Diario de Alejandro Oliveros

Diario: Semanario – Robin Robertson

Confucio en tiempos de indigencia: -“Esto es lo que quiere decir la frase: la palabra verdadera está en pleno interior y se verá desde fuera. Por consiguiente, el hombre verdaderamente bien criado, portador de la herencia cultural y moral, debe mirar su corazón está solo.” -“Encontrar la palabra exacta para el latido informe del corazón quiere decir no mentirse a [...]

Por Alejandro Oliveros | 1 de Julio, 2009

Confucio en tiempos de indigencia:

-“Esto es lo que quiere decir la frase: la palabra verdadera está en pleno interior
y se verá desde fuera. Por consiguiente, el hombre verdaderamente bien criado,
portador de la herencia cultural y moral, debe mirar su corazón está solo.”


-“Encontrar la palabra exacta para el latido informe del corazón quiere
decir no mentirse a sí mismo; es lo mismo que odiar un mal olor o amar
a una persona bella; respetar la nariz de uno, como también se dice.”

(Ta hsio. El gran compendio)

La crisis de Hondura, un golpe de estado con el apoyo de parte de la población y el ejército, es sólo el comienzo. Las aguas de la historia nunca van en un solo sentido. Diez años después de torpe estridencia revolucionaria, buena sólo para mantenerse en el poder y administrar sin pruritos la mentira y la violencia, lo menos que podemos esperar es una etapa de reflujo. Se trata de la vieja imagen del péndulo y, como de un péndulo se trata, después de llegar al punto más distante en un sentido, comienza el irreversible desplazamiento hacia el otro lado. Lo de Honduras es sólo el comienzo y debemos prepararnos para todos los desplazamientos extremos. Siempre, en un sentido u otro, suelen ser tan dañinos como una enfermedad perniciosa. Lo que busca la medicina moderna es que dure lo menos posible.

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Ya son varios los años que llevo buscando lo que al parecer no existe: jóvenes poetas franceses que puedan leerse sin dificultad. Algún heredero de una tradición que llegó a ser ilustre e influyente. Que incluye nombres como los de Reverdy, Jouve, Michaux, Follain, Perse, Ponge, algún Char y bastante Supervieille y tal vez alguno más. La frustrante experiencia se reitera. Me veo, hurgando en los mesones de la Librería La Hune en busca de un pequeño tomo que me hable, que me diga algo así como, “Alejandro, aquí estoy, todavía no me conocen y valgo la pena.” Pero nada. Editoriales y libreros regresan a celebrar el indudable talento de los últimos mohicanos, gente como Dupin, Bonnefoy, Du Bouchet o Esteban, todos en sus setenta u ochenta. Nada nuevo, nada mejor. Por fortuna, no me ocurre lo mismo en Londres o Roma. Es improbable abandonar Foyle’s o Feltrinelli de Largo Torre Argentina, sin un libro estupendo de un poeta desconocido para mí. De esta manera descubrí a Robin Robertson y Don Paterson o Mario Specchio y Antonio Riccardi.

Robin Robertson es un poeta escocés, nacido en 1955 que leí por primera vez en una antología, comprada en la librería de Regents Street, dedicada a recoger versiones de Ovidio escritas por contemporáneos y editada por Michael Hofmann y James Lasdum. Su colaboración era una “imitación” del mito de Ovidio. Un texto notable que traduje en otro de estos cuadernos. Más tarde conseguí A PAINTED FIELD, una colección de textos que apareció en 1997. Robertson, como todos los integrantes de las últimas dos generaciones de vates británicos, no es poco lo que debe a Ian Hamilton, el implacable crítico y feliz poeta que, no sin esfuerzo introdujo una nueva sintaxis en la lírica de su país. Una escritura que dejó de lado el virtuosismo retórico y las alusiones culteranas y que pretendía una poesía despojada y menos impersonal. Cuestionó el culto ciego de las imágenes y sus supuestas capacidades redentoras. Con Robertson, otros como Michael Hofmann, Don Paterson, Michael Longley. El texto que intentamos traducir para “Semanario”, pertenece a A PAINTED FIELD:

El traductor”

Irá hacia el oeste
y hacia el oeste otra vez,
golpeando por su cuenta
el agua.
Cosiendo en la superficie,
un cuarto de hombre
y tres cuartos verbo,
ajustando su turbulencia a la resaca.

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