Por Alejandro Oliveros | 28 de Julio, 2009
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Caracas, martes 28 de julio de 2009

Lo que se siente al regresar a Venezuela después de unos días en el exterior es de lo más desconcertante. Frente al desmesurado asalto a la razón que se lleva adelante desde el palacio de gobierno (la encargada de la compañía de teléfonos es, al mismo, tiempo, usurpadora gerente del gigantesco distrito capital; el ministro de obras públicas es, también, el de la vivienda e ideólogo del proyecto de nacionalización de las telecomunicaciones, entre otras cosas), la población se mantiene absorta y buscando maneras de emular el viejo oficio del avestruz. El miedo se manifiesta de las maneras más insospechadas.

En una actitud, cuyas motivaciones no son las más transparentes, las clases medias protagonizan el más insospechado “baby boom” de la historia venezolana reciente. Es un optimismo poco obvio, el que anima a estas parejas a invitar nuevos compatriotas a este Reino de la Incertidumbre. Parece una manera de asegurar el futuro haciendo menos probable el presente.

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Poco antes de morir, Leszek Kolakowski concedió una entrevista a la “Gazeta Wyborcza”, de Varsovia, que reprodujo el “Courrier Internacional” en su entrega 23-29 de julio de 2009. Como un homenaje al maestro polaco quiero reproducir algunos fragmentos:

-¿Existe una verdad en nombre de la cual valga la pena morir?

-LK: La gente moría con el nombre de Stalin en los labios en la creencia de que iba a conducir el planeta hacia un futuro radiante. Pero sería una falacia afirmar que la fidelidad a Stalin es una verdad por la cual valga la pena sacrificar la vida.

-Pero los soviéticos que murieron creyendo en eso aceleraron el fin de la guerra.

-LK: En cierto sentido, esa fe ingenua contribuyó a la victoria. Pero no se puede decir que se trataba de una verdad para todo el mundo. Algunos están dispuestos a morir por su religión, otros no. ¿Cómo juzgarlos? Es posible que la verdad por la cual se está dispuesto a morir exista en nosotros. Sin saber dónde se sitúa exactamente. Una fe profunda en una gran causa nos enriquece, Hay creencias criminales y terribles a las cuales las personas se aferran, esto se ve todos los días pero yo sigo creyendo que eso enriquece una vida. Evidentemente, en el caso de una fe inhumana, eso no es enriquecedor para los otros. En lugar de interrogarse para saber si vale la pena, es mejor formular la cuestión y preguntarse en nombre de qué verdad se estaría dispuesto a entregar la vida. Y aquí, entramos en una selva de incertidumbres.

-¿Y por la patria?

-LK: Sí, si está en peligro, para prevenir su destrucción. Esto es normal y natural, numerosas vidas sirven de testigo.

-Los norteamericanos inventaron el “eje del mal” y por eso declararon la guerra a Irak. ¿Se trata de una verdad por la cual debían morir los occidentales?

-LK: Probablemente nadie dude en este momento que esa guerra comenzó mal. Pero yo no sostengo que era fácil prever todos los males futuros.

-¿Esta guerra es un fracaso militar o el “eje del mal” es una mentira?

-LK: En un sentido, el régimen irakí era bestial, así que no se trataba de propaganda. Pero hay otros gobiernos parecidos, entonces ¿por qué no se les ataca también? No se ha atacado a Corea del Norte, incluso si se piensa que este régimen es incluso peor que el de Irak de Saddam Hussein.

-Y si los norteamericanos hubiesen logrado imponer la democracia en Irak, ¿lo del “eje del mal” habría sido verdad? ¿La eficacia puede ser un criterio de la verdad?

-LK: No, no puede ser un criterio para juzgar una verdad más general. Existen buenos y malos regímenes. Los ideológicos son sin duda los peores, porque hay tortura, no hay libertades cívicas y la población vive en la miseria. Eso no significa que tengamos el remedio. Y las acciones que tomemos pueden provocar consecuencias aun más graves. Hay lugares en este planeta en los que no se muere por la verdad. Y es un buen criterio para decir son sitios en los que se podría vivir bien.

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Al azar, doy con el título para mi nuevo libro de poesías: Pensamientos, con el cual agradezco las bondades que he recibido de mis lecturas del filósofo de Port Royal

Alejandro Oliveros 

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