Testimonios inmigrantes

Marisa Vannini, la investigadora: la profesora no se cansa

Por Prodavinci | 20 de octubre, 2009

marisaPor Guadalupe Burelli

Creo que no me equivoco al afirmar que cualquiera que se haya interesado por la presencia italiana en nuestro país forzosamente tiene que conocer los aportes fundamentales que ha hecho Marisa Vaninni a este tema. Esta mujer pequeñita, vigorosa y persistente me recibió en su casa de la Florida, ubicada en la única calle donde ha vivido desde que llegó adolescente a Caracas. Está claro: las casas reflejan a sus dueños y la de Marisa no va a ser la excepción, sino su más fiel expresión. Allí no existen espacios ociosos, por todas partes hay huellas de vida activa, de trabajo en ejecución y los objetos inanimados: libros, cuadros, muebles, adornos sirven de marco al bullicio que crean los ladridos de los perros, mansos y bravos, y a la cháchara de los pájaros que entran y salen, libres, de la casa mientras se les llama con nombre propio.

¿Cuándo y en qué circunstancias vino a Venezuela?

Yo realmente no vine a Venezuela sino que me trajeron. Mi padre, ingeniero, había sido contratado por el MOP y llegó antes que nosotros. Entonces nos llamó a mi mamá, a mi único hermano y a mí. Que yo recuerde, nosotros vinimos como residentes, así decía nuestro pasaporte, no como inmigrantes, en el año 48. Nos alojamos en la avenida Los Pinos en La Florida, donde todavía estamos. Mis padres alquilaron una quinta, la número 26, que después compramos y allí estuvimos por muchísimos años, hasta que muchos más tarde, con mi esposo y nuestros tres hijos, cruzamos la calle y habitamos esta quinta más grande que es la número 27. Siempre estuvimos en Los Pinos.

¡Qué fidelidad al lugar! ¿De qué parte de Italia venían? ¿Dónde nació usted?

Yo nací en Florencia pero estudié en Boloña, durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque era muy niña, recuerdo que fue un período difícil. Nos refugiamos más arriba, en la montaña, pero con el tino que justo caímos en la línea gótica, donde se detuvo el frente bélico por largo tiempo.

Por eso, cuando llegué a Venezuela me pareció haber encontrado el cielo, le dije a mi mamá que nunca iba a regresar a Italia, ya que recordaba el frío, el miedo, los bombardeos y la persecución, porque mi familia era antifascista. En realidad pasamos grandes peligros y momentos terribles.

¿Qué edad tenía?

Dieciséis, diecisiete años.

¿Había estudiado bachillerato?

En parte, porque la secundaria italiana es muy larga. Aquí hice la reválida y me inscribí en el Liceo Fermín Toro para terminarla. Después me empleé como maestra -yo creo que siempre fui docente de corazón- en el preescolar del Instituto Montessori que quedaba el Los Palos Grandes, una urbanización que se empezaba a formar.

¿Cómo vivía la ciudad en aquella época?

Caracas era tranquila, alegre, acogedora. Cuando daba clases en el Instituto Montessori salía de casa poco después de las 5 de la mañana y recorría toda la avenida Los Jabillos hasta Sabana Grande: aquello era un paseo, se veían flores, pájaros, ardillas, no había edificios. Por la calle La Línea, hoy avenida Libertador, pasaba el tren y yo siempre me paraba a esperarlo y lo saludaba. Luego, llegaba hasta la Farmacia Asunción y allí me recogía el chofer del bus escolar, hacíamos el transporte recogiendo a los niños de 6 a 8; me fascinaba porque me llevaba por toda Caracas: El Conde, el Paraíso… era como un tour. Todo esto lo cuento yo en Arrivederci Caracas, libro que acaba de publicar Los Libros de El Nacional.

Desde muy joven pudo desarrollar su inclinación hacia la docencia…

Empecé como docente en preescolar, pasé para primaria, luego di clases en bachillerato por varios años, mientras estudiaba en la Universidad Central; y por último, fui y aún soy profesora universitaria.

¿Algún recuerdo de su docencia en secundaria?

He quedado muy ligada al Liceo Pedro Emilio Coll, del que por cierto, soy de los fundadores. En aquel entonces no quedaba donde está ahora, en ese edificio tan bello de El Valle, sino en una vieja casona donde, cuando llovía tenía que colocar a todos los alumnos pegados a la pared y yo daba brincos en el medio para evitar las goteras y los charcos.

¿Estudió Historia?

No, me dediqué mucho a la Historia pero estudié Letras, y tuve la suerte de tener magníficos profesores como Mariano Picón Salas, Edoardo Crema, Federica Ritter, Juan David García Bacca, Joaquín Gabaldón Márquez, Santiago Magariños. Cuando cerraron la Central en la época de Pérez Jiménez, varios estudiantes nos fuimos al Pedagógico. Después la abrieron de nuevo pero como no había seguridad, seguimos con ambas carreras y nos graduamos como licenciados en la Universidad y como profesores en el Pedagógico. Las Letras me permitieron entrar a formar parte del personal docente de la Universidad Central. Tuve cursos de Italiano Jurídico en Derecho, de Literatura Italiana y Literatura Clásica en la Escuela de Letras y en el Pedagógico, y junto con el profesor Crema, quien me introdujo en la docencia universitaria, fui la fundadora de los cursos de Lengua Italiana en Letras, Filosofía, Periodismo -que ahora se llama Comunicación Social-, Educación e Historia. El italiano adquirió muchísima popularidad y mis discípulos me dieron muchas satisfacciones.

¿Usted piensa que ese interés por el italiano tenía que ver con la corriente migratoria en Venezuela?

Sí, pero sólo en parte, porque Venezuela era muy abierta hacia el mundo y además de recibir cordialmente gente de varias nacionalidades estaba dispuesta a aceptar ideas, cultura, música, canciones, moda, gastronomía. Era un momento de gran acogida de lo extranjero. Yo, además de la Universidad Central, fundé los cursos de Lengua y Cultura italiana en el Istituto Italiano di Cultura, que eran muy concurridos.

¿En Bello Monte?

No, fue fundado en la avenida Los Jabillos aquí en La Florida, y tuvo un director como no hubo ningún otro: el profesor Giorgi Alberti, que luego fue nombrado Agregado Cultural en París. El le dio un empuje tremendo al Instituto, teníamos alumnos de toda Caracas, conferencias, debates, teatro, actos musicales y una inigualable revista artística, Latina. Ahí fundé también los cursos de español para los italianos que iban llegando. Me gusta dar clases, y cuando me jubilé de la Central hacia el año 1985, me llamaron de la Universidad Metropolitana donde colaboré con la Escuela de Educación por algunos años. Ahora estoy más tranquila, me dedico a la investigación, aunque todavía, de vez en cuando, doy unos Seminarios en la Universidad Central.

Veo que usted se pudo insertar en la vida en Caracas sin problemas de ningún tipo ¿verdad?

Así es, además tuve unas amigas excepcionales, sobre todo cuando empecé a dar clases de latín, literatura y francés, en bachillerato, porque después de preescolar y de primaria fui profesora en el Instituto Politécnico donde conocí a Luisa Elena Vegas. Fui muy amiga de Josefina Coronil, Panchita Soublette, Lucila Palacios, Irma de Sola, Margot Boulton, de esas damas que, aunque un poco mayores que yo, me acogieron entre ellas con mucho cariño. Lamentablemente ya fallecieron todas, y quedé con pocas verdaderas amigas de mi edad. Ahora mis amigas son mis jóvenes alumnas.

¿Dónde aprendió francés?

En Italia, y lo perfeccioné en París. Siempre he sido estudiosa, pero no demasiado. Le digo a mis alumnos que es conveniente estudiar bastante para quedar bien, para aprender, pero no hay que sacrificar la vida para estudiar, porque la vida, a mi juicio, enseña más que la escuela.

¿Su familia se quedó en Venezuela para siempre?

Sí, mi hermano y mis padres. Yo no volví a Italia porque no quise, del 48 al 58, pero después me decidí. Hice un curso en la Universidad de Perugia, y cuando la Universidad Central me concedió el año sabático fuimos dos veces con mi esposo y nuestros hijos. Hice un doctorado en Filología Moderna en Boloña, y una Especialización con Humberto Eco a quien, por cierto, encontré hace poco.

Usted tiene una vida increíblemente prolífica en cuanto a producción editorial se refiere, y me da la impresión que es una investigadora nata.

La investigación me ha servido para prepararme, para integrarme a la universidad, porque el verdadero profesor universitario no es aquel que sólo da clases, sino el que investiga, que crea cultura. Por lo menos yo siempre lo entendí así, y logré publicar varios libros que naturalmente nacieron de mis investigaciones.

Gran parte de su investigación está centrada en la presencia italiana en Venezuela.

Es cierto, pero también publiqué el libro La influencia francesa en Venezuela, y luego El mar de los descubridores, Mundo nuevo y Christophorus Columbus, producto de mi interés por investigar desde el descubrimiento en adelante. Más tarde estudié la Independencia y descubrí que hubo muchos italianos involucrados en ella que dieron un grandísimo aporte, como el general Carlos Luis Castelli, ilustre prócer, al cual dediqué un libro. Además publiqué el texto La Lengua Italiana, del que se hicieron varias ediciones y circuló muchísimo en el ámbito universitario.

¿Cuándo empezó a dedicarse a la literatura infantil?

Cuando me casé en el año 60 y me dieron tiempo completo en la Universidad, dejé las clases en los liceos -para tristeza de mis alumnos- y en ese momento, aunque la afición ya venía desde la época de maestra preescolar, empecé a escribir para niños. Fue, en parte, una casualidad. Resulta que iba a la playa todos los fines de semana con mis hijos pequeños, y me llevaba mis investigaciones para trabajarlas allá. Pero me llevé varios chascos cuando perdí algunos valiosos documentos y decidí entonces no sacar material de estudio de mi casa, y, en cambio, escribir para los niños. El caso es que tuve bastante éxito, y he recibido premios de literatura infantil, lo que ha sido para mí muy satisfactorio. Ahora mismo vengo de Barinas donde me estaban esperando mis alumnas de la Universidad Nacional Abierta, que no conocía porque es a distancia, para que les firmara mi obra Literatura Infantil, que obtuvo el premio Municipal de Literatura.

¿Desde cuándo la escritura ha sido una necesidad para usted?

Desde que era estudiante, animada por valiosos intelectuales venezolanos, entre ellos, Rómulo Gallegos, Pascual Venegas Filardo, Ramón J. Velásquez, Miguel Ángel Burelli Rivas, Arturo Uslar Pietri de los cuales tuve la suerte de ser discípula y amiga en una época muy dura, en que éramos pocos estudiantes, por la dictadura y la persecución.

¿Por qué ese interés tan temprano por la historia de los italianos en Venezuela? Quizás advirtió un vacío que era preciso llenar…

Yo empecé a estudiar un poco a los inmigrantes y hubo algo que me impactó: la cantidad de trabajadores italianos que morían en las obras edilicias durante la época de Pérez Jiménez. Quise hacer un trabajo -después me aconsejaron que no lo publicara- para poner de relieve las vidas de inmigrantes sacrificadas en la construcción de edificios y carreteras.

¿Cuál era la razón de ello? ¿Falta de seguridad?

Claro, los empresarios se aprovechaban de ellos, de su buena fe, y los mandaban a trabajar en condiciones arriesgadas con poquísima seguridad, sin protección en los andamios y en la maquinaria, los alimentaban mal, no les proporcionaban asistencia médica. Ahí empezó mi interés por los italianos, luego me dediqué a recoger material, revisar archivos, en lo que me ayudó el haberme graduado, además que en Letras, también en Bibliotecología.

¡A usted realmente le gusta estudiar!

Estudiar en la época de Pérez Jiménez fue fuerte, muchas veces a los compañeros nuestros los perseguían y teníamos miedo de no poder terminar la universidad o de que nos pasara algo peor…

¿Se sentían permanentemente amenazados?

Amenazados e inseguros. Nuestra promoción de Humanidades, la de 1956, escogió el nombre de Rómulo Gallegos, en plena dictadura. Corría la voz de que nos dejarían graduar, y luego nos llevarían a todos presos…

¿Ustedes familiarmente se desenvolvían en el ambiente de los inmigrantes?

Mi familia se reunía más bien con venezolanos; en parte porque todos nuestros vecinos lo eran, en parte porque pensábamos que muchos italianos recién llegados, los empresarios, no los trabajadores, habían tenido relaciones con el gobierno fascista por el que fuimos perseguidos. Pero también frecuentábamos la Casa de Italia, en San Bernardino, cuyos directores eran gente maravillosa que llevaba años aquí en Venezuela, y teníamos buenos amigos entre los intelectuales italianos y sus familias: el profesor Edoardo Crema, los científicos Augusto Bonazzi y León Croizat,
el músico Primo Casale, y otros profesores universitarios.

¿En su casa hablaban italiano?

Cuando llegamos, al principio, lo hablábamos con mi mamá, pero al poco tiempo se nos hizo natural cambiar al español, o combinarlos. Más tarde yo me casé con un médico polaco, el doctor Eugenio Gerulewicz, excelente profesional y persona, mis tres hijos nacieron en Caracas y el español ha sido para nosotros el idioma del encuentro.

¿Vive su marido?

No, lamentablemente falleció hace cuatro años.

¿Sus hijos tienen triple nacionalidad?

No. Los tres son venezolanos, el Consulado de Italia no quiso concederles el pasaporte ni la nacionalidad, porque al nacer ellos, yo ya me había nacionalizado como venezolana.

¿Qué es Italia para usted hoy en día?

Un país muy lindo, muy agradable, rico en historia, tradiciones, música, arte, donde estoy perfectamente un mes… pero después me quiero venir porque me encuentro mejor aquí, estoy acostumbrada y me fascinan nuestro clima, nuestro mar y nuestra gente.

¿Y la relación con Polonia?

Excelente, fuimos allá con los hijos varias veces, es un país muy culto y disciplinado, agradable, pero no para vivir siempre. Primero, no tenemos ganas de irnos de Venezuela, y cómo nos vamos a ir con cinco perros, dos loros, dos morrocoyes, las ardillas del jardín, los pajaritos que entran libremente a la casa y vuelven a salir ¡puedes mirarlos a todos ahora mismo. Realmente nosotros no nos podemos ir, ni nos queremos ir!

¡Están atados a estas tierras y a sus criaturas!

Definitivamente y con cariño.

Hubo dos grandes momentos de la inmigración italiana masiva a Venezuela: a fines del siglo antepasado y después de la guerra. ¿Cuál es la razón para que fueran tantos italianos a Los Andes venezolanos en el siglo XIX, durante la primera emigración?

La primera emigración estuvo constituida principalmente por familias pudientes, que vinieron por motivos políticos, en la época de Garibaldi, y buscaban dedicarse a la agricultura. Fíjate que hubo gente -lo dijeron Mariano Picón Salas y Ramón J. Velásquez- que llegaba con toda la familia en sus propios barcos a Venezuela, en pos de tierras donde asentarse y hacerlas fructificar. Y lo lograron perfectamente. El italiano es muy dado, muy ligado a la tierra. Pero también en la misma época y hasta después -momentos difíciles, de mucha penuria en Italia-, llegaron emigrantes muy pobres, con grandes ilusiones, pero con escasa preparación, a quienes les fue bastante mal.

¿Esa gente vino por su cuenta?

Algunos, pero otros fueron traídos, en viajes penosísimos en barco, por agentes o compañías italianas que les prometían tierras fértiles para cultivar, ofrecidas por el gobierno, desde el presidente Falcón en adelante.

¿Y qué pasó con ellos?

Protagonizaron episodios tristísimos. No recibieron ninguna ayuda, las tierras, que nunca les fueron entregadas, no eran sino terrenos baldíos, ubicados en extensiones de selva sin deforestar, a enormes distancias de los centros habitados. Lo peor es que estos episodios se repitieron. Yo he publicado sobre ellos una investigación titulada La primera inmigración italiana en Venezuela, alienación de los derechos humanos, historia de un reiterado atropello.

¿Y después de esto?

Después vino a Venezuela parte de la gran emigración que se produjo luego de la Segunda Guerra Mundial, gente que buscaba otro país, otras fronteras. En su gran mayoría eran hombres: soldados que habían sufrido en la guerra, que habían sido combatientes en Rusia, en África… gente muy dura, preparada para el trabajo fuerte, pero moderna, progresista: obreros, albañiles, agricultores, carpinteros, zapateros y también técnicos, contables, geólogos, geómetras, mecánicos, maestros,
estudiantes que, por los conflictos bélicos, no habían podido graduarse. El gran valor de esa inmigración compuesta por trabajadores sencillos y valiosos, fue que no solamente trabajó, sino que enseñó a trabajar al venezolano. Ellos sembraron aquí una cultura de amor por el trabajo y el esfuerzo, apreciaron la tierra y sus recursos y, especialmente, valorizaron a la familia y a la mujer. Tú sabes que el venezolano hombre tenía tendencia a ser un poco ligero en las relaciones familiares con sus hijos. El italiano en ese sentido, dio el ejemplo de cómo se forma una familia: se casó con venezolana, tuvo con ella numerosa y legítima prole, formó hogares maravillosos. Por otra parte, también vinieron empresarios, comerciantes y constructores de gran preparación, trajeron capitales de Italia, y aportaron muchísimo. Varios de ellos trabajaron con Pérez Jiménez y, tuvieran o no relación con el fascismo y con la dictadura, la verdad es que eran profesionales formados. Y luego, el último momento de inmigración que veo, fue recientemente.

¿Se puede hablar de inmigración en este momento? ¿No será más bien un flujo de gente que va y viene como consecuencia de la globalización?

Claro, no es una inmigración. Lo que ha sucedido a partir de los años 80 del siglo pasado es un intercambio, otro tipo de relación, pero eso quizás te lo pueden explicar mejor los empresarios, ya que es un intercambio económico, industrial, de gente altamente perfeccionada en cosas técnicas, en telefonía, por ejemplo… pero que luego no se queda.

A lo mejor se quedan porque les gusta mucho el país.

Pero no es la idea, mientras que los anteriores vinieron con la intención de permanecer, cortar con el pasado, integrarse, hacer su vida aquí.

Hoy en día, con la globalización y las comunicaciones, ha cambiado la noción del inmigrante. Hace cuarenta o cincuenta años era posible un desligamiento real con el país de origen, un desarraigo. Pero ahora todo es muy fácil y no hay que estar físicamente para «estar». Yo creo que la palabra emigrar la podemos eliminar, porque ahora lo que hay es una participación, un intercambio.

¿Por qué su familia escogió a Venezuela y no otro país?

Eso en verdad no lo sé, no te podría contestar, quizás por el clima y por el mar, porque nosotros pasamos mucho frío en las montañas durante la guerra, y mi mamá siempre decía que si nos tuviéramos que ir de Italia lo haríamos a un país donde hiciera calor.

¿En sus estudios se ha aproximado a la presencia de los italianos en otros países?

No mucho ¡eso se lo dejo a ellos! Yo me interesé más bien por las influencias de otras culturas en Venezuela, porque sí las hubo realmente. Después de la francesa vino la influencia americana que incidió también en la manera de vivir, en el pensamiento político, social, económico. Pero fíjese que no se puede hablar de una influencia italiana sino de una presencia, de un aporte; por eso, el libro que escribí lo titulé: Italia y los italianos en la historia y en la cultura de Venezuela. Culturalmente, Venezuela sigue siendo un país de cultura española, con influencia de Francia, bastante de Norteamérica, y con algunos elementos indígenas que han logrado abrirse paso.

Quizás lo italiano está presente de otra manera, menos perceptible pero amalgamado de una manera más natural, porque hay rasgos de nuestros temperamentos que son muy parecidos…

Sí, pero con el italiano de antes, porque Italia ha cambiado y los italianos actuales son más fríos, más personalistas, casi indiferentes. Antes eran entusiastas, espontáneos, como el venezolano, con ganas de divertirse ingenuamente, comer, echar bromas. Ahora uno va a Italia y la encuentra distinta, la gente está pendiente de la dieta, del dinero, la moda, los productos light, de paso, mejor se come aquí: mientras que el italiano que está en Venezuela ha mantenido su personalidad.

¿Cómo se da su relación con el mundo de la medicina?

En parte a través de una gran amiga mía, Rosario de Benedetti quien, como en mi libro sobre los italianos me interesé por algunas figuras de médicos, me llevó a la Sociedad de Historia de la Medicina, a la que me incorporé. Es una asociación que tiene muchísimos años y a la cual me honra pertenecer, como también me honra ser Miembro correspondiente de la Academia de la Lengua e Investigador IV Nivel de Fonacit. Casualmente acabo de venir de un congreso en Italia donde llevé un trabajo sobre las plantas medicinales de Venezuela, que interesó muchísimo.

Es decir que usted investiga esos temas también…

No la medicina en sí, ni la cirugía ni nada de eso, sino los temas relacionados con la historia de la medicina, o con la visión popular de ella, me relaciono también con el mundo indígena, que conozco, aprecio y he presentado en algunas de mis obras. En mi novela juvenil La Fogata, por ejemplo, tengo un capítulo sobre los yanomami; en El Oculto, otra novela, los protagonistas son descendientes de los cumanagotos, y también he recogido leyendas del mundo mágico de los yucpa.

¿Ha tenido relación directa con esas comunidades?

Sí, generalmente hago eso cuando voy a algún congreso. Por ejemplo, con ocasión del Primer Congreso de Profesores de Idiomas Modernos en Maracaibo, hace tiempísimo, aproveché y fui a la comunidad de los yucpa: crucé ríos y me encaramé por unos cerros… ahora quizás no lo podría hacer.

Viéndola pareciera que todavía puede hacer lo que quiera… ¿Cómo ha hecho para compaginar actividades académicas, docentes y creativas de una manera tan intensa con tres hijos y un marido?

Gracias a Dios soy una persona de buena salud y como dicen mis hijos, soy muy movida. Me levanto temprano, hago muchas cosas y siempre tengo entusiasmo. Tengo la suerte de que no me canso, como y duermo bien. Luego, a mí me ha ayudado mucho mi esposo, mi mamá, nuestras domésticas venezolanas; las maestras de mis hijos que siempre han colaborado conmigo, las secretarias de la Universidad Central, mis colegas, mis alumnas que todavía me ayudan. A veces tengo dudas y ellas me leen los manuscritos, me aconsejan, me dicen «se le quedó el italiano pegado» y me corrigen. Los vecinos también me auxilian en el cuido de la casa, me avisan cuando se escapan los perros… todos me han ayudado muchísimo. Pero, además, mis hijos tuvieron un papá que se encargó de ellos, una abuela que era mi mamá y una tía viuda y sin hijos que trajimos de Italia; todas esas son colaboraciones familiares importantes que ojalá que mis hijos, que no tienen hijos todavía, las tengan también algún día porque yo posiblemente no seré una gran ayuda para ellos; o por la edad o por mi manera de ser. Además he tenido suerte, me ha ayudado Dios también.

Usted, que ha sido una educadora desde su juventud, ¿cómo ve la educación hoy en día?

Los maestros son muy esforzados, hay que reconocer su trabajo y apreciarlo. Le tengo un gran cariño y una gran veneración al maestro venezolano, que enseña en condiciones muy difíciles y siempre ha tratado de dar lo mejor de sí mismo. Habría que valorizarlos y ayudarlos más, porque el maestro venezolano tiene una dedicación, un sentimiento, una responsabilidad y también una capacidad importantes. Yo a la educación la veo bien, con los defectos comunes a la vida moderna, pero para mí la escuela venezolana es una escuela sana a la que hay que impulsar, dándole más presupuesto, más facilidades, más libros, mejores honorarios y condiciones; más entusiasmo quizás, pero la veo bien y la aprecio.

Es interesante eso que dice sobre la necesidad de elevarle la autoestima al maestro, hacerle sentir la importancia que tiene, porque pareciera que han estado desvalorizados por el sistema.

¡Porque ellos no se rebelan, no se quejan, no exigen! Los padres, los profesores, los políticos, le echan toda la culpa a los maestros porque no formaron bien a los alumnos y no es así, ellos los formaron bien, hicieron todo lo que pudieron, para mí que hicieron hasta más de lo que pudieron, pero necesitan de verdad mayor ayuda y hay que valorizarlos, especialmente a los del interior. Hay que ver con qué entusiasmo en Apure, en Barinas, en Cojedes, están los muchachos en la cola por el plan Robinson, llenando planillas bajo el sol porque sus maestros les inculcaron el deseo de estudiar.

Usted ha publicado alrededor de cincuenta libros. Viéndolos en perspectiva, ¿cuáles le han traído más satisfacciones?

Todos me han dado muchísima satisfacción, especialmente los libros infantiles que me han puesto en estrecho contacto con los niños, pero hay uno que pudiera ser mi libro preferido pese a que me ha traído también muchos disgustos. Se trata de Italia y los italianos en la historia y en la cultura de Venezuela, que desde que lo publiqué me lo han plagiado innumerables veces y cada vez que sale una nueva edición, me lo vuelven a plagiar. A mí eso me ha dado mucho dolor, porque duele ver el
trabajo que hiciste con tanta ilusión, tu investigación que te ha costado tanto, con el nombre de otro que se aprovecha hasta con la ayuda de personas que nunca hubieran tenido que prestarse a ese tipo de acciones viles. Mi libro anda por ahí manoseado por otras personas, aunque en definitiva todo el mundo sabe que es mío y que fui la primera en investigar a fondo sobre ese tema. La primera impresión es de 1966. El hecho es que he llorado por ese libro, porque es casi como si me hubiesen quitado a un hijo. También me han plagiado cuentos infantiles, y poesías. A mis colegas le dio mucha gracia que yo dijera en un Congreso de Escritores que no sé si escribo para ser leída o para ser plagiada, pero todos me apoyaron. ¡Hasta Zapata sacó en la prensa una caricatura con los piratas en el mar, cazando los libros de Marisa Vannini!

¿Qué planes tiene entre manos, profesora Vannini?

Principalmente, tengo planes de publicar lo que tengo escrito y no he publicado, con el fin de que debido a mi edad respetable, mis trabajos no queden engavetados sin ver la luz, y lo estoy logrando a través de las ediciones de la Universidad, El Nacional, Monte Avila, Alfaguara. En el campo de la docencia preparo dos seminarios, uno de Elementos de Italiano, Latín y Griego para Bibliotecólogos y Archivólogos, otro de Literatura Infantil. Sigo investigando temas históricos y el aspecto mágico, folklórico de las maravillosas plantas americanas, y espero publicar pronto una novela que narra el aventuroso viaje de un jovencito y su familia a través de las etnias indígenas de Venezuela.

¡Espero poder terminar todo esto antes de llegar a los cien años!

Señora Vannini, ¡apuesto a que así será!

Prodavinci 

Comentarios (11)

willy Aranguren
25 de octubre, 2009

Hola Guadalupe. que bueno esta entrevista. he leido algunos libros de marisa vanini, sobre todo de literatura infantil, el de los italianos en venezuela, muy de pasaita…La Palabra Imaginaria, libros que le leiamos a nuestra hija mayor,Aura Daniela , que ya tiene 24 años !!!!…pasa el tiempo!!que señora tan dinámica y tan prolífera!!!. gracias…

Quería decirte además que tengo un amigo italiano, Gino Pelusso Gravina, le hice una vez una pequeña crónica de unas 4 cuartillas, publicada en el informador, hace años…el tiene 40 años, mas o menos con un hotel restaurant (El Miranda, por Francisco de Miranda), fue sastre, luchador (se diece que fue “El Gran Sabatista” (para quines puedan recordar la lucha” de Venevisión)… llegó en los 50, está casado con una criolla, la señora Marbella, es la que dirigue a cocina hace 40 años…Es de por estos lados, y todos los hijos, nietos, etc. los crió a punta del restaurant, donde hay una mata de uva que debe tener unos sesenta años!!! el pasticho, la pasta, el conejo al vino (cuando lo hacen), todo es exquisito y del dìa..bueno cuando puedas o puedan venir, podemos ir…el con sus 85 años todavía levanta el pie hasta una altura de 60 cms, tiene un oido musical excelente, aficionado a lo deportes, hasta de manera enfermiza!!!, un gran oido musical y ritmico..en fin ..un personaje. el restaurant, por si acaso, esta a media cuadra de El Informador..ahi se reunian poetas, pintores, la gente de la vuelta al Tachira, vendedores, viajeros, escritores…ahi ceo haber llevado a Perán Erminy, Ramón Palomares, Simón Noriega, Juan Calzadilla, edgar Petit, gente de teatro de Maracaibo,Victor Fuenmayor, Ofelia Soto, ..a veces voy a tomarme unas cervecitas .

un abrazo ..me gustaria que algun dia lo entrevistases..tiene una vida muy interesante, fue futbolista, bien parecido…nunca hizo dinero…bueno, Guadalupe, disculpa tanta cotorra ..saludos a Rafael willy

Guadalupe Burelli
25 de octubre, 2009

Gracias Willy…qué gusto tenerte como lector! Cuando vayamos por allá me llevas a conocer a tu amigo. Vale tanto la pena esta gente que tiene vidas tan interesantes, y de paso ellos son unos auténticos personajes! Me alegró mucho haber hecho este libro que recoge tan buenos testimonios, ojalá pudieran recogerse más antes de que sea tarde y ya no estén aquí. Un abrazote y gracias d enuevo.

Daniel Lee Moratto
28 de enero, 2010

acabo de terminar de leer la ultima pagina del libro “En la Piel de la Guerra” de la señora vannini, la verdad no he tenido una satisfacciòn tan grande en años, pude viajar en el tiempo a travès de este libro, a la italia de mis antecesores, y lo que significo la llegada y la integraciòn de mis familiares a esta tierra de gracia Venezuela, mas feliz no podria estar en este momento. Gracias señora vannini, mayor admiracion y gratitud no podria expresarle en este momento, este maravilloso libro respondio las icognitas que nunca pudieron responder mis fallecidos abuelos.

CARLOS PACHECO
10 de mayo, 2011

hola. Guadalepe. estoy realizando un trabajo de investigacion sobre la presencia italiana. ¿donde puedo encontrar el libro de Maritza Vannini: italia y los italianos en la historia y la cultura venezolana? ¿cómo me puedo comunicar con ella?

Indira Arrieta
7 de septiembre, 2011

Hola!!!

Soy fan de la profesora Vannini, pues es la escritora de mi cuento favorito: “Corazón de Arepa” con ese texto aprendí a leer, y se me extravío nunca más lo logre ubicar, ahora encuentro a la Estimada profesora en las redes sociales, y me encantaría obtener una copia. Si alguien sabe cómo contactar a la autora yo viajaría hasta donde esté para comprar el cuento. Gracias.

Hegman Huggins
11 de septiembre, 2013

Saludos Guadalupe excelente entrevista a la Sra. Vanninni, de quien tengo una maravillosa anécdota, cuando fui a la ciudad española autonoma de Ceuta norte de África, estando allí haciendo un documental de la vida y obra de Juan Germán Roscio quien estuvo preso con Isnardi y de quien este último, la Lic. Marisa realizó un libro, el cronista de Ceuta el Sr. Bolaños me habló de ella y nos dio un libro de su autoría, por cierto estoy haciendo un Documental de Isnardi y me gustaría contactar a la Lic. Marisa, ¿Será posible contactarla por medio de ti? Si eso fuese posible, no dejaría de incluirla en mi documental… Personas como ella son las que edifican nuestro acervo cultural y tienen mucho que aportar a nuestras sociedades raquíticas de conocimiento… hegmanhuggins@gmail.com Gracias

Adriana
11 de abril, 2014

Cuando estudiaba 4 grado rcuerdo cada tres dias ir a la biblioteca de mi colegio a renovar el prestamo de mi libro favorito, se llamaba corazon de arepa, mi mama se reia de mi porque me lo sabia de memoria, un dia decidi cambiarlo por otro y cuando regrese a prestarlo otra vez el libro nunca volvio a la biblioteca. Siempre lo recuerdo con carino aunque hayan pasado casi 20 anos. Si alguien sabe como lo puedo conseguir lo agradeceria infinitamente

Ana
28 de septiembre, 2014

Hola! Yo soy otra fanática del libro “Corazón de arepa”. Haría lo que sea por conseguirlo!! Agradezco cualquier información.

belkis fuenmayor
27 de diciembre, 2014

el libro CORAZON DE AREPA de marisa vannini que hermoso necesitamos tenerlo de nuevo

pedro acosta
18 de enero, 2017

Descubrí en mi biblioteca un libro llamado “Arrivederchi Caracas” de Marisa Vannini. ¡Qué deleite leerlo junto a mi esposa¡ Esta dama sabía escribir y apoderarse de la voluntad del lector.

pedro acosta
18 de enero, 2017

Corrijo: Arrivederci Caracas.

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