Diario de Alejandro Oliveros
Diario: S.E.I.D.A.L./Los presos políticos: postdata
4.45 am -Estas son las mejores horas del día, una temperatura agradable y una suave brisa que llega del este con olores marinos y sabores salitrosos. Pero, aun así, sobre el Ávila, la noche ha dejado de ostentar la transparencia cristalina de hace unos años. Pero volverá, más temprano que tarde, de eso estoy seguro. -Siempre me [...]
4.45 am
-Estas son las mejores horas del día, una temperatura agradable y una suave brisa que llega del este con olores marinos y sabores salitrosos. Pero, aun así, sobre el Ávila, la noche ha dejado de ostentar la transparencia cristalina de hace unos años. Pero volverá, más temprano que tarde, de eso estoy seguro.
-Siempre me ha gustado comenzar a trabajar a estas horas. Digo siempre, pero sólo ha sido así desde hace unos treinta años, cuando tuve que alterar mi horario nocturno de trabajo para acompañar a mi hija a ver comiquitas en la televisión. Estas horas, de 4 a 6am, son intermedias, que han dejado de ser noche y todavía no son “mañana”.
Si no ha sido visitado uno por inquietantes sueños (es mi caso) y disfrutado de unas seis horas de merecida, aunque poco probable, horizontalidad, estamos preparados para quedarnos frente a los cuadernos, Waterman en mano, hasta el fin del período. Es cuando hay que detenerse y tomar uno de los dos caminos: hacia el trabajo adormecidos, pensando en los que el día nos pueda deparar de grato, o seguir escribiendo Pero ya nada será igual, con tanta gente despierta, tantos carros, tanto ruido, tanta cola y el bochorno asomando sus dientes a la vuelta de la esquina. Cuando uno comienza a escribir tan temprano, a partir de las 4am, digamos, ciertas recomendaciones deben ser observadas. La primera es tratar de mantenerse no del todo despierto, no se trata de un duermevela porque la lucidez es necesaria. El café está prohibido y algunos autores, como Walter Benjamín, desaconsejaban incluso lavarse la cara, pero, para tranquilidad de muchos, debo decir que se trata de algo opcional. Por supuesto, ni pensar en la posibilidad de un baño tempranero, un prerequisito que ha alejado a no pocos candidatos, y que es considerada transgresión irremediable por la S.E.I.D.A.L. (Sociedad de Escritores Insomnes y Desvelados de América Latina). El santo patrono, como debe ser, es un escritor francés, el proteico Paul Valéry, oriundo de Sette, en la ribera de Languedoc, con su cementerio marino, sin palomas, dominando la bahía. Ahora son las 5.30am y aunque no he puesto una línea que valga la pena, siento que estoy cumpliendo con mi padre muerto, a quien le prometiera, a mis 22 años, que, aunque nunca iba a ser médico, me iba a convertir en escritor. Si hubiese entendido entonces las dimensiones del compromiso, habría terminado con lo poco que restaba de carrera. Y a estas alturas, sin mayores angustias creativas, me estaría poniendo mi bata de inmaculado blanco y, después de un buen baño y un espumoso café, iría camino a la consulta en mi plateado Mercedes. En su lugar, estoy aquí, escribiendo, con poca luz, estas líneas ayunas de cualquier trascendencia.
6.10 am
En la radio una sonata de Vivaldi para cello, con la promesa de que, a pesar de todo, este jueves 19 de noviembre va a ser un buen día.
Los presos políticos: posdata
Por recomendación del querido amigo y lector adicto a estos diarios, y de todo lo que valga la pena ser leído, desde el Código de Hammurabi en adelante, reproduzco la noticia publicada en el número 126 del BOLETÍN DEL ARCHIVO HISTÓRICO, donde se ofrecen noticias sobre la suerte del Dr. Néstor Luis Pérez, de cuya madre, doña Adela hemos reproducido tres misivas en prodavinci.
Son innumerables las cartas de Doña Adela de Pérez, quien desde Maracaibo pide la libertad de su hijo, el doctor Néstor Luis Pérez, notable jurista y personalidad dirigente de la sociedad zuliana. Néstor Luis Pérez cae preso, acusado de haber encabezado la protesta municipal contra los desafueros del Presidente del Estado Zulia, General Gumersindo Méndez y de ser muy activo participante en la conspiración que en 1913 encabezó el General román Delgado Chalbaud. El doctor Pérez va a estar reducido a prisión hasta el comienzo de la década de los años veinte cuando marcha al destierro, en el cual permanecerá hasta la muerte de Gómez, en 1925.





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