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Por Alejandro Oliveros | 27 de Agosto, 2009
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Anoche, un buen recital, con un público numeroso y devoto. Leí algunos poemas que fueron bien recibidos como la elegía a Paul Celan. Un solo detalle, al final, un amigo me comentó que habían causado alguna molestia entre las damas mis despectivas alusiones a los niños portugueses a las que se les apareció una Virgen en Fátima. Las hice antes de leer “Año 2000″ y del terror que las profecías causaron en mi infancia. Olvidé lo religioso que puede ser el pueblo colombiano y su naturaleza conservadora. En esta ciudad, y estoy seguro que en toda Colombia, la asistencia a misa debe ser de la más alta de la América Latina. En lo sucesivo, me cuidaré de referirme al culto y sus santos de esa manera. “Con la iglesia hemos topado, Sancho.”

CRONICO.

Lo que iba a pasar va a pasar. Hace poco menos de un año, conversando en Caracas con un influyente periodista colombiano, le expresaba mi convencimiento de que el presidente Uribe iba a optar por una segunda reelección. Rápidamente intentó explicarme porque me equivocaba; habló de la Constitución de 1991, de la opinión pública y otros impedimentos. No alcanzó, sin embargo, a convencerme. De lo único que estuve seguro es que, una vez más, la parábola de los árboles y el bosque se imponía. La prensa de hoy reseña los primeros movimientos del ejecutivo para que se realice un referéndum que allane el camino del presidente Uribe hacia un tercer período. Apenado, un poeta amigo colombiano me comenta: “No tendremos un presidente vitalicio sino crónico.”

MILAGROS Y ESPEJISMOS.

Para el viajero que se acerca a las principales ciudades de Colombia, el desarrollo urbanístico y el progreso generalizado son las primeras impresiones que recibe. En especial, si el viajero es colombiano, para la mayoría de los cuales Bogotá se ha convertido en secreta ilusión y reiterado destino turístico o de negocio. Se habla de la ciudad andina con nostalgia, como la pérdida del sueño que estuvo para mí. Se habla del milagro colombiano ante el precario “perfomance” de la economía venezolana. Pero, como ocurre con todo milagro es no poco de espejismo lo que hay en él. Realidades que nos acercan más a la verdad son las que ofrece la primera pagina de Portafolio, un diario especializado y no precisamente de izquierda: POBREZA: EL PAIS SIGUE ATRASADO. Como se sabe, las variables utilizadas en todos los países para medir la pobreza son espurias ( en México, pobre es el que vive en una casa con piso de tierra. De modo que si Ud. va y le regala tres sacos de cemento al propietario para que encemente el piso, automáticamente la familia deja de ser pobre. Otros indicadores parecidos son no menos falaces. De acuerdo con las cifras oficiales, el 46% de la población vive en la pobreza. Un poco más, un poco menos, no importa. El porcentaje es escandaloso, tanto como para concluir que el oasis, con su fuente de agua fresca y palmeras de dátiles, no aguanta la mínima comprobación fáctica. Dice el articulista: “Si se compara a Colombia con América Latina como región, tiene una proporción mucho mayor de pobres y de indigentes. En el primero de los casos la diferencia es 10 puntos porcentuales y 7 en el segundo.” La causa del espejismo es que la pobreza urbana ha descendido en forma dramática y ejemplar: de 48, 3% en 2002 a 39,8 en 2008. Pero milagro es milagro y espejismo es espejismo.

-Me acabo de encontrar con Nicolás Suescún, uno de los tantos “raros” (la expresión es de Darío) de la poesía colombiana. Uno de los escritores más lúcidos que he conocido, buen poeta y traductor insigne, a cuyo cargo estuvo la legendaria revista ECO durante varios años, los mejores, tal vez. Conocí a Nicolás en Bogotá hace mucho tiempo y siempre he estado pendiente de lo que escribe. Hoy debo compartir con él y William Ospina una lectura en lo que aquí llaman el “Lago de las tortugas”, tan distante e inaccesible que el ingenio local prefiere llamarlo el “Lago de las torturas”, y a los que participan en estos recitales, “los tortugadores”. Es lo más cerca a un descenso al Hades que me ha tocado en vida. Me tocó hace dos años y a lo escarpado del sendero se sumó el más copioso aguacero descrito en esta parte del planeta. Regresé a la superficie “barely alive”, no así mi hermoso sombrero de Panamá que terminó hecho una ruina. Siempre se pierde algo, como dice un colega venezolano.

SELLO NEGRO

No hay ningún bar decente en los alrededores de la Plaza de Bolívar, donde se encuentra mi hotel. No obstante, he encontrado una grata compañía en el frasco de “Sello Negro” que me traje en la maleta. El “Sello Negro” es el mejor amigo del hombre, y el más leal.

MASAJES

El dolor de espalda reaparece apenas termina el efecto LA (Lumbax amarillo). Apenas regrese a Venezuela me hago dar unos masajes, algo más efectivo y siempre mejor que todos los antinflamatorios y analgésicos.

Alejandro Oliveros 

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