Por Conversaciones | 14 de Junio, 2009

Continuando con la conversación sobre el ahorro y la inversión presentamos el siguiente articulo de Mario Morenza.

Al mal tiempo, la moneda tiene una sola cara

Por Mario Morenza

UNA FRASE QUE JUSTIFICARÍA una economía utópica. Bien podría ser ésta: El ahorro y la inversión son las dos caras de nuestra moneda. Si bien, la frase en cuestión encaja perfectamente en el discurso de un joven negociante en vertiginoso ascenso cuyo libro de cabecera sería Obras completas de Peter Lynch, muy difícilmente endosaría en estos tiempos de globalización, gripe porcina y crisis económica, en la alcancía de las prácticas rutinarias de los venezolanos.

El panorama es preocupante, pero no irreversible. Los negocios y las fuentes de ingreso se alejan en un sólo factor del petróleo, el elemento natural que los origina: ambas son renovables. Pero, ¿qué ocurre cuando esa utópica moneda de la frase nos recuerda al disco de un sólo lado del relato de Jorge Luis Borges? Las opciones para el ahorro y la inversión en estos tiempos de crisis se reducen al mínimo. Para los venezolanos, la economía tiende a ser un problema con ángulos trigonométricos: no basta ahorrar -o “apretarse los pantalones” como clamaría algún presidente en los noventa- e invertir, el reto yace y se hace en ahorrar, sobrevivir y, en última instancia, cuando vengan tiempos mejores, invertir. En estas líneas se nos aclara lo que para todos ya está más que claro: nuestra economía no es utópica, sino típica.

En los últimos veinte años los venezolanos y, en especial, los que habitan o se han ido a Caracas (como activos que la practican y pasivos que la consumen) han hecho de la mal llamada economía informal un deporte olímpico. Monumentales instalaciones ubicadas en El Cementerio, El Valle, San Martín y las aceras de las avenidas más transitadas son los templos para rendir culto a esta disciplina postmoderna en una ciudad que nunca pasó por la modernidad. Sin embargo, el grial del crecimiento económico es encontrado por muy pocos. Y todos, absolutamente todos, tienen una filosofía que los motiva: el único que prospera es el que tiene dinero, que es algo de lo que ellos carecen, por consiguiente, están condenados a pasar la vida nadando y estirando el pescuezo para no ahogarse de no concebir métodos de sobrevivencia. Sin embargo, la economía informal no es puerto seguro. Hoy en día, en un 2009 en el que se libra el campeonato mundial de la crisis económica, los países del orbe compiten por ser los más aptos para soportar los declives financieros. Mientras, el grueso del cuerpo económico que representan los venezolanos con un trabajo estable cursa un diplomado de alquimia a destajo y sin saberlo: estiran hasta el límite sus quince y último. Los que se mueven en las arenas de la economía informal ponen a prueba su creatividad y salen a devorarse el mercado con sus productos: zapatos, camisas, gorras con logos estampados que anhelan imitar a los de la NBA, dividís piratas de películas que aún no han llegado a nuestras carteleras de cine, cremas capaces de borrar cualquier mancha epidérmica, juegos de agujas o alfileres importados desde la India, tarjetitas de santos, catálogos de frases de amor y amistad para mandar por mensajes de texto y un largo etcétera. El ingenio al servicio de que a fin de año sea posible cubrir, a duras penas, las necesidades básicas. Un pequeño porcentaje de estos empresarios invierte en creatividad y piensa en el futuro. Ellos podrán salvarse. Mantenerse a flote. Crecer económicamente.

En tiempos en los que la inflación se resume en estas recurrentes palabras de dotes metafísicas: “el precio de la cesta básica está por la nubes”, para el sociólogo y profesor universitario Luis Pedro España, en un artículo publicado en la página web Cadena Global, avala la ventaja de los individuos que cuentan con quince y último, pues aquel trabajador que “logra mantenerse dentro de la nómina formal de una empresa sin que sea víctima de reducciones de personal o quiebra de su lugar de trabajo y, además, sigue vigente cierta libertad sindical, muy probablemente verá que cada día cubrirá sus necesidades de forma más precaria, pero las cubrirá, con lo cual estará a salvo de la pobreza”. Sin embargo, las empresas en Venezuela descienden en números. Es tiempo de que los venezolanos busquen opciones para que el agua no les llegue al cuello. Esta crisis puede generar, a largo plazo, un país de empresarios, ¿quién sabe?, tal vez esta lección nos haga madurar en favor de la economía familiar y de nuestro país. Se puede inferir en los venezolanos una significativa reducción en los presupuestos (quincenales) de bebidas alcohólicas y productos de belleza personal.

Sembrar el ahorro

Si se deja a un lado nuestro gusto por el whiskey y tener una atractiva apariencia física, una de las características más notables de los venezolanos y la que nos hace distinguirnos del resto del mundo es que, a pesar del aumento desorbitado de la población, de los cada vez más disminuidos salarios, del virus de la escasez, de los comerciantes que suben los precios cuando suben los sueldos, nos las arreglamos para vivir como (si fuéramos) reyes. Paradójicamente, la economía es la ciencia huérfana de los venezolanos: es la única que nos une a todos y, al mismo tiempo, la que peor hemos ejercido colectivamente. No obstante, siempre hemos tenido conciencia de nuestra más evidente debilidad. No es por accidente que la frase célebre “Ta’ barato, dame dos” haya sido inventada por un venezolano ilustre. La borrachera petrolera de los años setenta se reedita en esta década. No es raro ver a un joven de 25 años sin PC propia, pero con un celular de cuarta generación que duplica el precio de una computadora personal. Estos meses nos pasan factura. Para ilustrar esto, me basaré en dos ejemplos que resumen el trauma antiahorrista y monetario de nuestro país. Siempre nos hemos preguntado en tono de queja colectiva: ¿por qué los emigrantes portugueses, españoles, italianos y chinos se enriquecen de inmediato, y nosotros, los venezolanos, muy pocos contamos con panaderías, abastos, zapaterías o restaurantes, con riquezas levantadas desde cuentas en cero y eso que nacimos aquí? ¿Por qué si somos un país rico, petrolero, estamos como estamos? Con esto no quiero decir que se trata del síndrome el-jardín-del-vecino-es-mejor-que-el-mío. ¿Será que para ellos, los emigrantes, la noción de ahorro es una necesidad y para nosotros un lujo? ¿Será que la inversión para ellos no es un gasto sino una inversión a futuro y, por tal razón, no sacrifican un presente fugazmente caudaloso por un promisorio porvenir? ¿Será que estamos maleducados económicamente hablando?

En mi opinión, nos falta educación económica o el cromosoma que estimula el ahorro lo tenemos atrofiado. Las puntuales palabras de Herman Sifontes en su artículo “Del ciudadano rentista al ciudadano (re-)constructor de un país”, publicado el 30 de marzo del 2009 en el blog Prodavinci, desmienten esta hipótesis: todos, sin importar el conocimiento que tengamos sobre teorías cambiarias, si pertenecemos a mundos financieros privados o gubernamentales, formales o informales, la economía es algo que nos atañe como nación: la sangre de un país corre por las venas de la economía. En este 2009, cuando pensábamos que contábamos con todos los antibióticos, a Venezuela la crisis mundial la sorprendió con las defensas bajas. Nuestra economía no tiene las venas abiertas, sino obstruidas, como los precios de nuestro hidrocarburo.

La mayoría de los venezolanos han visto tiempos peores, y la mayoría, también, espera ver tiempos peores que los pasados. El miembro fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonso, de nuevo cobra vigencia por su apocalíptica forma, digna de un discípulo de Nostradamus, de llamarle “Excremento del diablo” a nuestra principal fuente de ingresos. Pérez Alfonzo decía que el petróleo traería la ruina, pero obvió decir que además de eso, esta ruina traería consigo otros males de índole mercantil: el gasto público creció y el pueblo se olvidó de pagar los impuestos, la bonanza económica llegó y el pueblo agudizó su dependencia al petróleo. Era la Venezuela del boom petrolero. Ahora, todo tiende a una balanza tétrica y desequilibrada para todos: la Venezuela del boomerang petrolero. Se espera que los precios que estuvieron en cifras exorbitantes regresen a ellas. En esa espera, los venezolanos medimos el tiempo no en horas, sino en quincenas.

Arturo Uslar Pietri fue uno de los novelistas venezolanos más relevantes del siglo XX. Sin embargo, dos de sus frases más célebres se originaron en terrenos ajenos a la ficción. Una de ellas viene de su propia campaña presidencial en la que vendió su imagen política con la jactanciosa oración: “Arturo es el hombre”. La otra fue netamente vanguardista -económicamente hablando. Apareció exactamente el martes 14 de julio de 1936 como título del editorial en la primera página del diario capitalino Ahora: “Sembrar el petróleo”. Fue una clase introductoria de economía para los venezolanos. Tenemos 73 años cursando economía a destajo y a domicilio. Resultado: hemos reprobado los exámenes. El 2009 es propicio para darle un giro a la frase y que esta diga: “Sembrar el ahorro”.

Si la nación fuese un cuerpo humano, con hígado, corazón, piernas, brazos y, por supuesto, cerebro, cada hogar representaría, por analogía, una célula. Sólo se necesita el mal funcionamiento económico de un hogar para que todo el cuerpo entre en caos. Queda en nosotros hacer resucitar nuestra economía, invertir en la infraestructura de país que necesitamos, sólo así, podremos salir a flote, crecer económicamente, y hacerle frente a las cíclicas crisis financieras. ¡El ahorrista es el hombre!, no seamos pendejos. Ahorremos ahora y seamos el venezolano del futuro y que piensa en su futuro.

Mario Morenza es un joven escritor venezolano. Licenciado en Letras. En el 2008, el cuento “Vitrum”, fue seleccionado para la Antología de la Novísima Narrativa joven Hispanoamericana.Ganador de la segunda edición del Premio Nacional Universitario de Literatura en el 2007 con el libro La senda.

Conversaciones 

Comentarios (3)

Adriana Rivas
15 de Junio, 2009

Excelente artículo sobre economía. Apretémonos los pantalones, puej, no nos queda de otra.

joseantoniogonzalez
15 de Junio, 2009

Esta realidad de la economia enferma que padece Venezuela ,no es nueva,decadas tras decadas en este derrochador manejo de las riquezas de la nacion.Lamentablemente el Dolar siempre se ha manejado como la primera arma politica,pues hay que complacer al populismo.Por otra parte cuando se menciona a la buhoneria,que incluso se llega a contabilizar como fuerza laboral,y aupador del producto interno bruto?…?Los denominados economistas de vanguardia aplauden por el logro “economico”.El buhonerismo significa desempleo disfrazado,y un fracaso de los planificadores y ejecutores de la politica economica de estado.

livin
15 de Junio, 2009

Excelente entrada, siempre es bueno recordar un poco de nuestra historia economica, y de ilustres venezolanos que de una forma u otra visionaron estos tiempos tan criticos producto de nuestra errada manera de pensar.Hoy mas que nunca siguen vigente muchas de las reflexiones hchas por estos venezolanos. El petroléo: Bendicion o Maldicion me inclino por lo segundo, y me atrevo a afirmar que seriamos los habitantes mas innovadores y creativos de esta parte sur si de las entrañas de nuestro territorio no fluyera el ¨excremento del diablo¨Que buen articulo.

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