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Por Patricia Lara Salive | 23 de Octubre, 2009
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DrugPor Patricia Lara

La aprobación por unanimidad, en la Cámara de Representantes de EE.UU., de un proyecto de ley que crea una Comisión de Notables para revisar la lucha contra la droga y recomendar políticas más apropiadas y eficaces indica que esa guerra interminable, que nos ha traído tantos males, por fin tomará un rumbo inteligente.

El consumo ha ido creciendo de manera ininterrumpida, no obstante que en estos 28 años se han invertido más de US$11.000 millones en asistencia antinarcóticos para Latinoamérica y el Caribe, y que la DEA ha gastado otros US$2.500 millones más, afirma el proyecto. Agrega (parece que por fin se dieron cuenta) que el negocio de las drogas genera violencia, inestabilidad y corrupción en la región andina, Centroamérica y México. Luego, les pide a los diez notables que integrarán la comisión (cuatro nombrados por los republicanos, cuatro por los demócratas y dos por el presidente Obama), que en doce meses evalúen la efectividad de los programas de erradicación, interdicción y desarrollo alternativo que se vienen implementando con el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida para México, que examinen los programas de prevención del consumo y tratamiento de adictos, analicen otras experiencias y ofrezcan alternativas para reducir la demanda. Ahora, Cámara y Senado en pleno seguramente aprobarán la ley que creará la Comisión de Notables, quienes, si lo son de verdad, marcarón un nuevo rumbo en esta estúpida guerra.

Y no será raro que concluyeran que no tiene sentido botar la plata así, y que más vale prevenir el consumo a base de darles buena educación y montones de afecto a los niños y a los adolescentes y legalizar la droga, pero grabándola con impuestos altísimos, que les solucionen la crisis económica.

Como lo anota Juan Gabriel Vásquez en El Espectador, lo que ha ocurrido durante este año en EE.UU. es sospechosamente parecido a lo que ocurrió en 1933, cuando desapareció la prohibición del alcohol. Aquella duró catorce años, mientras que la guerra contra las drogas ya va para 40, pero el fondo es el mismo: la experiencia comprobó que la prohibición, lejos de desestimular el consumo, lo había aumentado en varios estados; que la única consecuencia de la prohibición era la creación de una mafia peligrosa; y que la única consecuencia de la persecución de esa mafia era el encarecimiento del producto y el aumento de la violencia. Y la opinión de EE.UU. comenzó a moverse hacia un cambio. En marzo de 1933, Roosevelt permitió el consumo de algunos tipos de alcohol; en diciembre se aprobó una enmienda constitucional que devolvía a los estados el derecho de decidir qué hacer con los consumidores. Se necesitó un cambio en la mentalidad de la gente, claro, y también información donde lo que había era ignorancia. Pero lo que dió el empujón definitivo al tema fue la Gran Depresión: los millones de dólares que saldrían de un impuesto al alcohol desarmaron buena parte de los prejuicios.

Ojalá ocurra lo mismo ahora y esta crisis económica que tiene a la gran potencia casi cabalgando en cifras de desempleo de dos dígitos, nos traiga el beneficio de que, por fin, se nos acabe la estigmatización y la lucha antidrogas (no la lucha anticonsumo, por supuesto!) y así nuestra guerra interna llegue a su fin, pues paramilitares y guerrillas perderían sus inagotables recursos. Y su aliento.

Imagen: Rhino Real

Fuente: El País de Cali

Patricia Lara Salive 

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