venezuela y vine con mi mamá. Mi papá era constructor, tenía una fábrica donde hacían pisos de mármol. Por cierto, el piso de la Stazione Termini la hizo mi papá, él se dedicaba a eso.

A mi hermano le gustaba mucho la fotografía, siempre fue muy aventurero y decidió que él iba a viajar. Primero fue a Nueva York porque tenía unas amistades allá, después vino a Venezuela donde también había otras personas conocidas de mi padre, y esto le pareció una maravilla, al punto que se quedó aquí. Mi mamá, madre al fin, echaba de menos a su hijo, y mi hermano empezó a entusiasmar a mi papá con la idea de que aquí había muchas oportunidades para poner un negocio como el que tenían allá. El caso entonces es que yo vine a los 12 años con mi madre, y al poco tiempo vino mi padre -cuando yo ya tenía 13 años- estuvo unos meses, regresó a Italia para terminar de vender y mudarse para acá, pero se enfermó y murió, cuando yo tenía 15 años. Nunca llegó a vivir aquí.

Enrique Lares: ¿De qué ciudad venían ustedes?

De Roma. Pero mi mamá, mi papá, mis abuelos, todos eran de Florencia. Al casarse con mamá a mi papá lo trasladaron de su trabajo a Roma y ahí se quedaron hasta el día que decidimos venir para Venezuela.

¿En qué año fue eso?

Yo nací en el 43 y llegué aquí en el 55, porque cumplí 12 años en junio y el mes siguiente nos vinimos para acá. En Italia estudiaba ballet desde los ocho años, y piano. Recuerdo que en mis clases de piano la mayor parte de las veces me dormía sobre las teclas porque no me gustaba mucho, pero mamá quería que lo estudiara. Luego, ya de grande me decía qué tonta fui en dejarlo. El ballet sí me encantaba y para mí ha sido siempre algo maravilloso que seguí haciendo como profesional aquí en Venezuela hasta que nació Perla, mi hija mayor. Después lo continué, pero ya no como profesional.

E.L: Veo que su vocación artística fue estimulada por la familia y es curioso que un señor constructor y un ama de casa no pusieran freno para que la niña se desarrollara artísticamente…

Más bien me estimuló mi mamá a quien eso le gustaba mucho.

¿Y a su vez ella tenía alguna inclinación artística?

Mi mamá fue una persona dedicada cien por ciento a sus hijos, cosa que no es sano para nadie porque puedes convertirte en una sombra de tus hijos que a la vez son quizás un reflejo de algo que tú quisiste ser y no fuiste. Así es que en su caso, ella disfrutaba lo que yo hacía porque había una posible inclinación artística que no desarrolló, y para ella eso era lo mejor.

¿A qué edad empezó a actuar?

Como a los 10 años aparecí en una película en Italia con Vittorio de Sica.

E.L: ¿Recuerda el título?

Sí, Stazione Termini, la de Montgomery Cliff.

E.L: ¡Qué casualidad! Ahora que usted se paró, estamos hablando Guadalupe y yo, de la película “Stazione Termini”, recordando que nos acaba de decir que su papá hizo el piso de la estación romana.

Cuando yo me vine para acá no estaba lista la Stazione, pero cuando regresé por primera vez a Italia, que ya tenía 20 y pico de años, fui a verla y no sabes todo lo que he llorado, claro, porque no estaba mi papá ya, y el encuentro con el famoso piso que estaba deseando ver hacía años fue realmente emocionante.

¿Cómo llegaste a esa película?

La verdad es que no me acuerdo claramente, pero me imagino que ahí se hacían unos casting a los que mi mamá me llevaba y me seleccionaron. Hice también, en 1949, una película sobre un colegio con el famoso director francés, Léonide Moguy, en la que tengo mucha más presencia que en la otra.

E.L: ¿Cómo se llamó?

Domani é troppo tardi.

E.L: Cinecitá tenía un departamento de casting que para la época era igualito que Hollywood.

Así es, y yo era una niñita, no creo que diferente a las demás, sino que tal vez me escogían porque tenía carisma, y una mamá que estaba pendiente y, como también hacía teatro, de repente las profesoras también tenían esos contactos, no sé realmente cómo fue. Los departamentos de casting trabajan con academias de ballet y escuelas de teatro para conseguir los actores que necesitan.

Su vida de niña estaba muy ocupada entre el colegio y sus actividades artísticas. ¿Cómo recuerda esos años?

Yo terminé la primaria en el colegio Fratelli Pandiera antes de venirme para acá, porque ahí son cinco años de la primaria. Debo decir que fui una niña muy feliz, que disfruté de una infancia muy linda y con todos los gustos que podían darme mis padres, que afortunadamente estaban bien económicamente. Mis recuerdos son maravillosos.

¿Recuerda cómo se sintió con la idea de venir a Venezuela?

Lloré muchísimo durante toda la travesía que duró15 días, y cuando llegué aquí, lloré más.

E.L: ¿Dónde tomaron el barco?

En Génova, donde, por cierto, vivían mis abuelos y unos primos.

¿Cuáles fueron sus primeras impresiones al llegar?

Mis primeras impresiones fue cuando subíamos en el carro que decían que parecían un pesebre los ranchitos al lado de la autopista. Fue muy duro el comienzo, porque lo que mandaba mi papá en liras, convertidos a bolívares era nada porque en aquel entonces la lira no valía nada, y mi hermano mientras estuvo solo, vivía, pero al llegar mi mamá y yo, la cosa no era tan fácil. Cuando llegamos él vivía incluso en una pensión, ni siquiera vivía en un apartamento, luego se buscó un apartamento en La Carlota.

Había muchos italianos ahí.

Muchísimos. Viví varios años allá hasta que me mudé para Bárcenas a Río, frente a Radio Caracas porque como en aquel entonces los programas de televisión eran en vivo, mamá se ponía en el balcón esperando que saliera del canal para verme cruzar la calle hacia el apartamento.

¿Al llegar a Caracas continuó sus estudios escolares?

Sí claro, asistí al Colegio América, en San Bernardino que ya no está. Comencé, por supuesto, sin saber nada, sin entender mucho, pero rápidamente entendí, aunque durante mucho tiempo, y creo que todavía hoy día, me dicen que no hablo como debo el castellano, que se siente que soy de afuera, y lo más gracioso fue que cuando regresé a Italia me preguntaban de dónde era porque mi italiano no les sonaba de allá. Aquí me dicen que no hablo el castellano y allá me dicen que no hablo el italiano.

Muchos de los entrevistados para este libro me han relatado lo mismo, y dicen que además los hacen sentir extranjeros en Italia, justamente porque no dominan el italiano perfectamente.

Pero sabes que no es el hecho de no dominarlo, porque realmente mi mamá hablaba italiano constantemente sino porque tal vez es la forma como uno habla.

Sí, quizás es que no se maneja el lenguaje cotidiano de la calle que es tan dinámico y se transforma permanentemente.

Eso fue un poco duro para mí, porque cuando regresé a Italia tenía 20 y pico de años y sentía que ya no era ni una cosa ni otra. Regresé aquí…

¿En ese viaje tuvo la intención de quedarse en Italia?

En esa época no, eso fue después cuando ya Perla tenía 14 años que fue a estudiar a Suiza porque su papá la mandó a un colegio interna al terminar la primaria y vi la oportunidad de instalarme perfectamente en Roma, de hecho me fui con la idea de quedarme a vivir nuevamente allá. Quise estudiar dirección de teatro, pero el teatro estable de Roma permaneció cerrado, en huelga, entonces no pude entrar, así que a los siete meses le dije a mi mamá que de verdad no me sentía que podía volver a hacer una vida allá porque añoraba muchísimo Venezuela, añoraba mi casa, añoraba mi carro, mis amistades, añoraba eso de que aquí las puertas de las casas de tus amistades están siempre abiertas mientras que allá, incluso para ir a casa de mi familia – la poca que yo tenía, que era un primo que vivía en Roma en ese entonces-, me decía mi mamá que tenía que llamar antes de ir. ¿Por qué tengo que llamar si es mi primo? Allá, para que vayas a comer a casa de tu primo tienes previamente que ser invitada, y claro, eso para mí era completamente anormal, porque en Venezuela a cualquiera que llega a tu casa cuando estás almorzando le brindas aunque sea un huevo frito, si no hay más nada ¿entiendes? Esa cosa ahí no existe, por lo menos no existía en ese entonces y me imagino que ahora será peor aún, porque es otra forma de vivir, de comportarse, que aquí no tenemos. Además me afectó el invierno cuando a las cuatro de la tarde era de noche, y el hecho de que para ir a la playa tenía que esperar el verano. Todo era muy distinto a lo que yo estaba acostumbrada.

¿Cómo se fue dando su acercamiento a la actuación aquí?

Cuando llegué empecé en el colegio, pero mi mamá seguía pensando que yo tenía mucho capital como actriz, como bailarina, así que seguí con mis estudios de ballet en una academia que tenían las hermanas Casale: Armida y Piera, que fueron bailarinas de la Scala de Milán, y a su vez eran hermanas del maestro Casale, el músico. Yo estuve como primera bailarina en la ópera en el Teatro Municipal en el año 57, pero como bailarina en aquel entonces, y hoy día, no es muy fácil vivir, así que mientras seguía con mis clases empecé a hacer comerciales, fotos y había un programa italiano que se llamaba Rosso di Sera en televisión, en Televisa…

E.L: Lo que es ahora el Canal 4.

Exacto. Aquel era un programa donde yo bailaba y hacía unas cosas relacionadas con comerciales. Después empecé a estudiar teatro con Juana Sujo, con Luis Salazar y seguí en ese mundo. Luego me pasé para Radio Caracas donde estaba la novela LM.

E.L: LM por el cigarrillo.

Sí, lo patrocinaba LM, y así poco a poco de una cosa a otra cosa estuve en el Show de Renny, con las chicas de Renny.

¿Usted fue una de las chicas de Renny?

Sí señor. Y bueno, después de estar 19 años en la televisión me retiré y me dediqué a la publicidad, a hacer comerciales, como productora, hice incluso toda la parte de Encuentro con de la Fundación Bigott.

¿En Corpa?

En Corpa, sí, porque primero empecé en Walter Thompson y de allí, después que nació Gioia Denise que hoy tiene 21 años, estuve un año sin trabajar dedicándome exclusivamente a ella, hasta que me fui para Corpa, donde hice las producciones de los comerciales hasta que me retiré.

E.L:¿Cuál considera usted que fue su primer papel importante en televisión como actriz?

Fíjate que de allí, después regresé a Venevisión cuando ya era Venevisión, en el año 61. Antes de eso yo estaba en un programa de Héctor Monteverde, que era una persona espectacular, donde él tocaba piano, se hacían entrevistas, cantábamos, bailábamos. Ahí fue donde conocí a Daniel Farías, quien era primer actor, galán de telenovelas, con quien me casé cuando tenía 18 años.

Estoy asombrada porque ha pasado muy poco tiempo y ha hecho cantidades de cosas.

Así es, pasaron muy rápido las cosas al poco tiempo de estar en Venezuela. En Venevisión me contrataron para hacer un programa infantil, Los amiguitos de Gioia que duró cuatro años de éxito. Yo no producía, lo animaba, y realmente tenía muchos admiradores en esa época, que también fue muy traumática porque me divorcié. De ahí para adelante estuve, como te decía, 19 años ininterrupidos en la televisión, el teatro, la radio, la radionovela.

E.L: Títulos de telenovelas que vinieron después, aunque no sea inmediatamente después. Recuerdo que usted fue una contrafigura de Marina Baura en una telenovela ¿no era “Rosario”?

“Rosario”, sí. Claro, ya eso fue después, porque cuando hago el programa infantil en Venevisión, que era a las cuatro de la tarde y en vivo, por supuesto, paso a ser el hada madrina y, obviamente no podía hacer otra cosa sino este programa, porque no era compatible que tú fueras un hada madrina y de repente en la noche pasaras a ser un personaje de alguien malo, como efectivamente pasó. En ese momento me fui a Radio Caracas e hice dos años más de programa infantil.

E.L: ¿Cómo se llamaba el de Radio Caracas?

No me acuerdo. Allí estuve con Popy. Cuando dejé los programas infantiles hice las novelas con Marina Baura: “Rosario” y “Lucecita”, entre otras. Yo creo que las actrices tenemos un problema, no sé si yo solamente, y es que borramos muchos datos. Debe ser porque tienes que aprenderte los libretos de memoria y después borrarlos. A mí me pasa con frecuencia, tengo como un bache de repente y no recuerdo los nombres de todas las novelas que hice. Me dije que un día me iba a poner a volver para atrás a pensarlas, para tener un registro de ese trabajo…Por cierto, también trabajé en el canal 8 haciendo una novela y un programa de concursos con Jorge Félix…

Sería bueno tratar de rehacer la cronología de todas esas cosas.

Exacto, la cronología de tantos trabajos. Y es que, además, debo decir que afortunadamente mi vida ha estado siempre llena de cosas bellas e importantes en lo personal, como que me volví a casar y tengo dos hijos más.

E.L: ¿Y su retiro de la televisión en aquella época tan activa se debe a qué?

Un buen día le dije a mi mamá, para su sorpresa: Me voy a ir de Venevisión y de Radio Caracas. Ella no me entendía, porque decía que yo no sabía hacer otra cosa, pero es que eso era muy duro. ¿Por qué? Básicamente porque no llegas nunca a que los que están al frente de eso te den el puesto que te corresponde y es una lucha constante. Una lucha que no entiendes por qué existe, porque supuestamente cuando estás en la televisión en un canal y haces novelas y haces teatro como yo hacía en ese entonces, y haces radio y lo haces bien o medianamente bien y la gente está contenta, piensas que no es necesario que cada vez que terminabas una novela estuvieras peleando por tu crédito, por tu sueldo, por cosas que supones que deberían…

Acompañar el buen desempeño.

Ajá, que deberían estar ya sobre entendidas, pero esa lucha no acababa nunca. Cada vez que se terminaba una novela, o un contrato, y que ibas a negociar tu nuevo contrato o tu papel en la nueva novela, había discusiones del tipo: No, pero es que ahora fulanita de tal va a ser la protagonista. Tú le decías: ¿Pero por qué va a ser protagonista si yo tengo aquí equis tiempo y puedo hacerlo? No, pero es que ella fue Miss, por ejemplo. Entonces llegó un momento en que me dije, no aguanto más, ya es demasiado, no quiero, no quiero, fue una decisión realmente así. Mi mamá me decía: ¿Pero con qué vamos a comer? No sé, algo haremos, tengo dos manos gracias a Dios y aunque sea barriendo o limpiando casas vamos a salir adelante, no te preocupes. El caso es que realmente es muy duro, muy frustrante que no acabes nunca de llegar a donde te has propuesto, por más que des lo mejor de ti, y esa lucha dura toda la vida ¿entiendes? Entonces, es demasiado.

Valiente decisión, porque significaba abandonar un espacio que ya había conquistado…

Esa fue mi decisión, y luego me fue maravillosamente bien. Reconozco que mi trabajo posterior en la publicidad fue gracias a mis actuaciones de malvada en la televisión, ya te voy a decir por qué. En Walter Thompson conocí a una persona maravillosa, Armando Noel, que en ese entonces era director creativo, vicepresidente de la compañía, y cuando fui allá me dijo: ¿Tú eres Gioia Lombardini, la mala, la terrible ? Sí, sí, yo soy. Pues mira, vas a trabajar en producciones. No tenía la menor idea de qué era eso, pero tanto él, como Ilia Marrero, una creativa maravillosa que desafortunadamente murió muy joven, me enseñaron todo lo que sé de publicidad, que puedo decir que es bastante en lo que es producción. De todas maneras, la televisión es algo que penetra tanto y a todo nivel, que me dejó mucha gente amiga que después me dio la mano en la publicidad, recordando lo que había hecho y lo que había sido.

¡Seguro recordaban más a la mala que a la hadita buena!

Por supuesto, aunque te diré que hoy en día todavía hay mucha gente, como tú, que me dice que se acuerda de ese trabajo de “Gioia y sus amiguitos”. Eso fue para mí una época espectacular, tengo que reconocerlo, y después del ballet, lo que recuerdo con amor cien por ciento, era el programa infantil. Pero tú sabes que a pesar de que el programa infantil era un éxito, siempre había el problema de que “no hay presupuesto”. Tú sabes que para los niños, creo que a lo largo de la historia de la televisión, nunca hay presupuesto.

E:L: En total ¿cuántos años trabajaste en televisión?

15, y 15 en publicidad.

E.L: Y después, recientemente has vuelto a la televisión por la circunstancia fortuita de que eres una actriz con una hija libretista, caso contrario al de Ligia Lezama que es libretista y tiene una hija actriz.

Exactamente, yo regresé a la televisión por mi hija Perla en la novela “Mis tres hermanas”, que fue una novela importante en el año 2000. Ya ahí estaba retirada de la publicidad y no había tenido ninguna intervención en la televisión.

¿Qué otras novelas ha hecho en esta segunda etapa?

“La niña de mis ojos,” “Juana la Virgen” de Perla también, después “Qué buena se puso Lola” y “Ser bonita no basta”.

E.L. ¿Alguna vez ha pensado que fue inducida por su madre hacia la actuación?

Tú sabes que yo pienso que he sido un poco mala sin querer, porque adoré a mi madre, pero a veces con el andar del tiempo y de los años, le reprochaba que tal vez no hubiera querido ser actriz, que tal vez hubiera querido ser odontóloga, médico, qué sé yo qué hubiera sido si ella no hubiera encaminado mi destino hacia lo artístico.

¿Su madre murió?

Murió precisamente en el año 2000 y fue la razón más grande por la cual regresé a la televisión, porque Perla sintió que en ese momento, o me sacaba de ese otro túnel terrible en el cual había entrado o me hundía – porque yo viví con mi madre toda la vida hasta el día que murió- entonces me invitó a trabajar en su novela. A mi me pareció que después de 21 años retirada cómo iba a volver, pero ella insistió ofreciéndome un papel que ella quería que yo hiciera. Y bueno, se lo planteó a Radio Caracas, que me abrió las puertas nuevamente, cosa que agradezco mucho, y me sentí muy bien regresando de nuevo a actuar. Es gracioso, yo le decía a mí esposo: ¿Cómo voy a hacer yo después de 21 años? Y él me contestaba: Pero si tú nunca has dejado de actuar, si tú actúas todos los días. Con ese espaldarazo que me dio mi esposo regresé a la televisión. Y por eso te decía que a veces me siento mal porque sé que mi mamá allá arriba debe estar muy feliz, contentísima, de que por fin yo haya entendido que, realmente, sí me gustaba ser actriz.

Y no que estaba viviendo la vida que ella quería para ella y su hija le dio la oportunidad de darse cuenta de eso que la debe hacer sentir a usted muy en paz con lo que ha sido su vida…

Es que todo siempre ha sido tan una cosa llevada a la otra. Fíjate que durante los años que estuve en la parte de la publicidad me sentí estupendamente, y claro, te pones a ver y era bastante parecida la dinámica de la publicidad.

E.L: Es un mundo comunicacional.

Claro, y no era que estaba haciendo algo que no tenía nada que ver con mi actividad anterior.

Volver a actuar después de tanto tiempo ¿fue fácil o difícil?

Realmente fue fácil, porque creo que eso es algo como montar bicicleta que si sabes hacerlo, puedes dejar muchos años de montarla, pero después que empiezas a darle a los pedales de nuevo ya arrancas. Cuando empecé en “Mis tres hermanas”, le decía al director, Tony Rodríguez – a quien conocí de bebé y ahora es un famoso director-, que no podía… Y bueno, creo que el primer día me tomó cinco minutos, diez minutos, pero después ya arranqué y volví a tener la confianza que uno debe tener cuando está frente a una cámara, y me sentí chévere. Ahora me botarán, pero no pienso retirarme, mucho menos ahora cuando ya mis hijos están grandes, figúrate tú.

¿Quién es su segundo esposo, Gioia?

Mi esposo es publicista: Dionisio Arismendi. Lo conocí en el medio de la publicidad, es el padre de dos de mis hijos, mi compañero y una persona maravillosa que me apoya en todas mis locuras si éstas me hacen feliz. Creo que hay muy pocos hombres así, entonces ¿qué más puede esperar uno? De todos modos, para mí, familia y trabajo están separados, son cosas distintas y no somos personas que estemos muy involucradas al medio de la farándula. Somos una familia muy normal.

E.L: Las jornadas de grabación en la televisión, pueden ser a veces muy duras ¿eso no le importa?

Naturalmente, ya en los papeles que hago tampoco es que tenga que estar todos los días trabajando, aunque hay momentos cuando me voy a las seis de la mañana y vengo a las ocho o nueve de la noche, pero no es el día a día. Hoy en día las grabaciones son bastante organizadas, y no es frecuente eso de que quedes extenuada y, aún haciendo papeles que requieran de más tiempo, no veo que nadie se mate. Ahora estoy tranquila, aunque todavía peleo y me pongo brava cuando después de arreglarme y actuar, un editor decide, arbitrariamente, cortarme una escena.

¿A alguno de sus hijos le ha interesado la actuación?

Sí, Gioia Denise está ahora actuando en “Sabor a ti”, en Venevisión. Por ella hubiese empezado a actuar desde que nació, porque es una actriz nata, pero tanto su padre como yo siempre le dijimos que terminara su bachillerato, y que cuando empezara la universidad le daríamos permiso para que, si realmente quería, además de sus estudios universitarios se dedicara a la televisión. Así fue: le faltan dos semestres para graduarse en Arte en la Universidad Central y se ha dedicado de lleno a la televisión. Trabajó en “Juana la Virgen”, y en “La cuaima” en Radio Caracas, y le ofrecieron hace un año un papel realmente muy bueno en “Sabor a ti” en Venevisión, que está haciendo muy bien, estoy muy orgullosa de ella.

¿La aconseja como actriz?

Muy poco, para no influirla, pero los consejos que le he dado, con mucho tacto, los ha tomado bien y le han servido.

¿Le gusta que haya seguido sus pasos?

Me gusta que en la vida cada quien tome sus propias decisiones y se sienta satisfecho de ellas. Ella está preparada para enfrentarse a ese medio porque le he contado lo que yo pasé, y además, hoy en día existe la figura del manager que es muy interesante porque te evita enfrentamientos directos que pueden ser desagradables y discute las condiciones por ti, así que afortunadamente ella no tiene ese problema. ¡Cómo me gustaría volver atrás y tener un manager que me hubiera evitado todas esas cosas a mí!

Y el varón ¿qué profesión tiene?

Está en el segundo semestre de Arte también, y Perla es Comunicadora Social graduada en la Universidad North Western de Chicago.

E.L: Después de todo la suya es una familia obviamente inclinada hacia las artes escénicas… ¡su mamá hizo lo que le dio la gana con todos!

Mis hijos nunca podrán decirme lo que yo le decía a mi pobre madre, que en paz descanse, de que han hecho lo que yo quiero, porque a Gioia, por lo menos, jamás de los jamases le he dicho qué bonito, qué lindo, hazlo, no, ella desde las fotos donde tiene un año está posando, ella nació con ese don.

Perla hizo una novela, “Cristal”. Cuando regresó ya graduada de Chicago me dijo que iba a actuar y a mí me sorprendió porque ella odiaba eso, pero lo odiaba como una defensa, como cuando yo le decía a mi mamá que estaba en eso por ella, que resultó ser mentira. En el caso de Perla, cuando era pequeña le asustaba muchísimo que la gente se acercaba y nos abrazaba, a mí y a su padre actor también, y ella comenzó a rechazar el ambiente de nosotros y las consecuencias de la fama. De modo que cuando me dijo que iba a actuar, pensé, bueno, será. Hizo esa novela y me dijo: ¿Sabes qué, mamá? A mí no me gusta ser actriz. Yo siempre lo pensé, pero quizás tenía que probar para saberlo ella.

E.L: Ella empezó de libretista con José Ignacio Cabrujas.

Sí, y él siempre le dijo que estaba claro que ella era escritora, no actriz. Y fíjate que después de ser escritora, ahora vive en Miami porque es ejecutiva de Telemundo, donde se desempeña como vicepresidente de Dramáticos.

Hoy, justamente, buscando información en Internet, leí un texto que le escribe Carolina Espada a Perla en el que recuerda que Cabrujas, su primo, le dijo eso y ella agrega que una niña que fue engendrada por Gioia Lombardini y Daniel Farías nació para ser grande… es una cosa así, muy simpática.

Sí, Carolina es un ser espectacular y siempre le decía: Tú eres grande, acaba de quitarte tanta modestia y tanta cosa. Pero no se la quitará nunca porque sigue siendo igualita; Perla es un ser realmente sencillo y eso creo que es de familia porque yo nunca tampoco me sentí nunca una diva, jamás, no me gusta, no lo entiendo, no va conmigo. Soy más bien una “antidiva”.

E.L: En este momento usted debe tener una perspectiva del mundo de la televisión muy particular, porque se retiró mucho tiempo y ha vuelto. ¿Qué diferencias observa entre su primera época y ésta?

En cuanto a la novela en sí, no veo diferencias porque en esa época las de Delia Fiallo eran novelas de muchísimo éxito también. Pienso que hoy día la novela sigue siendo rosa, o sea, no ha cambiado el esquema de la novela en sí.

E.L: Que sí ha cambiado en otros países, y de manera contundente, sobre todo en Colombia

Sí ha cambiado en otros países, pero aquí no. Yo pienso que en Venezuela nos gusta ese estilo, definitivamente, somos todavía muy rosa, no estamos tan golpeados como en otro lado para que cale ese tipo de cosas, pienso yo. En cuanto a los problemas en sí, creo que estamos en el mismo punto que cuando me retiré.

E.L: ¿Considera que la misma dinámica interna de las plantas de televisión, que le hizo tomar la decisión, impera hoy en día?

Sí creo, aunque no podría asegurarlo. Viendo hacia atrás mi retiro considero que tuve una gran suerte como mujer y como actriz. Me retiré en la plenitud de mi carrera siendo aún joven y con ello me evité una cantidad de años sufriendo porque me imagino que no hubiera cambiado el panorama. No sufrí lo que veo que mucha gente sufre, que es el día a día y el pasar de los años en esta carrera, que de mala o de contrafigura o de protagonista pasas a ser una mamá, o la tía, porque los años van pasando, por más que te cuides y hagas lo posible para mantenerte joven y verte bien. Los años pasan indudablemente para todo el mundo y para las actrices en particular – y los actores, no excluyo a los hombres- es muy duro ese paso que te va marcando. Tuve esa gran suerte de no pasar por eso, pasé de ser la mujer bella y deseada, digámoslo así, por el protagonista engaña, la que desataba las tormentas pasionales, pasé de eso directamente a ser la mamá del protagonista. Y entonces todo el mundo dice pero qué maravilla, pero es que no pasaron los años para ti, ¿pero cómo, no pasaron? Claro que sí lo que pasa es que ni el público ni yo sentimos ese tránsito. Cuando era joven me aterraba la idea de quedarme siempre en esto y ser vieja y tener necesidad de trabajar en cualquier papel, porque aquí no respetan la trayectoria, mientras que en otros países sí lo hacen.

E.L: ¿Diría entonces que la poca valoración de los actores de edad es algo típico de aquí?

Me imagino, aunque no he vivido en otros países, pero tú ves que en otros países a las personas de edad las respetan en todo sentido, a nivel profesional, a nivel económico, y llegan a cierta edad con la posibilidad de seguir viviendo con dignidad.

De Venezuela se dice que es un país eminentemente joven, lo que ha llevado a una sobrevaloración de la juventud por encima de la sabiduría y la experiencia. Y, fíjate, que si nos ponemos a ver cuál ha sido el destino de las grandes actrices de aquella época, no podemos decir que sea muy luminoso…

Exactamente. Es triste.

¿Alguna vez llegó a sentirse olvidada por el público?

Nunca. Siempre seguí siendo reconocida en la calle, así estuviera encubierta por una peluca o unos lentes. Tengo un gran agradecimiento por el público, que siempre me recordó, me estimuló y me pidió que volviera a la actuación. Debo decir que nunca he llegado a ser anónima. Las dos vertientes de mi trabajo parecen haber quedado grabadas en el público, y todavía hay gente que me dice: Usted es mi hada madrina.

E.L: ¿Haría papeles de abuelita?

Es que ya no sé… hoy en día las madres son más jóvenes que los hijos muchas veces. Si, creo que haría hasta de bisabuela. Eso a mí no me quita, yo no tengo complejos con la edad, me siento muy bien, muy feliz con mi edad, y no tengo ningún problema si los ejecutivos creen que ya debo ser bisabuela, pues bisabuela seré. Todos los papeles, si son buenos, son bienvenidos.

E.L: Me quedó una laguna: ¿qué fue de la vida de su hermano?

Mi hermano se quedó, por supuesto, en este país. Lo adoro, me adora y le cuento algo extraño e insólito: mi hermano jamás regresó a Italia, ni siquiera de vacaciones. Es una cosa que no comprendo, pero así es.

¿Y usted volvió después de aquel intento de vivir allá?

Sí, por supuesto, pero ya de vacaciones. Italia es un sueño dorado, un sueño bellísimo, pero no es el país donde creo vaya a vivir de nuevo, no está en mis planes. Hace muchos años que dejé que eso fuera un plan y no por nada, te repito, pienso que es espectacular. Europa en sí es espectacular y Roma es una ciudad que me da ganas de llorar cada vez que llego allá, por la emoción, pero no para vivir. Yo amo a Venezuela, realmente te lo digo con todo el corazón, la amo profundamente, amo su gente. Siento que es mi país, tan simple como eso.

¿Se hizo venezolana?

Sí, me hice venezolana cuando nació Perla, pero por supuesto recobré la nacionalidad italiana cuando el gobierno de Venezuela dio el permiso, de la doble nacionalidad, porque, te digo sinceramente, no ya por mí, pero pienso que los hijos de uno tienen derecho a tener esa posibilidad, ya que se lo permiten y mira: tú sabes que la vida da muchas vueltas.

Como las vueltas suyas.

Como las mías, exactamente.

Prodavinci 

Comentarios (2)

luis la rosa
29 de octubre, 2013

EN MIS DIAS DE JUVENTUD RECUERDO A MI MAMA YA FALLECIDA Y QUE EN PAZ DESCANSE QUE JUNTO A SU HERMANA VEIAN MUCHA TV Y MENCIONABAN MUCHISIMO A GIOIA LOMBARDINI…CUANDO LA VI POR PRIMERA VEZ ME CAUSO UNA IMPRESION INDESCRIPTIBLE POR LO BELLA QUE ERA Y UNA VOZ DIVINA…TODAVIA LA RECUERDO CON GRAN EMOCION Y SI LA ENCUENTRO EN UNA DE LAS CALLES DE CARACAS SEGURO LE PIDO SI LE PUEDO DAR UN BESO AUNQUE SEA EN LA MEJILLA…ES UNA GRAN DAMA…DIOS LA BENDIGA AYER , HOY , MAÑANA y SIEMPRE…

ARSECIO LINARES
4 de abril, 2014

Siempre he admirado a Gioia Lombardini, me es grato realmente leer esta entrevista. Muchas veces me ha habia preguntado por esa excelente actriz que todas las tardes nos deleitaba a la televidencia infantil con su programa” Gloria y sus amiguitos”. Tambien la recuerdo actuando al lado de Simon diaz en el programa “La Quinta de Simon”. En este programa Giogia hacia el papel de “Elba” la novia de Simon Diaz. Para ese entonces estaba de moda la cancion “Por Elba”, cantada por Simon Diaz y escrita por Hugo Blanco.

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