Arte
Contextualismos: esfera pública (parte II)
Paso por allá Por Félix Suazo Entre noviembre de 2008 y febrero de 2009 la dupla compuesta por Carla Arocha (Caracas en 1961) y Stépane Scharaenen (Bélgica, 1971) presentó la muestra “Hier Waak Ik” (¡Hay Vigilancia¡) en el Galpón 1 de Periférico Caracas. Una de las instalaciones expuestas consistía en tres bolas de cristal de aproximadamente [...]
Paso por allá

Por Félix Suazo
Entre noviembre de 2008 y febrero de 2009 la dupla compuesta por Carla Arocha (Caracas en 1961) y Stépane Scharaenen (Bélgica, 1971) presentó la muestra “Hier Waak Ik” (¡Hay Vigilancia¡) en el Galpón 1 de Periférico Caracas. Una de las instalaciones expuestas consistía en tres bolas de cristal de aproximadamente 25 centímetros de diámetro, colocadas sobre pedestales blancos. En medio de un ambiente integrado por retículas de espejos, estructuras espaciales y fotografías ambiguas, las esferas de vidrio fascinaron a los visitantes: se agachaban, las tocaban y las veían con insistencia, como si con ello pudiesen adivinar el porvenir.
En realidad, las bolas sólo devolvían la imagen invertida (y sensiblemente distorsionada) del espacio expositivo, incluyendo los rostros y los cuerpos “patas pa` arriba” de los curiosos. Pocos espectadores se percataron de que toda la escena se perdía en un hoyo negro, justo en la parte inferior donde las esferas quedaban apoyadas a la base. Para muchos, la muestra sólo trataba de estructuras ópticas y problemas perceptivos, sobre todo porque las cautelosas declaraciones de los propios artistas parecían confirmar esa idea. “Las obras – según declaran Arocha y Scharaenen a la revista Complot – son lo que parecen ser. Por supuesto que (…) están cargadas, pero en presencia del espectador y en el ambiente en que se presentan, no es la obra la que es alterada sino la imagen y el entorno de aquel que tiene la capacidad de vivir la experiencia. En este caso estamos induciendo una experiencia de realidad pero de ninguna manera una nueva versión sobre la realidad”.
Por esos meses se desarrollaba una intensa campaña electoral para la elección de gobernadores y alcaldes a efectuarse el 23 de noviembre de 2008. Enmarcado en ese contexto, un visitante intrigado preguntó que si esas bolas eran para ver el futuro de Venezuela. Entonces, tenía sentido -aunque sólo fuera como posibilidad – que “la situación país” se pudiera vislumbrar a través de aquellas bolas de vidrio, abiertas a la “esfera pública”.
Más que una interpretación tendenciosa o “traída por los cabellos”, la imagen de un mundo de cabeza -tal como lo registra la retina antes de que las funciones neuronales corrijan tal anomalía – parecía corresponder con la atmósfera de incertidumbre y zozobra que vivió la nación durante esos días. En tal sentido, las obras de Arocha y Scharaenen dejaban ver “la situación país” – tensión política, inseguridad, ansiedad – de manera mucho más diáfana que los sondeos estadísticos y las columnas de opinión periodísticas. Sus piezas denunciaban los avatares de una mirada sesgada por rejas y cortinas especulares que entrapaban el ojo y donde lo visible quedaba disuelto en un campo ilusorio. Un juego óptico que convierte al observador en prisionero del artificio, devolviéndole la imagen de su propio encierro.
El asunto -claro está- no es sencillo. Algunos críticos se lamentarán al considerar que la sofisticación técnica y la pulcritud formal de estas obras no tienen nada que ver con el contexto vernáculo. Otros, por el contrario, no estarán de acuerdo con que las obras sean tratadas como síntomas de algo supuestamente ajeno al arte mismo. Finalmente, habrá quienes prefieren no complicar las cosas, limitándose a considerar el aspecto lúdico de lo que tienen frente a si. Sin embargo, ante cualquiera de las posturas reseñadas la pregunta será la misma: ¿Qué ves en esa bola de cristal?
********
Entrada anterior de la serie:




guardar en pdf
Facebook
RSS
Twitter