Conversaciones

Diego Bautista Urbaneja: La pareja central de la vida económica

Por Prodavinci | 30 de junio, 2009

Continuamos la conversación sobre el ahorro y la inversión con la participación de Diego Bautista Urbaneja.

La pareja central de la vida económica

Por Diego Bautista Urbaneja

Llámeseles como se les llame, la pareja ahorro e inversión es el único mecanismo conocido mediante el cual las personas, las empresas y las naciones, prosperan y adelantan. Constituye esa pareja la bisagra central de la vida económica.

Es posible que las palabras para designar esos dos fenómenos haya variado según el tiempo y según las sociedades. Pero los hechos fundamentales son siempre los mismos : es necesario guardar una parte del ingreso para poder luego asignarla a la adquisición de nuevos bienes, que directa o indirectamente nos pondrán en capacidad de ser más productivos y creativos en nuestras vidas, en cuanto a uno mismo concierne, y en cuanto concierne a cuantos dependen de nosotros, nos permitirá aumentar sus posibilidades de llevar vidas valiosas.

Es una vieja tradición en el pensamiento político y social, el de llevar los razonamientos y las imágenes válidas al nivel de la persona individual, a la escala de las sociedades. El tema que tratamos es uno de los que más se presta a esa traslación. La capacidad de ahorro de una sociedad, sea a través del Estado en el que está organizada políticamente, sea a través de las empresas que hay en ella, sea a través del ahorro individual, que puede ser usado por aquel o por estas a través de los distintos canales bancarios y financieros, es la que posibilita la creación de nuevas capacidades productivas en la economía nacional. Es esta la reproducción a ese nivel macro de la ampliación de las perspectivas de la vida individual a l que nos referíamos al comienzo.

Hay sociedades, naciones, familias, individuos, que dejan de lado ese ciclo elemental del ahorro y la inversión. Son entidades condenadas a moverse en el surco de un mismo círculo, año tras año. Son sociedades estáticas, en las que nunca mejora el nivel de vida inicial, sea porque no tienen la posibilidad de producir un excedente ahorrable, sea porque el que producen lo consumen.

Vivimos en tiempos acelerados, rodeados de incertidumbre y de volatilidad. Eso hace que la actividad del ahorro y su contrapartida en inversión tenga que afinarse tanto más. De nuevo, esto vale para todos los niveles: el individual, el empresarial, el nacional.

La necesidad de ese mayor tino es clara: la volatilidad de la economía, los fenómenos inflacionarios que con frecuencia se dan en países con políticas defectuosas, afectan el valor de lo que ahorramos. Surge entonces la necesidad de protegerse frente a ese riesgo. Una de las opciones es la adquisición de activos que signifiquen por sí mismos una forma de inversión en bienes cuyo valor se va a mantener, o de bienes durables que aumenten de una vez la calidad de nuestra vida.

Otra gran opción para obtener la mencionada protección, que puede perfectamente ser simultánea con la primera, es la de invertir acertadamente, en valores que tengan un rendimiento tal que compense la incertidumbre y la eventual inflación que pueda presentarse.

Quisiéramos resaltas la conexión entre el ahorro individual y la inversión nacional. La disponibilidad de un fuerte ahorro personal, que pueda ser canalizado hacia la adquisición de valores bursátiles o que pueda ser usado por los bancos y otros entes financieros, para financiar iniciativas empresariales de importancia, es un requisito normalmente indispensable de una economía dinámica. En ese caso, la persona ahorra y los mecanismos financieros aseguran la inversión reproductiva de ese capital, con lo cual a su vez se logra, vía rendimientos e intereses, que la persona que ahorró mantenga el valor de su dinero.

Todo lo que hemos descrito son mecanismos elementales del movimiento económico. No hay secretos allí. Lo que se requiere de parte de las personas que tienen capacidad de ahorro, pero que de hecho podrían no ahorrar, es sentido común, y la conciencia de que es necesario hacer el sacrificio que el ahorro significa para obtener a cambio la posibilidad de acrecentar las posibilidades vitales en nuestro propio futuro, y en el futuro de aquellos que dependen de nosotros, y que son normalmente las personas más importantes de nuestra vida.

Prodavinci 

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