Rosa Náutica

La nueva carrera hacia la Luna

Por Luis Esteban G. Manrique | 12 de Noviembre, 2009
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Rosa Náutica

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El exitoso lanzamiento por la NASA del cohete Ares 1-X, ha relanzado la carrera hacia la Luna. El Ares reemplazará a los viejos trasbordadores espaciales, creando el propulsor que podría llevar nuevamente una tripulación estadounidense al satélite de la Tierra en 2020… siempre y cuando la administración de Barack Obama apoye el presupuesto necesario, lo que aún no es seguro.

El lanzamiento del Ares costó 445 millones de dólares. Sus sucesores no entrarán en servicio hasta 2015. Con una deuda pública creciendo como la espuma, el apoyo del Congreso a los presupuestos de la agencia espacial es dudoso. A menos que una nueva rivalidad estratégica como la que impulsó el proyecto Apolo durante la guerra fría haga cambiar las actitudes prevalecientes en el Capitolio.

China planea enviar una misión tripulada a la Luna probablemente en 2020. Antes construirá una estación espacial en 2015 y sucesivos cohetes Shenzhu orbitarán el satélite y una misión no tripulada alunizará en su superficie para traer de regreso rocas lunares.

India, que en octubre de 2008 lanzó una nave espacial no tripulada –el Chandrayaan-1–, que orbitó la Luna, planea enviar pronto sus primeras misiones tripuladas al espacio y poner un hombre en la superficie lunar también en 2020. En 2012 inaugurará en Bangalore un centro de entrenamiento de astronautas. El año pasado, India marcó un hito al lanzar 10 satélites al espacio con el mismo cohete. Su industria espacial tiene clientes en países como Italia e Israel.

Japón, que envió sondas lunares en 1990 y 2007, piensa volver a hacerlo entre 2012 y 2013 y establecer una base lunar en 2030. Japón ya lanzó en septiembre su primera nave no tripulada a la Estación Espacial Internacional (EEI), en la que cooperan EEUU, Rusia, Japón, Canadá y la UE.

Lo que preocupa a EEUU es el carácter estrictamente militar y secreto del programa espacial chino, que ya demostró su potencial bélico con la destrucción en 2007 de un satélite geoestacionario que había quedado inservible. China ya tiene tres centros espaciales: los de Taiyuan, Xichang y Jiuqan a los que pronto añadirá uno más, el de Wenchang. El general Xu Qiliang, jefe de la Fuerza Aérea china, ha declarado que la competencia militar en el espacio es “inevitable” y que sólo si China forja “una espada y un escudo” en el espacio podrá preservar la paz.

Pekín no parece tener restricciones presupuestarias para su programa espacial, aunque las cifras invertidas son uno de los mayores secretos del país. En 2007, Mike Griffin, director de la NASA, declaró ante el Congreso que China será el primer país en regresar a la Luna “y eso no nos va a gustar nada”.

EE UU cuenta con un carta decisiva en esa carrera: los presupuestos del Pentágono, de medio billón de dólares anuales, muchas veces puestos a disposición de los programas espaciales. El Pentágono controla 104 satélites dedicados exclusivamente a tareas militares y sus sistemas de radar rastrean 20.000 objetos espaciales que orbitan el planeta. No parece casual que el nuevo propulsor Ares haya sido bautizado con el nombre del dios griego de la guerra.

Europa ve con inquietud un proceso que podría militarizar el espacio. En su primera reunión conjunta de la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA, en sus siglas en inglés, creada en 1975 y a la que pertenecen 18 países del Viejo Continente), el pasado 23 de octubre en Praga, los funcionarios comunitarios subrayaron la importancia que la comunidad internacional apoye las conclusiones del documento Global space exploration: a framework for coordination, firmado en 2007 por 14 agencias espaciales de todo el mundo para diseñar una estrategia global de exploración espacial basada en la cooperación internacional.

A pesar de las dificultades presupuestarias para financiar algunos programas de la ESA, que se podrían paliar integrándolas en proyectos de defensa, Günter Verhuegen, vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Industria, fue enfático al asegurar que ESA seguirá siendo una agencia civil y que Europa ofrece al resto del mundo un modelo de cooperación internacional para la exploración espacial con fines pacíficos.

El más reciente ejemplo es el satélite europeo SMOS, lanzado con éxito desde la base espacial rusa de Plessetsk con el cohete Rockot para medir la humedad de los suelos y la salinidad de los océanos terrestres con el fin de comprender mejor los cambios climáticos.

Junto al SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity), el cohete Rockot puso en órbita el mini satélite Proba-2, destinado a probar nuevas tecnologías espaciales y a observar el Sol. El agua en los suelos y la sal en los océanos son dos variantes clave ligadas al ciclo del agua en la Tierra, con un importante impacto –pero aun sin cuantificar- en la meteorología y el clima.

El calentamiento climático es un hecho, pero sus consecuencias en el ciclo del agua (lluvias, evaporación…) son inciertas, por lo que el papel del SMOS puede ser decisivo para tener mejores datos y poder construir modelos climáticos fiables. Los datos de SMOS permitirán establecer mapas de la humedad del suelo con una resolución media de 43 kilómetros.

Desde su órbita polar, a unos 758 kms. de altitud, el SMOS va a barrer la totalidad de la superficie del globo cada tres días. En febrero próximo, la ESA lanzará el satélite Cryosat-2 para medir el espesor de los hielos marinos.

El programa Global Monitoring for Environment and Security (GMES/Kopernikus), dirigido a anticipar cambios medioambientales investigando por medio de satélites las interacciones ente la atmósfera, la biosfera, la hidrosfera y el impacto que la actividad humana,tiene en los procesos naturales del planeta, ha recibido 1.400 millones de euros de la Comisión Europea.

Otros importantes logros espaciales europeos incluyen el laboratorio Columbus, instalado en la EEI y el vehículo de carga espacial Jules Verne, el más grande construido hasta ahora, y el GPS Galileo. Los cuatro mayores operadores civiles de satélites son europeos o tienen sede en Europa y la industria espacial europea tiene el 40% del mercado mundial de fabricación, lanzamiento y servicios de satélites. El Ariane-5 es capaz de poner en órbita geoestacionaria una carga de hasta 10 toneladas.

Un 50% de los componentes presurizados de la EEI han sido fabricados en la UE a pesar de que su contribución formal a la estación es del 10%.La ESA ha lanzado además exitosas misiones a la Luma, Marte y Venus y la del Huygens a Titán, un satélite de Saturno, ha sido la misión que más lejos ha llegado hasta ahora en el sistema solar.

Según Verheugen, la exploración espacial es uno de los acicates más eficaces que tiene la construcción europea porque permite a los Estados miembros participar en términos de igualdad en la conquista espacial y mantenerse en la vanguardia mundial de la innovación tecnológica.

La ESA participa, por ejemplo, en el 15% del telescopio espacial Hubble, clave para la exploración del origen y los confines del Universo, y está en primer línea en el desarrollo de nuevas tecnologías de propulsión espacial eléctrica, imprescindibles para una eventual misión a Marte, el desarrollo de nanotecnología aplicada componentes electrónicos microscópicos y medicina en condiciones de ingravidad.

Según una encuesta de Eurobarómetro un 20% de los europeos cree que el recursos presupuestarios para actividades espaciales deben aumentarse y un 43% que deben mantenerse en sus niveles actuales. Un 70% cree que la exploración espacial es un a fuente de desarrollo económico y de protección del medio ambiente.

Luis Esteban G. Manrique 

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