Perspectivas

¿Qué hace a un Nobel de Economía?

Por Prodavinci | 26 de Febrero, 2009
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Por Carlos Goedder

Las autobiografías elaboradas por los laureados con el Premio Nobel de Economía arrojan pistas sobre cómo la genialidad puede construirse. Antes de iniciar, la importancia de lo económico conviene recordarse. Teniendo presente mi Venezuela natal y su reciente referéndum presidencial, estos dos párrafos siguientes cobran valor adicional. Corresponden a Maquiavelo (1469-1527):

“Un príncipe (…) debe promover en sus ciudadanos el tranquilo ejercicio de sus profesiones, ya se trate del comercio, la agricultura o cualquier otra actividad humana. Y debe quitarles el miedo a aumentar sus bienes por temor a que se los quiten, o a abrir un comercio por temor a los impuestos: al contrario, el príncipe debe preparar premios para quienes quieran hacer estas cosas y para cualquiera que de cualquier forma, piense en beneficiar a su ciudad o a su estado.”

“… [El Príncipe] sobre todo, que no toque las pertenencias de los demás, porque los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio” .

Estos textos escritos en 1513 alertan sobre cómo la inestabilidad en política económica puede trastornar a cada ciudadano y al conjunto social. De allí que cualquier estudio de los temas económicos precise tender un puente inmediato con la realidad. Las abstracciones y elegancias formales sólo son valiosas si consiguen, aunque suene paradójico, entender mejor lo concreto e inmediato.

D. William Breit y D. Barry T. Hirsch han publicado un estudio donde analizan las autobiografías de economistas galardonados con el nobel. Estos premiados han presentado desde 1984 un resumen de su trayectoria personal para la Trinity University, en Texas. Al compilar veintitrés de estos ensayos recientemente, Hirsch y Breit consideran aspectos comunes en las vivencias personales y la línea de investigación que cada laureado evoca .

Según los compiladores: “Pocos individuos empiezan su vida esperando o deseando ser un economista. Esta misma generalización se mantiene para los economistas nobel. Los laureados llegaron a la economía mediante la influencia de algún profesor o académico particular, por el desafío intelectual y el rigor de la economía, o bien porque la economía fue percibida como relevante para problemas del mundo real”. Esto último es especialmente importante. La Gran Depresión Económica en Estados Unidos durante la década de 1930 fue el catalizador para estudiar economía entre muchos galardonados con el nobel. Las reminiscencias ofrecidas por algunos laureados invitan a esperar que la crisis financiera actual detone la motivación por la economía entre las mentes contemporáneas.

Paul Samuelson señala: “Sí, 1932 era una gran época para nacer como economista. La bella durmiente de la economía política estaba esperando por el beso revitalizante de nuevos métodos, nuevos paradigmas, nuevas manos y nuevos problemas”. Esta actitud por innovar habría de cundir entre los economistas jóvenes, en lugar de optar por limitarse a desempolvar trabajos previos. James Tobin comenta sobre el mérito que tuvieron los economistas que se atrevieron a desafiar las ideas establecidas ante aquella gran crisis ocurrida en los años treinta: “El alzamiento de Keynes contra los errores seculares fue una cruzada atractiva para los jóvenes. La verdad nos haría libres y también nos daría pleno empleo (…) El conocimiento económico avanza cuando eventos impactantes del mundo real y los asuntos relacionados con ellos colocan acertijos que tratamos de entender y resolver.” Robert Solow coincide: “Pronto no habrá más economistas activos que recuerden la década de 1930 claramente. La generación de economistas que fue movida a estudiar economía por la sensación de que necesitábamos desesperadamente entender la depresión económica pronto se habrá retirado”.

El siguiente gran avance fue dar fundamentos microeconómicos a la macroeconomía. Clive Granger es elocuente: “Pronto se me hizo claro que los economistas pensamos diferente que los matemáticos. En lugar de lidiar con objetos definidos obedeciendo a reglas precisas, los economistas consideran a grandes cantidades de decisores individuales independientes quienes basan sus decisiones en experiencias cambiantes incluyendo aprendizaje, información e instituciones”.

Robert Lucas, Jr. fundamenta en tal perspectiva la modelación matemática: “Es un método para alcanzar nuevos niveles de entendimiento de cómo las cosas funcionan. (…) Es esta lucha por captar el comportamiento en modelos tratables lo que nos conduce a profundizar en la economía de las transacciones de mercado y configura el progreso en el pensamiento económico”. Gary Becker concuerda: “Puedes hacer economía y hacerla de manera rigurosa y aún así hablar sobre problemas importantes”.

Edmund Phelps complementa: “Habiendo leído Precios y Producción de Hayek (2da. Ed., 1935) y La Teoría General de Keynes, pude percibir que la investigación neo-Keynesiana, si bien intrigante y posiblemente útil de muchas maneras, había terminado por abandonar el énfasis modernista por la información incompleta y el conocimiento imperfecto a favor de nuevos métodos y metodología con los cuales yo no me sentía confortable. Instintivamente, como el propio Keynes hubiera dicho, entendí que los modelos neo-Keynesianos, al abstraerse de estas cosas, inadvertidamente no dejaban ningún rol que desempeñar a los humanos”.

La actitud inconformista es indispensable. James Buchanan lo expresa enérgicamente: “Todo, quienquiera que sea, en cualquier momento y lugar, todo tiene que estar abierto al cuestionamiento y la crítica. Hay una obligación moral por alcanzar las propias conclusiones, aunque esto signifique dejar en evidencia a los profetas que se había elevado a gurús intelectuales”.

Un medio académico que propició tal inconformismo fue importante para los Nobel. Tobin destaca “Nuestros profesores nos trataban como compañeros adultos en el esfuerzo educativo, no como a aprendices”. Al final, como Breit y Hirsch dicen sobre un insigne nobel: “Para [Milton] Friedman la ruta menos transitada ‘hacía la diferencia’”.

1 MAQUIAVELO, Nicolás. El Príncipe. Planeta-De Agostini, 1995
2 BREIT, William y Barry Hirsch. “Lessons from the laureates”. IZA Discussion Paper No. 3956. Enero 2009.

Prodavinci 

Comentarios (1)

Diago
26 de Febrero, 2009

“Todo, quienquiera que sea, en cualquier momento y lugar, todo tiene que estar abierto al cuestionamiento y la crítica. Hay una obligación moral por alcanzar las propias conclusiones, aunque esto signifique dejar en evidencia a los profetas que se había elevado a gurús intelectuales” Esta frase de Buchanan tiene una vigencia única.

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