Diario de Alejandro Oliveros

Diario: Stefan Zweig es Mendel

Valencia, 3 de julio de 2009 6.05 am Una noche llena de sueños, unos más oníricos que otros. Algunos probables, otros no. Como que Florencia durante la mañana de Año Nuevo estuviera tan calurosa como Miami en verano. En otro, una mujer me buscaba para tener un poco de sexo. Todo ocurrió de la manera [...]

Por Alejandro Oliveros | 3 de Julio, 2009

Valencia, 3 de julio de 2009

6.05 am

Una noche llena de sueños, unos más oníricos que otros. Algunos probables, otros no. Como que Florencia durante la mañana de Año Nuevo estuviera tan calurosa como Miami en verano. En otro, una mujer me buscaba para tener un poco de sexo. Todo ocurrió de la manera más impersonal. Llegó, hicimos el amor y se marchó sin decir nada. Son algunas imágenes que recuerdo de mi incursión de ayer en el sueño, esa “segunda vida”, de acuerdo con la intuición de Gerard de Nerval, el alucinado. Estas son las primeras líneas de su Aurora:

El sueño es una segunda vida (“Le Rêve est une seconde vie…”). Nunca he podido
atravesar sin estremecerme las puertas de marfil o cuerno que nos separan del
mundo invisible. Los primeros instantes del sueño son la imagen de la muerte. Un
nebuloso embotamiento se apodera de nuestro pensamiento y no es posible deter-
minar el instante preciso en el que el yo, bajo una apariencia distinta, continúa el trabajo de la existencia. Se trata de un subterráneo oscurecido que se ilumina
poco a poco, de donde se liberan de la sombra y de la noche las pálidas figuras,
graves e inmóviles, que habitan la morada del limbo. Luego, el panorama
toma forma , una claridad nueva la ilumina y anima estas raras apariciones,
entonces, mundo de los Espíritus se abre ante nosotros.

Traduzco este fragmento memorable de la edición Gallimard, preparada por Albert Beguin. Fue mi primer tomo de la La Pléiade, adquirido en la Librería La France, en su primera sede, en la calle Acueducto de Sabana Grande, está firmado en 1969.

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ZWEIG-MENDEL

18nzweig2Mendel es una de las grandes criaturas de la literatura del siglo XX. Pequeño, absurdo, impotente, patético, querido y consumido por el mundo polvoriento de los libros de viejo. Zweig lo hizo protagonista de su parábola de 1929. Una prefiguración, una más, de la feroz y genocida persecución de la década siguiente. En el segundo tomo de la edición francesa de su Correspondencia, encuentro esta carta de 1923, que habla del obsesivo interés del autor por los manuscritos, una pasión que compartía con Buchmendel:

A Edwin Guido Kolbenheyer,

Querido amigo.

¿te puedo pedir un pequeño favor? Probablemente recuerdes que desde nuestra época de estudiante colecciono manuscritos de escritores. Ahora un amigo me hace
llegar un recorte de periódico donde se dice que el 22 de marzo a las 11 am, en
Tubinguen, se subastará una serie de manuscritos que me interesan muchísimo.
Seguramente conocerás a un librero que pueda representarme a cambio de una
comisión de 5%. ¿Podrías decirle que me escriba para saber si está de acuerdo
y para que me escriba sobe estos artículos?

Schiller: fragmento de un poema (¿cuál? ¿cuántas líneas?).
Lenau: “Canto de los juncos” (¿cuántas páginas?)

Por último, que me diga si hay poemas de Wieland, Mörike, Herder, Hölderlin y cuáles.

Espero, querido amigo, no estar exigiéndote demasiado, pero estoy seguro de que encontrarás un librero que se haga cargo del asunto y me escriba.

Afectuosamente,

tu viejo Stefan Zweig

La angustia de Zweig la conocen bien los coleccionistas. Se trata de piezas únicas, no de primeras ediciones. O las posee uno o las posee otro. Es algo que no se puede compartir, como pocas cosas en la vida. No sé si el buen Zweig se puso en alguno de los manuscritos. Si no fue así, estaría bien que le escribiera a Mendel, al Café Glück, de Viena, quien, seguramente, sabrá ayudarlo.

6.05 pm

Termina esta tarde grisácea del viernes con el concierto para Cello No. 2 de Haydn. Una música cuya serena belleza nos acerca por unos instantes a la armonía perdida. Tanto así que, para celebrarlo, dejaré de escribir para servirme un buen “Sello Negro” y prepararme para esta tercera y viernosa noche del mes de julio.

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