¿Cómo incrementar el ahorro y la inversión en Venezuela?

Soplan los vientos del norte

Rodrigo Marcano Arciniegas participa en la conversación sobre el ahorro y la inversión en Venezuela con el siguiente artículo “Soplan los vientos del norte”. Soplan los vientos del norte Por Rodrigo Marcano Arciniegas …Here is a fine revolution, an we had the trick to see’t. Did these bones cost no more the breeding but to play at loggats [...]

Por Prodavinci | 10 de Junio, 2009

Rodrigo Marcano Arciniegas participa en la conversación sobre el ahorro y la inversión en Venezuela con el siguiente artículo “Soplan los vientos del norte”.

Soplan los vientos del norte

Por Rodrigo Marcano Arciniegas

…Here is a fine revolution, an we had the trick to see’t. Did these bones cost no more the breeding but to play at loggats with’em? Mine ache to think on’t

(Grandes revoluciones se hacen aquí, si hubiera entre nosotros medios para observarlas… Pero ¿costó acaso tan poco la formación de estos huesos a la naturaleza que hayan de servir para que esa gente se divierta en sus garitos con ellos? ¡Eh! Los míos se estremecen al considerarlo)

Hamlet, Acto V, Escena 1
W. Shakespeare

Raphaël Glucksmann evoca el final de Hamlet en su libro, Mayo del 68, para hacer una analogía entre la tragedia del maestro inglés y los resultados de los últimos cuatro siglos de luchas ideológicas que han agotado los recursos y sentidos del mundo. Sobrepasando el objetivo de su valioso documento sociológico, esta comparación responde a la crisis del siglo XXI desde la consciencia del individuo, o de las células más pequeñas, como las familias, ya no desde las grandes fuerzas de los gobiernos, los partidos políticos, etc., tomando como ejemplo la revolución naranja, en la que los ciudadanos de Ucrania depusieron pacíficamente al gobierno totalitario de Viktor Yanukovich.

En este ejemplo, Glucksmann no habla de una simple sublevación, sino de la decisión de cada individuo por encima de las facciones políticas. Lo ocurrido en Ucrania fue un acto en el cual las voluntades individuales preponderaron por encima de los intereses políticos de cada partido. La oposición de Yanukovich preparó más de veinte discursos diferentes dependiendo de la resolución tomaran los hechos a partir de las masas, las cuales solamente habían acatado un llamado durante toda la confusión: ejercer sus derechos. Nuestro tema, el ahorro y la inversión, y nuestro escenario, Venezuela al borde de un caos económico, parecen distintos, sin embargo, la resolución que piden nuestras circunstancias recae en un esfuerzo similar.

Para nosotros, los venezolanos, parece estar lejos el día en el que podamos ejercer los valores por los que nominalmente se luchó la guerra de independencia. El comportamiento antidemocrático de nuestra historia, el estado de modelo paternalista, y la “viveza criolla” que responde a este modelo, ha resultado en factores corrosivos para nuestro país a largo plazo. Si el cambio de un siglo representa un marcador por el cual la humanidad transita, actualizando su identidad bajo la fricción del tiempo, otra vez estamos llegando tarde. Esta vez no es la caída de un dictador local, sino la recesión mundial la que nos hace el llamado al presente.

La colaboración activa de un pueblo, en todos sus estratos, y libres de las limitaciones que imponen las ideologías, se puede dar en la participación financiera. En Venezuela, más allá de la protección de las fronteras, no hay posibilidades de crecimiento a partir de la actividad bélica. Nuestro crecimiento debe ser económico y educacional, pues esos dos derroteros son capaces de funcionar armónicamente en pos del desarrollo. En ellas mismas está el soporte de la construcción de una industria alternativa al petróleo, del alcance de mejores condiciones de vida y finalmente del ejercicio de la libertad, tomando en cuenta que la perdemos cuando las regulaciones oficiales se convierten en cinturones de castidad.

El estado, cuando excede los límites de sus funciones, deja de ser el ente velador de la ética y las leyes. De esta manera, el peso recae enteramente sobre los ciudadanos, quienes debemos escabullirnos entre los dedos del puño que nos aprieta.

La situación presente en Venezuela oscurece cualquier expectativa de inversión. Al mismo tiempo, parece que vamos hacia ella a como de lugar. De hacerlo de manera voluntaria y consecuente con la realidad, tanto la población como los inversionistas, daríamos una nueva fuerza al país. Con el dinero fluyendo en un mercado de inversión, en las manos apropiadas, una serie de proyectos de desarrollo comenzarían a realizarse, generando empleos, organización y desarrollo. Por otro lado, las familias o individuos que participen de esta fuerza estarán mejor resguardadas en contra de las malas políticas del estado. En todo caso, podrán también realizar proyectos de vivienda, estudios, etc. que de ninguna otra manera pudieran plantearse.

De permanecer indiferentes, los venezolanos seguiríamos a la deriva económica. Sin un plan serio, nos mantendríamos expectantes a las medidas oficiales que cada vez se orientan más hacia una realidad cada vez más decadente. Como los países no pueden cerrar y despedir a su población, dejando una oficina abierta para dar buena referencia de todos esos hombres que integraron una identidad y una tradición, nos veríamos forzados a seguir medidas sin capacidad de elección. Probablemente nuestro capital se vería congelado o intervenido, como ocurrió en la Argentina años atrás. Perderíamos a su vez otra libertad.

Así vemos que la lucha del venezolano es una lucha fundamentalmente económica por el futuro. Desafortunadamente, aunque todos debemos participar, hay todavía sectores en la miseria, incapacitados de todo poder de acción. Esta es la parte de la población cuya pobreza integral ha ocasionado que el gobierno los haya disminuido bajo una apariencia protectora, poniendo en sus bocas y bolsillos lo suficiente para llegar al día siguiente, obviando inteligentemente cualquier política eficaz de desarrollo.

Estos sectores, que son los que el gobierno dice proteger y en los cuales basa toda su orientación, se han convertido en votos, y no lucen aún posibilitados para colaborar. Así vemos como se ha usurpado el país. No con represión armada ni terror. Igual que Hamlet, observamos desde las altas murallas del palacio las fiestas orgiásticas del rey, y las desciframos como ejemplo de pérfidas costumbres. La ineficacia y el ridículo también son agentes represores.

La duda sobre la inversión en Venezuela parece basarse en que de hacerla se estaría incurriendo en un acto de fe. Inevitablemente es cierta, dada la dicotomía que se presenta por invertir bajo condiciones políticas adversas frente a la oportunidad de mejorar el panorama de nuestro país. Por invertir en un ambiente que contradice la confianza. Por eso creemos necesario volver a la lectura de Hamlet que hace Raphaël Glucksmann. En ella, los tres jóvenes huérfanos que intervienen al final, representan una manifestación de la organización social que ha regido nuestra concepción de las fuerzas que organizan el mundo, y que, al mismo tiempo, separan a los ciudadanos comunes de la actividad financiera productiva financiero.

Laertes, vengador de su padre y defensor de la corona, es el representante del pensamiento conservador ciego. Fortimbrás, príncipe extranjero que llega para establecer un nuevo orden, tapando la sangre que ha corrido en palacio, es el representante de los movimientos de izquierda que plantea una ruptura perenne con las tradiciones en pos de un nuevo orden. Glucksmann señala que ambos arquetipos, la izquierda y la derecha, han fallado. Las corrientes de pensamiento que se ciernen únicamente en el pasado y las que posan su mirada en un horizonte que está a mil años de distancia, son igualmente incapaces de vislumbrar el presente. Mucho menos el futuro. Entonces, surge el espíritu del príncipe de Dinamarca, el del hombre que actúa desde el pensamiento, sin entregarse a ninguna bandera, el cosmopolita que puede entender el lenguaje y las necesidades del mundo.

El héroe del discernimiento es capaz de entender donde y con qué armas luchar. Al mismo tiempo, por su carácter individual, representa todas las células pequeñas de la sociedad (familias, comunidades, individuos) que despiertan ante las crisis y deben integrarse al conocimiento y a la actividad de los cuales se sustraían.

El ahorro y la inversión lucen en este momento como una de las armas de los no combatientes frente a “los vientos del norte” que causaban la locura de Hamlet. Es sabido que sin ahorro interno no hay financiamiento de proyectos nacionales. El ejemplo es Chile, que enfrenta al enemigo invisible, pero real, de la crisis económica mundial, con esta preparación. Es el esqueleto que sustentará nuestras justas aspiraciones, e inclusive a nosotros mismos en los momentos de dificultad. Y en el instante que presenciemos el derroche de las riquezas, evocaremos la primera escena del acto quinto de la obra. Al contemplar a los payasos-enterradores que tratan sin respeto los huesos para hacer espacio al cadáver de Ofelia, no nos hará falta temer por los nuestros.

Rodrigo Marcano Arciniegas es estudiante del séptimo semestre de la Escuela de Letras de la Uniersidad Central de Venezuela. Orienta su línea hacia la literatura clásica.

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