Diario de Alejandro Oliveros

Diario: Un triunfo de la razón intuitiva

Miércoles, 1 de julio de 2009 La inestabilidad climática, aunada a la inestabilidad política (o al revés), estimula de manera inquietante la inestabilidad emocional colectiva. En la Venezuela de estos tiempos, el principio de incertidumbre domina el inconsciente colectivo. Nadie sabe cómo se va a desplazar el futuro, si en corpúsculos o en ondas. No ayuda [...]

Por Alejandro Oliveros | 1 de Julio, 2009

Miércoles, 1 de julio de 2009

La inestabilidad climática, aunada a la inestabilidad política (o al revés), estimula de manera inquietante la inestabilidad emocional colectiva. En la Venezuela de estos tiempos, el principio de incertidumbre domina el inconsciente colectivo. Nadie sabe cómo se va a desplazar el futuro, si en corpúsculos o en ondas. No ayuda en esto las desacertadas políticas económicas, que no son nuevas, y que nos han hecho depender, no de lo que trabajemos y produzcamos, sino de los precios de nuestro crudo, condicionados por factores tan oscuros que convertirían al oráculo de Delfos en un pozo de agua clara. En estas condiciones, no es mucho lo que las reiteradas visitas a nuestros analistas pueden hacer por nosotros. Por supuesto, otras circunstancias influyen en esta inestabilidad epidémica. Pero nada más devastador que la suma que señalamos al principio. Y ante la gravedad de sus estragos, seguimos pensando en la posibilidad de la huida, olvidando, tal vez, la imagen de Cavafy, “Donde quiera que te vayas Itaca estará contigo.” No se refería el gran poeta necesariamente a la aburrida Penélope. Hombres y mujeres todos somos Ulises.

*******

LA RAZON INTUITIVA (2)

Un amigo médico me llama para decirme que mi expresión “razón intuitiva”, no tiene sentido. Que es lo que en filosofía se conoce como “contradicción en términos”, una proposición carente de lógica y relevancia hermenéutica. “De eso se trata”, le digo, que no tenga ese sentido, sino otro.

kouros“Repulsión intuitiva”

En Blink, Malcom Gladwell nos ofrece un bello ejemplo de epistemología intuitiva. Hace unos años, el inmoralmente rico Museo Getty (porque todo lo que tiene que ver con Getty tiene que ser inmoral, incluso el museo), se interesó en la adquisición, por unos diez millones de dólares de hace diez años, en la adquisición de un rarísimo “Kouros”. La obra fue llevada a los laboratorios de la institución y examinada por los especialistas durante dos semanas, al cabo de las cuales ratificaron la autenticidad de la pieza. Los “Kouros” son representaciones arcaicas de jóvenes en mármol, que datan de mediados del siglo VII. Son extraordinarias por todo. Entre otras cosas, porque señalan la ruptura de la escultórica helénica con la frontalidad y la consolidación de la escultura como un arte verdaderamente tridimensional. Siguiendo el modelo egipcio, los escultores griegos adelantaron la pierna izquierda de la figura, que ahora parecía en movimiento. Ya no estaba allí, hierática, esperando tiempos mejores. Ahora caminaba, iba a alguna parte, pasaba delante de nosotros, con la vista fija en el horizonte. Por esta razón, y por todas las demás que se nos puedan ocurrir, los museos se pelean por estas esculturas. Es impensable una colección de arte clásico que se respete sin un “Kouros”, por lo menos. El Museo Getty se sentía orgulloso, con la hibris del caso, por la adquisición. Ante el fallo inapelable del comité de expertos sólo quedaba cumplir con un formalismo. Invitar a algunos historiadores de arte para que respaldaran con su entusiasmo el proyecto. Lo demás, esto es la autenticidad de la pieza, era algo del dominio público. El primero fue el distinguido historiador italiano Federico Zeri, uno de los más grandes conocedores que el siglo veinte tuvo de arte griego y romano. Al cabo de un par de minutos, máximo, el estudioso adelantó que se trataba de una falsificación. “Desde que lo vi, sabía que era falso. No tenía alma.” Un segundo historiador sintió lo mismo que Zeri y aún un tercero declaró: “Cuando lo vi me produjo una intuitiva repugnancia.” Pero una cosa es la intuición y otra la racionalidad de los exámenes científicos.” No obstante, ante la duda, el pobre “Kouros” fue sometido a nuevos exámenes que revelaron que se trataba de un “fake”, elaborado en Roma en 1980. La razón intuitiva, una vez más, nos privó de la posibilidad de extraviarnos y terminar sintiendo esa “repugnancia de la que hablara el profesor de arte.

Por supuesto, no es el único triunfo que conozco de la razón intuitiva. Algunos más distantes y rotundos. Otros más próximos y, aunque casi insignificantes para los demás, para mí han significado mucho a la hora de llegar a conclusiones o tomar decisiones.

Síguenos en Twitter. Síguenos en Facebook
Comparte este artículo

Comentarios (1)

Juan Alberto Arismendi
2 de Julio, 2009

Gladwell es excelente. Ahorita está manteniendo una fuerta polémica con Chris Anderson, editor de wired, por una reseña del libro Free. Si lo meten en google la consiguen.

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.