Diario de Alejandro Oliveros

Diario: Cercas y Adolfo Suárez

Caracas, 17 de junio de 2009 5.am Un cielo completamente nublado a esta hora temprana del miércoles, un adelanto del bochorno que nos espera. La evaporación hace de las suyas y buena parte del día seremos víctimas de los estragos del calor y la humedad. A media mañana, sin embargo, podríamos ser privilegiados por una dosis de [...]

Por Alejandro Oliveros | 17 de Junio, 2009

Caracas, 17 de junio de 2009

5.am

Un cielo completamente nublado a esta hora temprana del miércoles, un adelanto del bochorno que nos espera. La evaporación hace de las suyas y buena parte del día seremos víctimas de los estragos del calor y la humedad. A media mañana, sin embargo, podríamos ser privilegiados por una dosis de buena luz, uno de los mejores atributos de este valle. Ahora, los pájaros cantan más por oficio, por deber, que por alegría. Les hace falta un poco de agua fresca y la brisa que viene con la lluvia. El problema es que, desde hace muchos años, hablar de lluvias en esta ciudad es hablar de desastres provocados por el urbanismo irracional. A un nivel puramente psíquico, enfrentamos el comportamiento psicótico de los conductores condenados a desplazarse en el infierno de cuatro ruedas. La agresividad, con lluvias y sin ellas, en el plano íntimo y en el público, se ha transformado en una forma de vida, un status. Somos agresivos con todos y con todo, olvidando las más de las veces que es una conducta paranormal, aberrante.

Se degeneran las acciones y termina degenerándose el lenguaje, ante lo cual ya no sentimos el menor respeto. Decimos lo que se nos ocurre, como el que lanza una pedrada. En piedras se han convertido las palabras. Hemos escogido la agresividad como una mentida forma de sobrevivir. Los muertos que producimos con esta actitud no siempre van a parar a un camposanto. Siguen por allí, en apariencia vivos y coleando, pero disminuidos. De manera insignificante, tal vez, pero disminuidos para siempre. No sé si es oportuna la cita de uno de los fragmentos más conocidos de DEVOCIONES, la insoslayable colección de reflexiones sobre la enfermedad y la muerte, publicada hacia 1623 por John Donne:

La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy involucrado en la humanidad; y, en consecuencia, no envíes nunca a preguntar por quién doblan las campanas. Doblan por ti.

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Hace poco se vió a lo mejor de la oligarquía española acompañar en el hospital de Madrid al irreversible y terminalmente caído Adolfo Suárez, el primer presidente del gobierno español después de Franco y figura respetada por su papel clave en la transición democrática. Pero, sobre todo, por el coraje con el que se enfrentó al teniente-coronel Tejera durante su asalto armado al Congreso de Diputados. En ANATOMIA DE UN INSTANTE, Javier Cercas lo destaca en su indisputado papel protagónico. Y sus opiniones, como suele suceder con este autor, no dejan de ser inquietantes. Mientras hago tiempo para leerme el libro “comm´íl faut”, no aguanto la curiosidad de hojear el grueso volumen y leer algún capítulo aislado. Como éste donde aparece Suárez en la ambigua posición de villano y héroe. En él, una pieza de tres o cuatro páginas, Cercas se refiere a un editorial de EL PAIS, publicado apenas tres días antes del intento de golpe de estado. El editorialista comparaba a Suárez con el inolvidable Bardone, el personaje central de IL GENERALE DELLA ROVERE, de Rosellini. La crítica al jefe de gobierno no podía ser más negativa. Se le reprochaba su pasado franquista y su presente como inepto gobernante. Sus doble caras y así, hasta negarle el heroísmo final del personaje de la película. Cercas propone una nueva lectura de esta comparación Bardone-Suárez:

Suárez no fue un hombre éticamente irreprochable, pero es muy posible que nunca hubiera podido hacer lo que hizo si durante años no hubiese sido un pícaro con la moral del superviviente y el don del desengaño, un arribista sin mucha cultura ni ideas políticas firmes, un gallito falangista, adulador y trapacero.

Pero reconoce Cercas que,

Ninguno (de los jóvenes políticos franquistas) reunía su coraje, su audacia, su fortaleza, su excluyente vocación política, su histrionismo ,su seriedad, su encanto, su modestia, su inteligencia natural, su aptitud para conciliar lo inconciliable y sobre todo un sentido de la realidad y una intuición histórica que le permitieron entender muy pronto, empujado por la oposición democrática, que más que tratar de oponerse a la realidad debía dejarse modelar por ella, que ensanchar o transformar el franquismo sólo acarrearía desventuras y que lo único que se podía hacer con él era matarlo de una vez por todas, traicionar el pasado para no traicionar el futuro.

En el film de Rosellini, el pícaro Bodone (Vittorio de Sica) se hace pasar por el general Della Roere, viejo líder de la resistencia antifascista, muerto por los nazis. Bordone acepta dinero de los alemanes y la promesa de un salvoconducto para marcharse a Suiza. Ya en la cárcel, comienza la transformación de Bordone, y es que la transformación es uno de los atributos más ostentosos del pícaro. Y, al igual que Suárez, presionado por las circunstancias, el farsante, sin proponérselo, comienza a ser el heroico Della Rovere, el colaboracionista es ahora miembro de la resistencia, la cual, inocente del desdoblamiento, se acoge a su liderazgo. Al final, Bordone se convierte en héroe trágico. Puesto a escoger entre la delación, que le garantiza todas las seguridades, se decide por la muerte fusilada, no sin antes exclamar “Viva Italia”. Cercas atribuye a Suárez una suerte parecida a la del personaje de Rosellini:

Si bien se mira, en este punto el extraño destino de Suárez también se asemeja al de Bordone gritando “¡Viva Italia!”. Ante el pelotón de fusilamiento en un amanecer nevado, Bordone no sólo se redime él, sino que de algún modo redimía a todo su país de haber colaborado masivamente con el fascismo; permaneciendo en su escaño mientras las balas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo durante la tarde del 23 de febrero, Suárez no sólo se redimía él, sino que de algún modo redimía a todo su país de haber colaborado masivamente con el franquismo.

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