Artes

Rafael Del Naranco: un asturiano que vino por seis meses y lleva más de treinta años

Por Prodavinci | 27 de Julio, 2009
5

rafael

Por Rafael Arráiz Lucca

A Del Naranco se le reconoce en el medio periodístico por su incansable capacidad de trabajo, que se ha traducido en la fundación de varios diarios y en la dirección de la legendaria revista Elite y del vespertino El Mundo, así como su particular perspicacia para el análisis del tema internacional. También, sus Cartas a Patricia le han abonado haberes a su cuenta de escritor. Sin embargo, es poco lo que sabemos de su peripecia vital. Aquí se ofrecen algunas claves.

¿Dónde nació?

Nací en Asturias, en Gijón. Los herederos a la Corona de España tienen el título de Príncipes de Asturias, es una tierra muy verde, muy montañosa, la industria principal hasta hace muy poco tiempo era la minería. El asturiano es un hombre duro, fuerte para la montaña, trabaja en la mina y en la pesca, dos profesiones duras y sacrificadas. Asturias es muy encerrada en sí misma, los árabes que invadieron a España durante 800 años fueron tomando toda España y no pudieron entrar en la ciudad.

En Asturias comenzó con don Pelayo la reconquista. Por eso, un dicho muy popular en Asturias dice que «España es Asturias y lo demás tierra conquistada». Ahí nací en la posguerra, en el año 43, un país muy golpeado, una provincia, una región muy golpeada porque fue republicana, entonces Franco la castigó mucho, fue muy duro, la tragedia de Asturias fue muy dura. Entonces, ahí nací en la posguerra dura, muy difícil, en España hasta los años 70 se vivió muy mal, con una dictadura encima.

¿Pero usted se viene para acá a principios de los 70?

Sí, yo estaba en un periódico de Valencia. Allí había un cónsul venezolano muy agradable, muy simpático, que era hermano de Carlos Canache Mata, se llamaba Rafael, muy alegre, muy despierto.

¿Murió?

Sí. Y un día llegó allí Carlos Canache Mata, que creo que por esa época era presidente del partido o de la Cámara de Diputados, y entonces preparamos una rueda de prensa, en la que él habló. A los periodistas nos llamó mucho la atención que Canache Mata, al que me une una gran amistad, hablaba con puntos y comas, y nos hicimos amigos.

No había muerto Franco.

No. Yo en Valencia era muy reconocido, porque me había dedicado a la fuente del movimiento social moderado, que era una forma incipiente de la política. Y cuando conocí a Canache tenía problemas con la policía, no graves, sino que me iban a molestar a casa a preguntar cosas. Entonces, yo hablé con Canache, y él me preguntó: «¿Por qué no vienes unos meses a Venezuela? Después de cinco, seis, siete meses regresas a España, yo no creo que Franco vaya a durar mucho ya». Y le hice caso. Me casé con una asturiana que estaba en Valencia y bueno, vamos a Venezuela, y cuando llegué Canache nos arregló enseguida los papeles, tú sabes que el pueblo de Venezuela es generoso, no sabía qué hacer y él me ofreció un periódico en la isla de Margarita, lo estaba haciendo Iván Cardozo, un periodista muy conocido en la isla que había estado en México, es venezolano, y él tenía allí en la isla un semanario que se llamaba El Sol de Margarita y el Grupo González Gorrondona tenía grandes inversiones allí y querían hacer un periódico también, entonces se pusieron de acuerdo con Iván, y por mediación de Canache se me contrató para fundar ese periódico, el nombre y todo ya estaba fundado porque Iván Cardozo ya tenía su semanario, pero se hizo periódico. Ahí estuve fundando ese periódico hasta que salió, y todos los días pensaba en regresar a España.

¿Y vivían en La Asunción o en Porlamar?

En Porlamar, en el Hotel Granada, precisamente. Me dieron un carro al llegar, yo nunca había tenido un carro, un sueldo grande porque era mucho dinero, en ese momento por un bolívar te daban 24, 26 o 27 pesetas, era dinero y estuve unos meses trabajando hasta que pudimos hacer ese periódico, y yo pensando en regresar, primero porque tenía mucho contacto en Valencia, me sentía muy bien en el periódico.

Pero en ese ínterin pasaron unos meses, y el periódico no terminaba de salir, y cuando me di cuenta ya tenía año y pico de estar allí. En ese momento también se tuvo la idea de hacer un periódico para la tarde, que se llamó El Impacto, que fue el primer vespertino que tuvo Margarita, que era grande como El Mundo, vespertino en color. Entonces, viendo que me iba a quedar allí un par de años más, porque era la meta, regreso a Valencia y les digo a la Asociación de Barrios que me quedaba más tiempo fuera, y en los barrios de Valencia lo sintieron mucho, me hicieron un gran homenaje, me regalaron un reloj de esos de colgar que decía «Los barrios de Valencia a nuestro periodista Rafael Del Naranco».

Regreso y a los pocos meses muere Franco, si yo hubiese regresado inmediatamente a España, a Valencia concretamente, hubiera podido ser diputado o senador, porque estaba muy metido y se me conocía, después lo hubiera dejado y hubiera seguido mi carrera de periodista, pero lo dejé y vine para aquí, entonces Margarita se convirtió en seis años, seis años en Margarita, los cuales todos los días estuve pensando en regresar, todos los días, ahora lo pienso cada tres o cuatro.

En el ínterin fundé otro periódico que se llamó La Tarde, fundé un semanario en Juan Griego, La Voz de Juan Griego, estuve muy metido en el mundo periodístico, desde que llegué a este país, desde el primer día hasta hoy, hace 31 años, todos los días trabajé en un periódico, no trabajé en otra cosa que en el periodismo.

¿Estuvieron del año 74 al 80 en Margarita?

Si, y un día me encuentro en Margarita a Miguel Ángel Capriles, el viejo, le habían hablado de mí, de lo que había hecho, cómo trabajamos El Sol, después en El Impacto, y parece que también le gustaba la forma de escribir. Entonces me invitó a venir a la Cadena Capriles para trabajar como jefe de redacción de Venezuela Gráfica, que no me gustaba nada, eran estas cosas, unas cosas horrorosas, bueno el periodismo que había, pero a mí me parecía demencial.

¿Y llegó a instalarse en este apartamento?

No, me vine a una pensión aquí dos calles más arriba, donde está ahora la pulpería del libro.

Ah, donde está Rafael Ramón Castellanos.

Donde está Rafael Ramón, en ese edificio de al lado estuve como seis meses. Este apartamento era de los tíos, unos tíos que tiene aquí mi esposa, entonces ellos se iban a mudar, y vinimos para acá.

Estuvo un tiempo en Venezuela Gráfica, y de ahí pasó a…

A Elite, ahí estuve primero de redactor, después fui subdirector y después director los últimos 10 años de Elite, hasta que la cerraron, tristemente. Aquello me pareció uno de los más graves errores que se hicieron contra el periodismo en este país, primero, porque como tú sabrás Elite ha sido una escuela del periodismo, era una revista que en ese momento que se había cerrado tenía setenta y cinco años, había salido durante ese lapso todas las semanas, ahí estaba la historia del país y del siglo XX completa. Allí había escrito García Márquez, Miguel Ángel Asturias, el primer cuento que publicó Uslar Pietri apareció en Elite, y los primeros versos que escribió Andrés Eloy Blanco aparecieron en Elite. Me sentí verdaderamente terrible, creo que eso fue un tesoro que no se debía perder y lo que más me dolió, Rafael, fue la total indiferencia del mundo intelectual venezolano, era un patrimonio del país. Yo iba a los pueblos, a las ciudades del interior y cuando decía que era el director de Elite me llevaban a sus casas a enseñarme la colección de la revista que había comenzado el abuelo, el padre, era una parte extraordinaria del país.

¿Y de Elite pasó a El Mundo?

De Elite pasé a El Mundo. Luego fue una gran decisión nombrar a Petkoff director de El Mundo, en eso Miguel Ángel Capriles López tuvo una visión extraordinaria, y él nunca quiso sacar a Petkoff, pero estuvo en un momento totalmente contra la pared y le costó muchísimo, muchísimo, pero cuando tú tienes una responsabilidad con el imperio periodístico, intereses, el juicio de la sucesión, era mucha presión, y claro el gobierno no se lo dijo así abiertamente, pero hubo presiones.

Petkoff como periodista fue extraordinario en El Mundo, le dio una vida muy grande al periódico, hubo editoriales de él de antología, de antología verdaderamente en el momento crucial del país, fue también un momento especial. Entonces, cuando sucedió esto, que Petkoff se tuvo que ir, la empresa decidió que se hiciera cargo Armando Capriles, el Pelón, y me llamó para que yo estuviera con él, a mí me llamaban porque llevaba muchos años en la empresa. Me dolió mucho que Petkoff y algunos afirmaran que yo había sido nombrado director de El Mundo por presiones de Luis Miquilena, soy amigo de Luis Miquilena, como era amigo en ese momento de Rangel, de Chávez, pero el único que tenía experiencia, que llevaba dieciséis o diecisiete años en el periódico, era yo, que estaba integrado a la empresa, no era un elemento que trajeron de afuera. Me dolió un poco porque además una de las primeras medidas que tomó Petkoff al llegar, entre otras, fue quitar mi columna.

¿Por qué?

Bueno, porque él no me conocía mucho. Después le llovieron cartas, llamadas y entonces volvió a ponerla, pero la ponía dos o tres veces, pero así es la política y cada maestrillo tiene su librito y cada director tiene cómo hacer su periódico, él había traído su equipo y bueno, eso pasó. Entonces, así estuvo dos meses Armando de director, hasta que la empresa decidió que no era bueno que uno de la familia estuviera dirigiendo, entonces yo pasé automáticamente a ser director.

Y estos años, estos treinta años que ha estado en Venezuela, ¿ha ido a España con mucha frecuencia?

Sí, sobre todo he ido mucho a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias y, en general, viajo mucho, por ejemplo, ahora estuve en Israel hace mes y medio, y al regreso estuve unos días, para comprar libros en España.

Ha visto la evolución de España muy de cerca.

Totalmente.

¿Y qué podría decirnos de eso? Es decir, de esa España que usted deja a la de hoy.

Dejé una España como diría Antonio Machado de «charanda y pandereta», una España de continuo sufrimiento, porque era una España gris, una España triste, y yo la he visto evolucionar en una forma extraordinaria, es como si tuvieras una flor casi muerta y un día llegas y le das un poco de agua y al otro día más, y la vas poco a poco viendo, viendo, viendo, hasta que ves que un clavel reventó, inmenso, bello, hermoso, que te impresiona, España fue así. Creo que primero los socialistas sentaron las bases, unas buenas bases.

¿No le atribuye a Suárez un papel de importancia?

Si, Suárez dio el impulso inicial, esa mano derecha, con el apoyo de Fernando Fernández Cuesta, que fue profesor del Rey, después fue presidente de las cortes, una figura extraordinaria, asturiano, pero es que Suárez estuvo abierto para los cambios, aquella genialidad que hizo de introducir en España a Carrillo, del Partido Comunista, fue una tensión muy grande, pero supo hacerlo con una mano derecha extraordinaria, él puso la primera piedra y la puso muy sólida. Hizo el famoso plan de Actos de La Moncloa, que fue extraordinario, se reunió con ellos, con todos, con el Partido Comunista, con los socialistas, con los de la extrema derecha, señores, pongamos el país por delante. Durante unos años, dos, tres, los que marcaron el pacto, no tocaremos este tema ni éste, ni éste, ni éste, vamos a levantar España, lo hicieron todos extraordinariamente bien y eso fue la base.

Después vino el Partido Socialista, que eran jóvenes, ilusionados, y con esa ilusión que tiene la juventud cometieron errores, algunos casos de corrupción, pero viendo cómo está la corrupción en el mundo tampoco fue algo del otro mundo, pero era también la inexperiencia, el poco conocimiento, pero lo hicieron con mucha ilusión, con mucho trabajo, con mucho ahínco y después llegó el Partido Popular, y José María Aznar ha dado un resultado, para mí, extraordinario. Hoy España está en primer orden en Europa, es admirada, respetada, se vive, pero en una forma extraordinaria.

¿Le tienta regresar?

Sí, mira, mira, yo amo este país, uno ama aquello que conoce, estas calles que las ves sucias, abandonadas, de borrachitos, las he escrito en mi libro, Cartas a Patricia, cada pedazo de esta calle tiene un poco de mí mismo, el balcón, las tortugas, he escrito de todo este pequeño mundo que me rodea, entonces es lógico que ame esto. Pero desde hace unos años no puedo salir, y como yo la mayoría de la gente. Uno antes salía de aquí, llegaba del periódico, me bañaba, iba andando por el bulevar hasta Sabana Grande, nos sentábamos en el Gran Café o en otro sitio a charlar, a hablar de manera tan agradable, a cualquier hora regresaba aquí andando, una tranquilidad. Ahora no he podido, aquí me han asaltado a pleno día tres o cuatro veces el año pasado, en pleno día, de noche no se puede, el sentido de vivir de este hermoso país se ha perdido.

Y el tema de Chávez también me ha hecho pensar en regresar. Yo trabajé mucho, mucho por él, él estuvo aquí en esta casa. A mí me llevó, te lo puedo decir claramente, de la ilusión inmensa al desencanto total, total, creo que es un hombre que no está preparado para gobernar y nos está introduciendo en un tobogán de enfrentamientos entre unos y otros que jamás se ha visto en este país. Entonces, sí que lo hemos pensado mi esposa y yo, que no tenemos hijos, sobre todo ella, ella viene del trabajo y se queda aquí todo el día, ella no sale, entonces vivir, salir a la calle, pasear, ese sueño que cada ser humano tiene, es triste que después de tantos años uno tenga que pensar en regresar para vivir los últimos años allá.

Usted es como un puente, porque es venezolano, pero es español también, es de ambas partes.

Recuerdo que el rey me condecoró con una de las grandes condecoraciones que hay en España, me pusieron la condecoración en el buque escuela que estaba en La Guaira, Juan Sebastián Elcano, una cosa extraordinaria. Soy corresponsal del diario El Mundo en Madrid desde que se fundó, prácticamente, tengo muchos lazos con España. Pero te voy a confesar algo, me siento venezolano, yo viajo, voy a cualquier país y yo jamás pregunto por la Embajada de España, voy a la Embajada de Venezuela. Ahora, quería decirte algo que muy poca gente lo sabe: nunca me hice venezolano, sigo siendo español. Un día me dice Miguel Ángel Capriles cuando me iba a dar la dirección de Elite: «Rafael, te voy a dar la dirección de Elite, pero eso sí, te tienes que nacionalizar, ésta es una revista muy prestigiosa, muy importante y yo quiero que te nacionalices». Yo le dije una tontería en ese momento, porque no tenía ni pies ni cabeza lo que dije, pero se lo dije: «Mire, si tengo una madre para qué quiero una madrastra». «Contigo no se puede -me dijo-, encárgate de la revista.» Era una tontería, porque no hay una diferencia de madre y madrastra, yo siento a Venezuela en mí, es decir, no necesito un papel para sentir y amar este país, pero tampoco puedo renegar de España, todos mis sueños, mis esperanzas, toda mi familia está allí, cuando voy a Asturias cada pedazo de tierra, cuando entro por el pajar, voy a la playa de San Lorenzo, mi barrio del llano, cualquier esquina, cualquier lugar forma parte de mi vida.

¿De volver, regresaría a Asturias?

A Valencia, posiblemente, aunque iría a Asturias muy a menudo. Además, tengo un libro pendiente con mi madre, un diálogo entre ella y yo. En algunos de mis libros hablo mucho con ella en la tumba, voy a la tumba, ella sale de su tumba, charlamos, ella cose y ese libro de retazos que hice lo quiero hacer completo, porque con ella he podido hablar poco, muy poco, porque desde los catorce años me metí en el periodismo, estudié trabajando en el periodismo, nunca dejé desde los catorce años de trabajar en un periódico, nunca. Mi vida ha sido la redacción de un periódico.

¿Cuándo murió su madre?

Mi madre murió, curiosamente, cuando aquella tragedia de Armero en Colombia. Yo fui por la Cadena Capriles a cubrir esa tragedia y estando allí murió mi madre, y yo quería regresar a Asturias, estaba cerrado el aeropuerto de El Dorado, no se podía salir de Colombia, aquello me pegó mucho, no pude estar con ella, le escribí una carta desde allí mismo que se publicó, una carta muy comentada porque sentía que allí mismo entre el barro, entre el lodo también desaparecía mi madre.

No pude mantener ese diálogo con ella, que quería haberlo tenido, porque mi madre en la forma y en el fondo me enseñó o me indicó ser periodista. Ella leía mal, pero le encantaba el periódico, hay dos cosas que le encantaban: escuchar tangos y leer el periódico. A los catorce años empecé a escribir de hockey sobre patines en el periódico.

Empezó por el deporte.

Sí, hockey sobre patines, nunca me gustó el deporte, escribí de fútbol dos años sin ir a ver el fútbol, cinco minutos antes de terminar el partido y me enteraba…

¿Y eso sigue siendo así, el deporte no le interesa?

No, no, el deporte y yo no nos llevamos bien. Yo soy un español extraño: no me gustan los toros, me parece algo horroroso. La sangre, esa tragedia, ese dolor, no es conmigo. Sin embargo, decir esto en España es un sacrilegio.

¿Pero le gusta la comida española, eso sí?

Mal, como mal. No tomo café, no fumo, no bebo, no como queso, el queso es algo que me espanta.

¿En serio?

Soy un bicho extraño, me gusta sí el folclore español de cada región.

¿Y cuando no está en la redacción del periódico está aquí leyendo?

Estoy aquí, leyendo, sí, siempre tengo algo que leer.

¿Y esta galería de fotos, son de gente cercana a su afecto, me imagino?

Sí, aquí estoy con el Papa, aquí estoy con el príncipe de Asturias, aquí estoy con Aznar, aquí con Cisneros, que somos grandes amigos. He viajado mucho, y jamás he dejado de mandar una crónica, de cualquier parte del mundo, siempre.

Prodavinci 

Comentarios (5)

maria
2 de Diciembre, 2009

Una vida digna y muy trabajada sin duda, pero amigos, gente que nos quiere, son aquellos que te han acompañada sin pedir nada a cambio y tardas meses y años para verte y estamos a minutos de distancia. Lo único que queda en esta vida es el cariño, esos viajes etc todo muere, yo también escribiré un libro.

Rocio Martinez
10 de Octubre, 2011

HOLA RAFAEL DEL NARANCO ME DIRIJO A USTED PORQUE ME GUSTA MUCHO COMO ESCRIBE QUIERO SABER SI USTED ES EL QUE ESCRIBE EN EL PERIÓDICO ESPAÑOL QUE SIEMPRE ESTA EN EL CONSULADO DE ESPAÑA SI ES ASÍ ME GUSTARÍA QUE PUBLICARA UN ARTICULO QUE ME ENCANTA CREO QUE ES MIELES Y AJÍES GUSTO EN SALUDARLO SOY HIJA DE ESPAÑOLES ESPERO SU RESPUESTA.

Rafael del Naranco
21 de Enero, 2012

Saludos Rocío: Abro poco los portales de Internet, pero hoy lo hice y veo tus lestras. Te envío un artículo, creo que es el que hablas. Yo escribo en Magazine Español y en la Cadena Capriles (Últimas Noticias)y en otros medios. Con afecto, Rafael del Naranco Torre La Prensa, Piso 9 Plaza el Panteón, La Trilla. Caracas.

Ajíes

Anido, a modo avecilla de casero vuelo, más que vivo- conciencia y cuenta de los sentimientos recónditos de una existencia bubónica – desde hace añales en el Caribe tornasolado, tierra de gracia en que todo el año es tiempo de canícula. Eso hierve la mente, ablanda las hormonas y dilata las pupilas, mientras el espíritu se empapa de sudores y pide ron blanco con ajíes cortados en cuadritos para amainar el sofocón. Allá – en la otra orilla del mar de Occidente – en los pueblos acalorados de la Hispania de secano, tan lejana y bulliciosa ella, las bicicletas – o velocípedos, al decir de los abuelos – inmortalizadas en amores de tardes sofocantes y enternecidas de Fernando Fernán-Gómez, sin dejar de ser sociales y realistas en opinión de aquel Paco Umbral de la palabra más casticista posible , han sido el vínculo de esos amores de temporada baldía entre las alamedas y las riberas de las charcas o riachuelos, en los apretados burgos desmantelados y solitarios el resto del año. Ante tal razón de remembranza desflorada, la cuartilla de hoy se empapará de querencia veraniega, tan lejana y mustia en las comisuras hendidas de nuestra propia esencia. Apenas lo recordamos, pero hemos sido jóvenes, y vislumbramos sin ver, ni casi recordar ya, las ansiadas locuras de la pasión vivida, ahora vueltas briznas de brisa sobre un pliegue de la cutícula surcada de canalillos. Al cronista le es fácil escribir de afectos. Desde siempre, cuando de ese duendecillo se trata, nos sostenemos sobre los que han hecho de ese atributo sempiterno camino. Sabemos por experiencia que el apego jamás decrece; a lo más, llega a arrinconarse por un tiempo en las suturas de nuestros anhelos interiores y espera allí, como los segadores, el tiempo de la sementera, para recoger el fruto de la tierra convertido en el pan nuestro de cada día. Estos días escurridizos en las estribaciones de la morriña, opacado en la morada linajuda enclavada en la vereda, la tarde trenzada o la soledad siempre escondida en los pliegues de la mirada, agrietaron un profundo socavón de amistad dentro de la memoria. Alguien ha dicho, o a lo mejor no y solamente en una evocación de una época ida, que el tiempo inexorable todo lo lleva, menos el recuerdo herido. Solía decir Rafael Alberti, el autor de “Marinero en tierra” – “¡qué fresco era tu pescado, acabado de pescar!”- , que el apego es una alegría entre el fuego y el hielo, una irisación de luz penetrando por la ventana abierta del espíritu. Y muy cierto suele ser. La amistad suele regresar maltrecha algunas veces, pero vuelve, aunque lo haga acompañada de su perpetuo lazarillo: la nostalgia taladrada de cicatrices. Esa es la paranoia amarga del mes agosteño ido; uno comienza escribiendo de la canícula veraniega y finaliza hablando del céfiro inclemente, de la piel, los recuerdos, los amigos y esa travesura que nos atraviesa con inusitado ardor: la añoranza de los tiempos idos.

Jasmìn
28 de Enero, 2012

Ante todos mis saludos. Me dirijo a Ud. para saber donde puedo adquirir sus libros Cartas Para Patricia. Vivo en Caracas y no sè en que librerías adquirirlas Gracias

Rafael del Naranco
21 de Abril, 2012

JASMIN: Se pueden adquirir en algunas librerias de Caracas, entre ellas Alejnadría del Centro Comercial en Chacaíto. Si no los consigues escribeme al siguiente correo: rnaranco@cadena-capriles.com. Saludos, Rafael del Naranco

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.