Arte

Arte Joven, Salones, Retrospectivas, Antológicas, Individuales, Colectivas y Temáticas

Por Jesús Fuenmayor | 8 de agosto, 2009

Paso por Allá

EspinozaPor Jesús Fuenmayor

Experimentar con los formatos expositivos no es nada nuevo. Desde los propios gabinetes de curiosidades o cámaras de maravillas pasando por los modelos decimonónicos de Salón hasta llegar al “cubo blanco”, síntesis modernista del espacio neutral como ideal para la contemplación estética, la historia de los modelos expositivos ha ido cambiando con los tiempos. Ha sido una historia más bien estable que redunda en unos protocolos a veces rígidos en exceso.

Estos protocolos de cómo presentar el arte al público tienen una historia prácticamente única y unívoca. El espacio expositivo – ya sea museo, sala de exposiciones o galería -, luce bastante igual aquí y en todas partes: las paredes son tan altas como la arquitectura lo permita, el piso es casi siempre de un mismo material y sin patrones cambiantes, la iluminación general sin muchos acentos particulares, generando una tensión tanto para focalizar las miradas en la obra como para controlar el comportamiento de los visitantes (dos caras de una misma moneda). A este modelo global del espacio ausente de aristas que llamamos “cubo blanco” son pocas las alteraciones exitosas que se le han incorporado. Es cierto que el arte se deja penetrar cada vez más por propuestas que amenazan su estabilidad, monolitismo y unicidad asociados a su perdurabilidad y transcendencia y que estos retos a la estructura institucional eran ya moneda corriente para muchas de las primeras vanguardias históricas como el dadaísmo, el futurismo y el constructivismo. La innovación en los modelos expositivos incluye una tolerancia a propuestas tan aparentemente irreverentes como hacer muestras clandestinas dentro de otras exposiciones, correr por un museo, simulacros de bienales, salas convertidas en cuartos oscuros, espacios impenetrables y un largo etcétera que abarca hasta algunas experiencias recientes en las que el cubo blanco ya no es sólo alterado sino sustituido totalmente por espacios teatrales o de cualquier otra naturaleza requeridos por prácticas artísticas para las que los compartimentos disciplinares resultan un obstáculo. Esta necesidad permanente de experimentar con los modelos expositivos no es necesariamente deseable o indeseable en sí misma y aún bajo la constante tentación de sacudir su estructura, tenemos que acordar que la del arte sigue siendo una de las instituciones más inalterables hoy en día.

En nuestro país nos hemos limitado por lo general a juzgar estos experimentos convirtiéndolos en ejercicios formales porque carecemos de un espacio de discusión crítica que permita asimilarlos sin caer en posiciones tomadas de antemano. Acá tenemos una amplia historia de propuestas expositivas que han dejado un legado sumamente importante y cuya recuperación crítica se hace cada vez más urgente. Con esta reseña quiero invitar a dar inicio a contar nuestra historia desde este legado.

Imagen: Eugenio Espinoza, El Impenetrable, Ateneo de Caracas, 1972

Jesús Fuenmayor 

Comentarios (3)

Fedo
8 de agosto, 2009

me gusto el artículo, hace no mucho tuve la oportunidad de ver una exposición de arte renacentista y la sala era completamente oscura y sólo los cuadros estaban iluminados, como detrás de un teatro de marionetas. “el cubo negro” si se quiere… De verdad que permitía al espectador focalizarse en la obra…

Rody Douzoglou
16 de septiembre, 2009

Por qué no lo arrancas Jesus? tienes un espacio extraordinario! yo pienso que seria fantastico que buscaras artistas contemporáneos que estén trabajando de esa forma; que hayan tomado ese legado y que su investigacion la esten llevando al siguiente nivel. Crees que deba hacerse escolasticamente, en muséos, con tesis; o como tesis? y se aborda partiendo del trabajo que estan haciendo artistas contemporaneos… pero me pregunto si existen en Venezuela (o internacionalmente) artistas que estén trabajando con ese legado? Yo personalmente pienso que en estos momentos ese interes no está viendose en espacios interiores… creo que lo más interesante que esta pasando fuera del cubo blanco es en la calle….. y eso tambien lo hizo en su momento Eugenio Espinoza con su carrito… venezuela tiene artistas extraordinarios, pero tambien seria interesante incluir artistas internacionales. Se me ocurre Leandro Erlich, Rafael Lozano-Hemmer…. no se, que piensas?

Gabriela
27 de septiembre, 2009

Jesús: está muy claro lo que dices. Creo que hay que empezar a estudiar todas esas tradiciones. Son muchas. Pero empezar tendrá muchos beneficios inmediatos: los pocos desprevenidos ante propuestas “subversivas” y “desprejuiciadas” se darían cuenta, por ejemplo, de dónde viene eso; que el arte y sus modos de producción y de presentación llevan mucho tiempo permutando entre varios modos y que no hay nada nuevo en ello; que la subversión no tiene una textura particular ni un modo de ser específico. La subversión no es ontológica. Y si hay algo que NO es subversivo hoy es la denuncia. La denuncia como arte está en todos lados, cómo va a ser subversiva?

Si hay algo dominante en la escena internacional, muy en especial en los ambientes académicos y en las bienales, es el ‘arte social’, el ‘arte antiarte’, el ‘arte de contexto’, que aquí en nuestro país algunos venden como la gran cosa renovadora, pero que en el extranjero ya está esclerotizado desde finales de los 90’s entre algunas divas académicas que elaboran ‘teorías conspirativas de Occidente’.

No digo que no sean prácticas legítimas e importantes, lo que pasa es que no me como el cuento de que todas esas prácticas no son, también, esteticistas. Disculpa que me traiga aquí una discusión de otro artículo, pero no creo que sea malo cruzar discusiones. Todo puede ser o no ser esteticista. Lo esteticista no es algo acomodado a un gusto particular; lo esteticista es lo que procura afectar de un modo fácil. Hay muchos modos de afectar que están muy bien codificados en los medios de comunicación, no hay que hacer una teoría conspirativa para saberlo; lo que resulta insólito es que algunos artistas y curadores se vuelven agentes de esos códigos (de denuncia), y que consideren, con ello, estar abriendo un nuevo camino en el arte.

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