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Por Alejandro Oliveros | 30 de Octubre, 2009
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Valencia, 6:10 pm

Hoy ha sido uno de esos días en los cuales pasa muy poco de bueno. El santo distraído o de espaldas. Salvo una conversa con el querido Daniel Labarca, nada gratificante. Claro que los ha habido peores, mas eso es consuelo de tontos. Las noticias, de afuera y de adentro, han sido todas negativas. Unas más inesperadas que otras. Pero siempre malas.

Por el día de hoy ya no quiero saber nada del mundo exterior, que parece haber escogido este viernes para mortificarme, como decía la buena de mi tía Loreta. Por fortuna, los resultados de los exámenes de sangre que me hice en la mañana, no están listos para hoy. No he podido leer ni escribir, ni siquiera pasar “a máquina” un ensayo sobre el papel y la literatura, que me solicitó el amigo artista Wladimir Zabaleta. Por otra parte, la gripe no termina de pasar, duermo mal, me molesta la garganta y ni siquiera me puedo dar el gusto de un Trinidad o Cohiba para compensar las malas nuevas. Además, he tenido que suspender el Omeprazol, y no es mucho lo que pueda tomar sin que me acuda una terrible acidez. Como si fuese poco, la novela de Roth, DERECHA E IZQUIERDA (Rechts und Links) que comencé a leer hace poco, se extravió y me niego a iniciar otra lectura hasta que termine con esta narración, una nueva elegía a las glorias del Imperio Austro-Húngaro, del cual Roth se autodesignó “súbdito-cronista-imperial”. Me consuelo hojeando el catálogo de la exposición JOSEPH ROTH IM EXIL IN PARIS 1933 BIS 1939, que el Museo Judío de París, le dedicó al amado escritor el verano pasado. De DERECHA E IZQUIERDA es esta línea memorable: “Convicciones y pasiones se presentan de manera confusa en los corazones y cerebros de los hombres, y no existe ninguna lógica interior”. De acuerdo con David Bronsen, en su biografía de Roth, esta narración sería el “ejemplo típico de una novela apenas esbozada que se construye a partir de la psique del autor, y que termina por ser dominante y eclipsar el bosquejo inicial de la acción”. Por lo poco que leído, la siento más cerca de FUGA SIN FIN que de LA CRIPTA. Quiero decir, que no me parece que Roth se haya procurado la dicción que lo convertiría en uno de los grandes exponentes de la prosa alemana contemporánea.

Alejandro Oliveros 

Comentarios (2)

betulio
30 de Octubre, 2009

Herr Oliveros nos habla de una de las novelas más flojas de Roth, que en castellano se consigue con el título no menos lamentable de “A diestra y siniestra” (editorial Anagrama). Semanas atrás tuve la oportunidad de visitar, junto a mi primo Oscar Marcano, la exposición de Roth en París. Pocas baratijas y todas de segundo orden. Lo único interesante fueron las primeras ediciones en francés de sus libros y alguna carta. Para resarcirnos de tan provincial curaduría fuímos a brindar por Roth y el Kaiser Franz-Joseph en el café Tournon, oficina predilecta del escritor y donde lo sorprendió el último boleto. Para los que no conozcan a Roth les sugiero que busquen “Hotel Savoy”, “La marcha Radetzki”, “La cripta de los capuchinos”, “Job” y esa pequeña joya que es “La leyenda del santo bebedor”. Existen varias biografías sobre el autor pero la más importante es la que menciona meister Oliveros, la de David Bronsen, publicada en Alemania en 1974. No existe edición en castellano. Para Oscar y este servidor la tarde fue memorable ya que coincidimos en el café con otro admirador de Roth, el gran escritor francés Patrick Modiano. Cuando supo que eramos venezolanos se emocionó mucho y nos contó que su bisabuelo vivió más de una decena de años en nuestro país, igual que una hermana. Tuvo bellas palabras de recuerdo hacia Juan Liscano y la Monte Avila Editores de mejores tiempos. Prometimos enviarle néctar de Santa Teresa, “el mejor del mundo”, según sus palabras.

FP
31 de Octubre, 2009

Sólo lamento no haber coincidido en el Tournon con los distinguidos amigos venezolanos Boersner y Marcano, Vice-Presidente y Tesorero, respectivamente, de la S.U.A.J.R.F.J. (Societé Universelle d’Amis de Joseph Roth et François-Joseph) con sede en el mencionado boliche del Odeon; de seguro Roth no habría utilizado con ninguno de los dos su frecuente y derisoria expresión, “Ein Dichter der Kafee trinkt!”

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