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Elías Pino Iturrieta: El militarismo es el cementerio de la República

Por Prodavinci | 27 de Julio, 2009
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Por Boris Muñoz

El brillante historiador de las mentalidades, analiza el signo de los tiempos y, al hacerlo, encuentra en el militarismo las miserias y complejos que han lastrado el desarrollo de la ciudadanía en Venezuela desde los tiempos de Bolívar y María Castaña. Esta entrevista fue realizada en el año 2005 y su vigencia es incuestionable.

El gobierno arranca este 2005 con una agresiva campaña de consolidación del control institucional. La ley de Responsabilidad de los medios de comunicación y la reforma del Código Procesal Penal y el nombramiento de nuevos magistrados en el Tribunal Supremo, apuntalados por un amplio protagonismo de las Fuerza Armada Nacional.

En sus primeras declaraciones como presidente de la Asamblea Nacional, ofrecidas a Sara Carolina Días, en El Universal del domingo 9, el diputado Nicolás Maduro suelta esta perla: “El ejército es anterior a la nación”. Independientemente de la formación intelectual de Maduro, lo que importa es ver la cita como un signo de los tiempos. El presidente del cuerpo de deliberación más importante del país desprecia a su cámara y convierte al cuartel en esencia de la nacionalidad. Antes de la patria está el ejército, dice Maduro. Pero ese tipo de declaraciones tan escandalosas, pasan desapercibidas.

¿Por qué?

Seguramente porque ya se ha fijado una matriz de opinión provocada por la misma interpretación que ha hecho el presidente Hugo Chávez del pasado reciente y del pasado antiguo entorno a ese protagonismo redentor de Venezuela que el viene a encarnar y que, por supuesto, no tiene otro objeto que reanudar el hilo de la Independencia que se había roto por la traición nuestra como venezolanos en 1830. Esa retórica sin fundamento renace en la entronización del militarismo, pero sobre todo en observaciones tan estruendosas como la de Maduro. Que lo diga el coronel fulano-de-tal quizás se comprenda, pero que lo diga la nueva cabeza del congreso es gravísimo. Es igualmente grave que aunque los colegas de cámara se ven menospreciados tampoco reaccionen. Ese es el signo de los tiempos. ¿Cómo estarán las cosas que en lo que va de año hay una sola voz con un discurso plausible que ha llamado la atención a los venezolanos y esa es la voz de monseñor André Dupuy, Nuncio Apostólico, quien frente al silencio sepulcral de la sociedad venezolana por la proclamación definitiva del militarismo en Venezuela reivindicó la protesta.

¡Casi hizo un llamado a la insurrección!

Reivindicó en términos benévolos la gesta democrática del pueblo venezolano en el pasado. Casi habló del bravo pueblo contra la dictadura, con frases bíblicas y dentro del estilo diplomático de El Vaticano. Ningún otro portavoz de Venezuela se ha expresado en los últimos tiempos en términos tan redondos y sugerentes sobre nuestra actualidad. En la orfandad, pareciera casi conveniente lanzar la candidatura presidencial del monseñor Dupuy. Es decir que tenemos que esperar de la madre Iglesia lo que la sociedad venezolana no puede o no quiere hacer frente al militarismo.

El antirepublicanismo

¿Qué plantea este resurgimiento de la oposición Iglesia-Estado, tomando en cuenta la ausencia de la sociedad civil?

Estamos muy cerca del fracaso del 2004, pesa mucho en los hombros de la sociedad y de la clase política como para esperar voces distintas o que las voces distintas se refresquen y llamen la atención. El problema radica en que el año 2004 casi mató a los cruzados de la oposición. Los voceros fundamentales de la Coordinadora Democrática no se atreven a hablar. En parte porque la gente los ve como responsables del fracaso y en segundo lugar porque no se han repuesto del golpe y carecen de un discurso que llame la atención. De allí que haya como un desierto donde se oye únicamente la voz de la Nunciatura.

¿Cabría esperar que después de este efecto invernadero se renueve la oposición o le tocará a una nueva generación reinventar la política?

Hay un serio valladar histórico para que las voces de la oposición se reestablezcan, pero hay elementos de la realidad que deberían provocar un renacimiento. El caso Danilo Anderson apesta desde la postura de la bomba hasta la última declaración del gobierno. Eso es purulento por todas partes. ¿No debe asquearse la sociedad y procurar algo que le impida asfixiarse? El caso Granda también es muy llamativo, pues el gobierno se ha convertido en abogado del “Canciller” de las FARC, guareciéndose en los valores de la patria y la soberanía. Ese es un discurso fariseo y tiene que generar una reacción. El propio régimen está enviando evidencias de su podredumbre intestina y la sociedad para salvar su salud, aunque está ahorita metida en la cama, tiene que salir del chinchorro porque sino se va a ahogar en porquería.

Quizás a todos nos gusta un poco la porquería. Es un gran espectáculo, después de todo. Por otra parte, se ha aceptado el militarismo sin mayores ‘peros’ negando una tradición civil que ha tenido importantes logros.

Esa idea del bravo pueblo en la historia de Venezuela es una tontería y que el país desde su origen ha vivido en un teatro de anti-República, en el cual los fueros, las inmunidades y el personalismo han determinado la marcha de la vida nacional. En la medida en que eso no sea superado media Venezuela se puede regodear en la porquería. Media Venezuela se siente feliz en el regazo del chavismo, la otra media no pero no ha estado en capacidad de fabricar un edificio donde todos puedan vivir de manera hospitalaria. Todavía en el siglo XXI, las pulsiones de la anti-República son muy fuertes en la mentalidad venezolana; la ciudadanía es apenas un boceto. Y mientras no haya ciudadanía, un proyecto pendiente desde 1830, las cifras 2004 y 2005 no son más que vacilaciones en el proyecto venezolano.

Parte del milenarismo redentorista del presidente tiene que ver con recuperar la historia que Bolívar no pudo escribir.

Venezuela es hechura de una traición: el pecado original de asesinar al padre Bolívar. Chávez viene ahora a lavar nuestros pecados. Recoge esa tradición elaborada antes por Juan Vicente González y el monseñor Quintero y resume toda la esencia de la vida republicana en una sola persona que es Bolívar, y en su continuador que es él. Por supuesto.

Desgarradura

¿Será posible que una tradición civil supere ese trauma que nos constituye como nación? A lo largo del siglo XIX hubo intentos civiles como el de José María Vargas. En el siglo XX encontramos intelectuales como Augusto Mijares y Picón-Salas que trataron de pensar al país desde una visión no militarista.

Vargas es presidente a palos. Se le impone una magistratura a la que renuncia. Él es la encarnación de un problema que se multiplica y se reproduce en Venezuela: el civilismo timorato que, pese a su clara visión de la construcción de la patria y la modernización de la república, no se atreve a serlo. Y se rinde frente a Páez y a Monagas. El civilismo no se atrevió a aflorar con el resultado de que posteriormente el personalismo lo encarnara Monagas. Ese es un poco el signo de nuestros tiempos: lo incompleta que está la ciudadanía. Sin embargo, entre 1830, cuando se establece el régimen de Páez y hasta la dictadura de Monagas, hay 10 años de ciudadanía. Se respetan los derechos del individuo. Se insiste en el trabajo y en la competitividad. Se apoya el lucro y la formación del capitalismo. El gobierno se retrae de la vida ciudadana. Esa república fue exitosa, pero esa misma república mató al tigre y le tuvo miedo al cuero. Al llamar al mandón Monagas cuando se vino la guerra civil con Zamora nos dejaron el problema del militarismo a nosotros.

Hay que preguntarse si a pesar de lo que usted señala, el gobierno no está produciendo reformas que eran impostergables en la sociedad venezolana.

No he visto esas reformas. Mientras no haya pruebas en contra, el militarismo en Venezuela y América Latina es una evidencia de corrupción masiva en la administración del Estado. Es la historia de Gómez y Pérez Jiménez y en el caso nuestro de hoy es la cantidad de rumores que circulan del dinero mal habido por la casta militar. Si Venezuela se siente verdaderamente conectada con esto está camino al cementerio en términos republicanos.

Usted ha predicado que estamos desmantelando la república.

Con el beneplácito de la anti-república que existe también masivamente. Destruimos el único credo que los venezolanos hemos profesado sin solución de continuidad: el republicanismo. Nos proclamamos republicanos en 1810, pero solo lo fuimos entre 1830 y 1845. ¿Qué curioso que Chávez considere esta época como la época de la traición a la patria?

Usted parece no concederle tregua al gobierno. Sin embargo, más allá de Chávez, los planes sociales, a través de las misiones, han adquirido un arraigo importante, como mensaje y acción.

No puedo concederle crédito a un gobierno que alimenta el parasitismo de una sociedad parasitaria. Esos planes son la continuidad de las dádivas que se desarrollaron en los 40 años de la democracia representativa. No hay ninguna variante, sino la profundización del “dame algo ahí” y del clientelismo tradicional del que “a mí que me pongan donde aiga”. Esto tiene el agravante de la mediocrización de la sociedad, como lo prueba la Universidad Bolivariana, que más que agresados gradúa reivindicados.

Historia negada

¿Es posible enfrentar la tradición militarista?

Los últimos cuatro años nos han dado un testimonio de reacción contra la mentalidad tradicional. La mentalidad no se va fácilmente al cementerio, hay que matarla poco a poco. Ir de la anti-república a la república es como caminar un vía crucis, algo muy lento y pesado. Sin embargo, las manifestaciones masivas al margen de los partidos políticos fueron un fenómeno recurrente de los últimos cuatro años y nos indican que algo distinto está ocurriendo. ¿En qué medida puede concretarse y obligar a la aparición de una nueva sociedad? Nadie puede saberlo. Pero la oposición a Chávez tendría que concretarse en un pugilato entre la historia antigua que se niega a morir y cuya representación es Chávez y la nueva que, vacilante, se está asomando.

¿Cómo hacerlo posible?

Hay que acudir a la historia que Chávez está negando. Es el proyecto capitalista republicano de 1830. Hay que volver a la fábrica que planteó Santos Michelena en cuya esencia está el hombre consciente de sí mismo y responsable de vincular su destino con el bien común. Ese marco temporal puede iluminar la lucha contra el chavismo. La oposición debe hacerse una nueva memoria. Eso significa desnudar de mentiras el altar de la independencia, que fue en realidad la primera gran destrucción que sufrió la sociedad venezolana.

Gracias a esa retórica patria el gobierno ha ido implementando no una revolución sino un poderoso sistema de control institucional.

Veo la profundización del proyecto de hegemonía militar, aunque no una revolución estilo bolchevique, con reparto de la propiedad privada. Por eso se me quedó grabada la frase de Maduro: “El ejército es anterior a la patria”.

A lo largo de la entrevista, usted ha hablado de trampa, de jaula, de cárcel, de engaño, de estafa. ¿Cuál es la salida?

Lo primero es descubrir el subterfugio y reconocer que los eslabones de esa cadena los hicimos nosotros, que La Rotunda que se está fabricando de nuevo en Venezuela la hicimos desde el periodo colonial y muchas veces vivimos en ella.

Quién llevará a cabo esta tarea de esclarecimiento. ¿Se trata de nuevo de una elite capaz de entender y explicar el subterfugio, como usted lo llama?

Esto va a sonar demasiado oligárquico y escuálido, pero se requiere una vanguardia lúcida, capaz no sólo de dar la cara a Chávez, sino de decir cómo ha mentido y cómo nosotros somos responsables de esa mentira. Si no se reconoce esa responsabilidad la jaula de oro, como en esa canción de Pedro Infante, va a seguir. Ningún partido ni ninguna elite en Venezuela ha planteado la confrontación con Chávez por ese flanco, porque eso significa meter el dedo en la llaga de las miserias de los venezolanos. Y cómo adquieres popularidad y cómo sacas a Chávez si vas a molestar a todo el mundo. Es una apuesta sumamente fuerte y aventurada, pero hay que hacerla. Si no, hasta el 2021.

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El acecho de las criaturas chavistas

La reforma de la Ley de Tierras abre un compás de cambios muy interesantes.

Es la primera vez que el protagonista de la revolución es superado por sus criaturas. La retórica agrarista fue fundamental para Chávez en un principio, pero eso después se adormece. Tiene que salir un lugarteniente a proclamarse como el nuevo Zamora disputándole el liderazgo al Emiliano Zapata de Sabaneta. Pero hay otro elemento muy importante. No sólo se trata de la aparición de nuevos liderazgo disputándole protagonismo al Jefe del Estado, sino de la reaparición de un fantasma odiado por Chávez: el regionalismo. Recordemos que, acudiendo al manifiesto de Cartagena, declara el centralismo, rechaza a las regiones, controla los presupuestos. Ahora él debe retomar la bandera del agrarismo para no dejarse arroyar por sus criaturas. Él ha dicho ‘Yo soy el manager y el equipo es uno’. Pero los bateadores están bateando a su manera y sin coger la seña. Algo tiene que decirnos eso a quienes presenciamos el militarismo en su apogeo. Y eso es que el militarismo no tiene un cuartel blindado. Se dice también que hay una intención específica del gobernador de Carabobo, al proclamarse como continuador de las glorias bolivarianas. De ser esto cierto, puede ser esta una competencia que tolere el presidente Chávez. Tendremos que verlo en estos días. El caso de Acosta Carlez es muy elocuente, porque él es parte de la familia castrense y el presidente hasta le hizo una estatua a su hermano en Fuerte Tiuna. De modo que no sólo tendría un problema en su círculo sino también en sus afectos más cercanos. Estos no son detalles triviales. Podrían indicar que aunque el mapa parece pintado de rojo esa pintura podría ser solo un barniz. No en balde se habla todavía de fraude y aunque no se ha probado esa podría ser la pata coja que puede empantanar el caminar de Chávez en el año 2005, aunque aun así pienso que no hay mayores escollos para que el prolongue su proyecto.

Foto: trinislondono

Prodavinci 

Comentarios (2)

tintan
28 de Julio, 2009

A cuatro años de esa entrevista y la vigencia es absoluta , un regimen militar – militarista , y un pais con una tradicion democratica arraigada , luchando para que la republica no naufrague, los proximos diez meses seran importantes

Profeballa
28 de Julio, 2009

Si seguimos con esta apatía…

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