Por Alejandro Oliveros | 28 de julio, 2009

Paris, domingo 25 de julio

El verano no termina de llegar a la ciudad; lluvias intermitentes y una temperatura que no pasa de los 22º C., cuando camino por Montparnasse. Un regalo que agradezco al Bon Dieu, que, en asuntos meteorológicos, y en muchos otros también, debo decir, ha sido tan comprensivo conmigo. Las vacaciones ya comenzaron y el tráfico y las muchedumbres se han reducido al mínimo. Los turistas también y la crisis económica se siente por todas partes. Me da la impresión de que, víctimas de una reiterada hibris, los burócratas de la Comunidad no precisaron las verdaderas dimensiones del conflicto.

Pensaron que era algo muy norteamericano y que los norteamericanos se lo merecían por ser así, es decir más productivos que Europa. Mientras que ellos, los europeos, habían logrado, por su inteligencia y cultura, mantenerse “au dessus de la melée”. Tarde se han dado cuenta de que no es así. Y los índices pueden ser sorprendentes, como el 20% de desempleados en una España perseguidora de sudacas y especies parecidas. Constanza me dice, “Bueno, así se van otra vez para Venezuela los buenos cocineros!” Las mesas de los restaurantes parisinos conoce altos índices de desocupación y en muchos de ellos, como “Tan Dihn”, las ventas han caído en un 70%. Lo que queda es tratar de no perder y esperar. Claro, el futuro es negro para aquellos que tienen que pagar altos créditos a los bancos. Uno de los propietarios de “Tan Dinh” (el mejor vietnamita de la ciudad) es el querido Robert Vifian, gran coleccionista de arte contemporáneo (Polke, Cucchi, Basquiat, Currin, Boltansky) y lector inteligente. Entre otras cosas, me dice que, en estos tiempos confundidos, no es mala idea regresar a Thomas Merton. Como siempre, sus comentarios no dejan de ser inquietantes. Tendré que buscar, en el fondo de mi baúl sesentista, los libros del una vez influyente monje norteamericano. Por lo pronto, regreso de La Hune con el más reciente volumen dedicado a Simenon por la La Pléiade. El tomo ha sido organizado alrededor de la novela autobiográfica PEDIGREE, la más larga de todas las que escribió y la cual se refiere ampliamente en su autobiografía. El auge de las reediciones de Simenon no deja de sorprenderme. No son las novelas de Maigret, sino aquellas en las cuales el talento de Simenon se expresa con mayor libertad. Gallimard no es la única que lo reedita con todos los honores. También ADELPHI, en Italia, le dedica en su catálogo un espacio tan destacado como a Roth (Joseph), Schnitzler, Zweig o Márai. En España, por supuesto, la reaparición del maestro belga será la más postergada.

Alejandro Oliveros 

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