Artes

Rodrigo Blanco Calderón sobre: Colombia – Venezuela, un conflicto artificial

Por Prodavinci | 28 de agosto, 2009

Rodrigo Blanco copy(2)Debo al escritor peruano gringo Daniel Alarcón el haberme escapado de un almuerzo protocolar para conocer una partecita de la enorme ciudad de Bogotá, que hasta el momento, y mientras duró el B39, sólo había podido ver desde la ventanilla de un autobús o de un carro en movimiento.

Estábamos Daniel y yo a las afueras de algo que recuerdo como una arena de corridas de toros. Allí nos encontramos con el narrador colombiano Antonio Ungar, quien iba a fungir de guía turístico. A Antonio lo acompañaba su esposa, una amable y hermosa chica palestina con la que vivía en Israel. Antonio y su esposa (lamentablemente no recuerdo el nombre de ella) se comunicaban en inglés, lo cual, como me comentó ella más adelante, daba pie a algunas confusiones semánticas que derivaban en ficticias peleas conyugales.

De esa caminata recuerdo con especial cariño una escena patriótica y absurda. Estábamos en plena Plaza Bolívar de Bogotá y Antonio y yo discutíamos sobre la nacionalidad del prócer de América. Antonio, para escándalo mío, afirmaba que Bolívar era colombiano. De nada me valió argumentar que Bolívar había nacido en Caracas y que se había criado y educado en territorio venezolano. Para Antonio esa entelequia llamada Venezuela (o Colombia) se desvanecía ante el hecho histórico y onírico de la Gran Colombia.

Ahora que lo pienso, el fantasma de Bolívar, si estaba ahí en ese momento, debe de haber estado de acuerdo con Antonio. Y no sólo por motivos ideológicos o sentimentales. Basta comparar la majestuosidad de la plaza Bolívar de Bogotá con el esmirriado patiecito cuidado con tanto esfuerzo que es la plaza Bolívar de Caracas (lugar de congregación inaccesible para los opositores al régimen de Chávez), para entender que si el epicentro bolivariano tuvo lugar en Caracas, sus verdaderos ecos (esos niveles mínimos de justicia, tolerancia y respeto) han resonado en otra parte.

Foto: Vasco Szinetar

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Comentarios (6)

Ray Fuentes
28 de agosto, 2009

No es casualidad que muchos colombianos asumen a Bolívar como propio. Ahora, hay que bajar a los próceres del altar y aprehenderlos como hombres de carne y hueso. Entender que cometieron errores, como todos. Debemos dejar a los mitos en su lugar y aprender de la historia. Saludos y gracias.

Patricia Acosta
28 de agosto, 2009

Mi padre me dijo una vez, casi como una confesión que irradiaba tristeza: que Bolívar quería más a Colombia que a Venezuela, de hecho me dijo: ¿ Crees casualidad que haya muerto en Colombia?. No lo sabremos, pero para mi es un orgullo que los Colombianos lo amen tanto como nosotros.

mario briceño L
29 de agosto, 2009

Rodrigo Blanco Calderón, tu punto es el inicio, tal vez, para un debate serio y concienzudo sobre el desarrollo del Bolívar de la independencia y el Bolivar del siglo XXI. Digo esto porque en 1811 al 1830 la gran colombia permitió que un hombre con el intelecto del Libertador delineara lo que sucedería en los años futuros. Han pasado 179 años desde la muerte física de Bolívar sin haberse logrado una unidad madura entre los pueblos bolivarianos, en donde los objetivos como unidad se hayan basado en las mejoras sustanciales y reales de sus habitantes. Nada de eso, hasta hoy. La pobreza es uno de las características de las naciones. Las diferencias entre los habitantes de una misma nación hace que crezca las dificultades en lograr mejoras. La incapacidad de comprensión sobre la responsabilidad social de los habitantes ante la sociedad como un todo. La alimentación del odio entre hermanos que se genera por la tendencia divisionista del partido socialista unido de venezuela. La creencia que las soluciones de los grandes problemas de las naciones es político. La ceguera ante el mundo desarrollado. La tendencia de querer llevar al pueblo a lo más detrimente de una sociedad, tal como tienen la imagen de un modelo en total decadencia como es Cuba. Lo peor de todo es que quien debe tener parte de la responsabilidad en sacar a los pueblos de los atoyaderos que se encuentran, trabajan para mantenerlos en ese foso y así seguir llenando las arcas de dinero que quieren que sean infinitas, creyendo que van a vivir eternamente. La situación la hace más complicada las visiones que tiene Chávez de su fututo: un rey latinoamericano de la destrucción y levantandose en las cenizas perdurar en las mentes de los ignorantes, incapaces y oportunistas.

Manuel J.
29 de agosto, 2009

Otro hecho sumamente grave y repudiable es que el nombre de nuestro Libertador, desafortunado hasta después de su muerte, ha sido tomado por esa pandilla de delincuentes políticos para tratar de embaucar a los incautos con el cuento de que ellos pertenecen a un partido político “bolivariano”. Bolívar jamás predicó el odio, ni tuvo intenciones de permanencia vitalicia en el poder, ni fue un corrupto desvergonzado, no persiguió a sus conciudadanos, no utilizó la palestra pública para ofender ni lanzar palabras soeces, no se creyó dueño del país ni de sus riquezas, pero sí tuvo la suficiente formación para concebir que todo gobernante con un mínimo de inteligencia debe aceptar -por necesaria- la existencia de la oposición, así como ser modelo de respeto y moderación. Pero como todos sabemos: es cuestión de un poquito de inteligencia y podemos parafrasear un famoso proverbio de esta forma, “lo que natura no da, el poder no otorga”.

jesùs gonzàlez briceño
29 de agosto, 2009

Nuestra Plaza Bolivar se ha constituido en un apartheid de un sòlo grupo polìtico que, al igual de todo el pais, no es màs que un ìcono de lo que està pasando en todos los òrdenes.

Alba Tirado
22 de julio, 2010

Todos somos grancolombianos… Si eso se recordara cumpliríamos el sueño del padre de la Patria y nos uniriamos política y socialmente, para siempre.

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