Diario de Alejandro Oliveros
Diario: Abend. Milosz (2)
Valencia, 20 de junio de 2009 5.25 am Se lo leí hace muchos años a Novalis y nunca lo he olvidado. Aquello de que, en el sueño, las cosas suelen presentarse al revés de lo que son, o van a ser en la realidad. Hace poco, mientras dormía, se me apareció, a la distancia, una torre altísima, [...]
Valencia, 20 de junio de 2009
5.25 am
Se lo leí hace muchos años a Novalis y nunca lo he olvidado. Aquello de que, en el sueño, las cosas suelen presentarse al revés de lo que son, o van a ser en la realidad. Hace poco, mientras dormía, se me apareció, a la distancia, una torre altísima, construida en ese estilo que durante una época llamamos “futurista”. Es decir, una edificación, tipo “Metrópolis”, de Fritz Lang, con una altura improbable y un equilibrio poco obvio. Incluso para la topografía onírica, el edificio era sorprendente. Pero no eran las dimensiones ni el estilo lo que me inquietó cuando alguien, que no reconocí, me dijo que el arquitecto había sido Harry Abend. Contemplé la torre durante largo tiempo, hasta donde se puede medir el tiempo en la experiencia onírica, sin salir del desconcierto. Se trataba de una obra magnífica, un atrevido diseño felizmente realizado. Lo que no entendía era cómo Abend podía ser autor del proyecto. Algo le faltaba y no podía descubrir qué era. Así, hasta que me desperté con la imagen fresca en la memoria y me di cuenta de lo que se me escapó en el sueño. A la estupenda construcción le faltaba lo que le sobra a los trabajos de Abend: alma.
*******
MILOSZ A LAS PUERTAS DEL CIELO
Una llamada de mi querido Carlos Castro desde Torino me entera, entre otras cosas, que el poema de Milosz sobre el alcohol lo habíamos comentado en clase hará cosa de unos cinco años. Carlos fue mi tesista con un trabajo brillante sobre el Yeats tardío. A él le debo momentos de honda amistad y el descubrimiento de Paul Durcan. El texto de Milosz se titula, “Un alcohólico atraviesa las Puertas del Cielo” y fue recogido en To que publicó a los 89 años, en 2000:
Desde el principio sabías qué clase de hombre iba a ser,
desde el comienzo de cada criatura.
Debe ser horrible estar consciente, al mismo tiempo,
de lo que es, lo que fue
y lo que será.
Me inicié en la vida confiado y feliz,
seguro de que el sol salía para mí
y las flores hacían lo mismo cada mañana.
Pasaba los días en un jardín encantado.
Sin sospechar que me habías sacado del Libro de los Genes
para un nuevo experimento.
Como si no estuviera claro
que nada puede la voluntad contra el destino.
Bajo tu mirada complaciente
sufrí como una oruga en la punta de un espino.
El terror del mundo se abrió ante mis ojos.
¿Pude haber evitado el escape hacia la ilusión,
hacia el licor que detenía el crujir de dientes
y derretía la bola de fuego en mi pecho
y me decía que podía vivir como los demás?
Me di cuenta de cómo deambulaba de esperanza en esperanza
y te pregunté, Todopoderoso, ¿porqué me torturas?
Era una prueba como la de Job y tomé a la fe por un fantasma
y dije: ¿No existes tú, ni tu veredicto
y la tierra es un accidente?
¿Quién, de manera simultánea, puede contemplar
el dolor repetido un billón de veces?
Pienso que la gente que no cree en ti
se merece tus elogios.
Aunque tal vez bajaste a la tierra
porque estabas agobiado por la piedad
y querías experimentar la condición de los mortales.
Asumiste el peso de la crucifixión por un pecado
cometido, ¿ por quién?
Rezo porque no sé cómo no hacerlo.
Porque mi corazón te necesita
a pesar de que no vayas a curarlo.
Y debe ser así, los que sufren seguirán sufriendo
en tu nombre.
Milosz, como todos los polacos, piensa que debe ser objeto de un trato preferencial por parte del Creador. Que Dios debe estar pendiente de él, de sus miserias y glorias. Se dirige al “All Knowing” como le puedo hablar yo a mi médico. Le reclama, en un tono respetuoso, claro, la falta de atención, el descuido. Todo con una familiaridad que no se encuentra en otra parte. Le habla como a un paisano, inmortal y omnipresente y todo lo demás, pero paisano. Para Milosz, como para todos los polacos, Dios es polaco. Algo que el desaparecido papa Woyjtila nunca se preocupó por desmentir. Pero, aun siendo polaco, para Milosz no debe haber sido fácil colearse por las Puertas del Cielo. De allí la ironía del poema. Recordamos la famosa admonición de Pablo en la Primera a los Corintios: “¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios.” God be with you, dear Czeslaw, if you like the “company”.
*******
Más adelante, y sin que se refiera a ninguna nacionalidad en especial, Pablo añade algunas advertencias por demás interesantes sobre el cuerpo:
No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y voy a tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una meretriz? De ningún modo. ¿No sabéis que quien se allega con una meretriz se hace un cuerpo con ella ?Porque serán dos, dice, en una carne. Pero el que se allega al Señor se hace un espíritu con El. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa un hombre, fuera de su cuerpo queda; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que, por tanto, no os pertenecéis? habéis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.





Facebook
RSS
Twitter
23 de Junio, 2009
Creo que el nombre del libro es To,y no Tho.